Agulha - Revista de Cultura
 
   

revista de cultura # 67
fortaleza, são paulo - janeiro/fevereiro
de 2009

8ª bienal internacional do livro do ceará | encarte especial







 

La poesía guaraní - desde los cantos míticos a las expresiones de hoy

Susy Delgado

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Susy DelgadoLa literatura escrita en guaraní es un tema rodeado de nutridas polémicas, como todo lo que se relaciona con esta lengua que ha llegado a los primeros tramos del tercer milenio con una vitalidad asombrosa pero también con signos claros de una antigua discriminación. Esta literatura dio sus primeras señales ya los primeros tiempos de la colonia y hoy existe con muestras indudables, pero todavía hay quienes preguntan o directamente cuestionan por qué escribir en guaraní, recordando su condición original de lengua ágrafa y su situación actual dentro de la cual persiste la inacabable discusión sobre su escritura.

Puntualicemos brevemente los principales aspectos de esa situación, recordando que el guaraní tiene el status de lengua oficial en igualdad de condiciones con el castellano desde 1992, y que la Reforma Educativa empezó a implementar un Plan de Educación Bilingüe en 1994, hechos que constituyeron reparaciones históricas, pero que no fueron honrados suficientemente en los hechos. La oficialidad no pasó nunca de ser simbólica, ya que hasta el presente el estado paraguayo no funciona en esta lengua, y la Reforma Educativa, el único terreno en el cual se trabajó de hecho por la dignificación del guaraní, se ha venido desarrollando con más rechazos que adhesiones. Luego de sucesivas revisiones y correcciones, en los últimos años el Ministerio de Educación dio libertad a las escuelas para que eligieran entre la modalidad guaraní hablante y la del castellano hablante para el inicio del proceso educativo y el resultado ha sido la disminución drástica de instituciones que asumen la primera forma. En estas condiciones, la pretendida bilingüización aparece todavía como una meta lejana y no es extraño que el guaraní sea descifrado en la lectura por muy pocos, uno de los cuestionamientos que esgrimen quienes ponen en entredicho la validez de la literatura escrita en esta lengua. Con un 86% de hablantes en todo el país, el guaraní no accede sin embargo hasta el presente a ciertos niveles de uso que la proyecten como una lengua del futuro.

Este es el panorama que enfrentan las autoridades que han asumido el gobierno el pasado agosto, quienes manifestaron su firme intención de revertir esta situación y ubicar al guaraní en el lugar que se merece como lengua que ha marcado profundamente el carácter y la cultura de los paraguayos. Y en esa intención se inscriben algunas primeras tareas, como el apoyo a la promulgación de una Ley de Lenguas y un Convenio entre la Secretaría Nacional de Cultura y la Secretaría de la Función Pública para ofrecer cursos de Guaraní a los funcionarios públicos. Pero esta es una labor que está en sus inicios y que naturalmente no puede dar todavía sus frutos. Por ahora, en esta contextualización que pretendemos hacer para la literatura guaraní de las últimas décadas, hay que decir que por encima de condiciones no muy favorables, esta literatura guaraní ha dado y sigue dando muestras de vitalidad, ha hecho como en cualquier lengua, su propio proceso de paso de la oralidad a la escritura y viene haciendo su camino, con sus esplendores y vacilaciones.

Dentro de esa literatura, la poesía es el género más cultivado y la misma ha recogido y reflejado la impronta española en un extenso periodo, alcanzando su máximo esplendor con la poesía popular de las primeras décadas del siglo XX. En una nueva etapa, denominada por algunos especialistas de la “poesía guaraní moderna”, ella empezó a bucear en otros surcos y herencias. Yo ofrezco aquí una aproximación al gran legado de los cantos míticos y su influencia en la poesía guaraní de las últimas décadas.

William BlakeHaciendo un poco de historia, debemos mencionar en primer lugar el largo periodo de desconocimiento que pesó sobre los cantos míticos y sobre todas las demás expresiones culturales de los guaraní, hasta hace pocas décadas, en el Paraguay. Enmarcadas en una cultura ágrafa, recelosa de la escritura según lo testimonian las crónicas antiguas y señales más cercanas en el tiempo, estas expresiones se mantuvieron en un gran secreto que bien pudo responder a una estrategia de resistencia ante la profunda discriminación que se les impuso desde la llegada de los españoles a la región. 

Y podemos recordar aquí algunos de los hallazgos fundamentales que abrieron camino al postergado conocimiento de la poesía indígena guaraní: el del antropólogo alemán Kurt Unkel (1833-1945), quien recogió los textos míticos de los apapokúva-guaraní y los publicó en Berlín en 1914, bajo el título de Los mitos de la creación y destrucción del mundo como fundamento de la religión de los Apapokúva-Guaraní, y el de León Cadogan (1899-1973), quien recogió los cantos míticos de los mbyá guaraní del Guairá y los volcó en varios libros, el más importante de los cuales es el Ayvu Rapyta (El fundamento de la palabra), considerado el libro sagrado de este pueblo.

Kurt Unkel, que había llegado al Paraguay a principios del siglo XX, interesado en la etnia de los apapokúva-guaraní que ocupaban la región fronteriza entre Paraguay y Brasil, y luego de un periodo de acercamiento cuidadoso, se convenció de que solo “convirtiéndose” en un apapokúva podría acceder a sus secretos, conquistó finalmente la confianza de los indígenas y logró que éstos lo bautizaran con el nombre de Nimuendaju, “El que crea su propio asiento”. Ya visto y tratado como un hermano espiritual de los indígenas, el antropólogo fue develando poco a poco las claves de la admirable cosmogonía guaraní que guardaban los apapokúva, en cuyo centro se ubica el sagrado valor de la palabra. Tal como lo señala Graciela Chamorro (31), Nimuendaju fue “el primero en informar la persistencia de la palabra indígena, hablando desde dentro de la experiencia religiosa”.

En el libro Los mitos de la creación y destrucción del mundo como fundamento de la religión de los Apapokúva-Guaraní, Unkel volcó no solamente la concepción guaraní sobre el principio y la creación del mundo, sobre la existencia de un Dios creador y la compleja cosmogonía en que el mismo se inserta, sino que develó el valor central de esta cultura, el ñe’ë, la palabra, la que llega a los chamanes en el sueño para nombrar a las personas, y al hacerlo, otorgarles el ser. Al decir de Bartomeu Meliá, Nimuendaju devela con estos mitos fundadores una “religión de la palabra”. 

En Paraguay, el desconocimiento de estos cantos míticos se prolongó todavía algunas décadas, ya que se conoció una traducción de este libro, editada en San Pablo por Juan Francisco Recalde, con una pequeña tirada de 100 ejemplares, recién en 1944.

Reflexionando sobre aquel largo secreto, dice Rubén Bareiro Saguier (22): “Ante la agresividad reductora, la palabra religiosa, depositaria ancestral de la identidad, símbolo y clave de la supervivencia de la comunidad, se vuelve esotérica, y no se revela sino a quien ha sido aceptado e integrado como miembro del ‘asiento de los fogones’”. Nimuendaju lo había logrado, abriendo camino a los investigadores que siguieron buceando en ella, entre los cuales es considerado fundamental el aporte de León Cadogan.

Cadogan, paraguayo de ascendientes australianos, antropólogo autodidacta, realizó largas y profundas investigaciones con los mbyá-guaraní del Guairá, de quienes llegó a recoger a partir de la década del 40, un amplio y variado conjunto de textos míticos, considerado por los especialistas como el corpus más importante de textos orales de los guaraní.

 En una experiencia similar a la de Unkel, invirtió un buen tiempo en ganarse la confianza de los indígenas y finalmente, luego de un hecho circunstancial en el cual intercedió para la liberación de un mbyá preso, los indígenas le revelaron sus cantos secretos. Cumpliendo el mismo ritual vivido por Nimuendaju, los mbyá bautizaron previamente a Cadogan como “Tupã kuchuvi veve” (Dios torbellino que vuela), y luego le descubrieron la existencia de los “Ñe'e Porã Tenonde”, Las Primeras Palabras Hermosas.

Resumiendo la gran labor de Cadogan, hay que decir que el investigador logró, al cabo de una tarea de muchos años, la recopilación y transcripción del más importante conjunto de cantos que guardan los mitos de la religión mbyá-guaraní. Una parte de esos textos reunió en el estudio titulado Las tradiciones religiosas de los indios Jeguaká Tenondé Porängué i del Guairá, comúnmente llamados Mbyá, Mbyá apyteré o Ka’ynguá, publicado en 1946 por la Revista de la Sociedad científica del Paraguay. Luego, aquellos textos iniciales se vieron engrosados por otros nuevos, todos los cuales se reunieron en el libro Ayvu Rapyta (El Fundamento de la Palabra), en 1959 y en Yvyra Ñe'ery (Fluye del árbol la palabra) en 1970. Entre todos ellos, el Ayvu Rapyta se destacó nítidamente, instalándose junto a los grandes textos sagrados de otros pueblos antiguos de América, como el Popol Vuh de los mayas. El complejo y deslumbrante universo mítico de los guaraníes se había develado por completo.

Con un gran celo por la fidelidad a la palabra escuchada, Cadogan volcó textualmente en la escritura aquellos cantos, y con una actitud consecuente, señaló en su prólogo como “los verdaderos autores del trabajo” a los indígenas que le habían revelado dichos cantos: los caciques Pablo Vera y Che’íro, al mayor Francisco (Chico’i), y a los indígenas Kachirito, Tomás Benítez, Cirilo, Higinio y Mario Higinio, de diferentes lugares del Guairá.

 El Ayvu Rapyta, ese texto que alguien consideró equiparable a la mejor poesía del mundo, es un extenso canto en que se relata la creación del mundo y que se inicia refiriendo sobre la existencia originaria de Maino'i, el colibrí maravilloso. Dicen los primeros versos del Capítulo I de Ayvu Rapyta, con traducción del propio Cadogan:

Ñande Ru Papa Tenonde/ gueterã ombojera/ pytû ymágui/ Yvára pypyte/ apyka apu'a'i/ pytû yma mbytére/ oguerojera (Nuestro Padre Ultimo-último Primero,/ para su propio cuerpo creó/ de las tinieblas primigenias./ Las divinas plantas de los pies,/ el pequeño asiento redondo,/ en medio de las tinieblas primigenias,/ los creó, en el curso de su evolución).

William BlakeEl Ayvu Rapyta se compone de 19 capítulos, dedicando los cuatro primeros al génesis mbyá-guaraní, en los cuales se relata el origen de los dioses, la creación del fundamento de la palabra y asimismo la del fundamento del amor comunitario, del mundo y de los hombres. Estos textos eran conocidos solo por los Jeguakáva Tenonde Porangue i, los adornados elegidos, por el alto significado que les otorgaban los indígenas. A los mismos siguen otros cantos de importancia secundaria, referidos a diversos aspectos de la vida cotidiana, y oraciones para acompañar determinados rituales, que guardan normas y consejos para la vida. En estos cantos se despliega en toda su riqueza, el pensamiento mítico guaraní, todo su complejo universo religioso y filosófico, que gira en torno al valor central de la palabra. Un breve fragmento del capítulo especial dedicado a la creación de la palabra dice así:

Ñamandu Ru Ete tenondegua/ oyvára peteîgui,/ oyvárapy mba'ekuaágui/ okuaarávyma/ tataendy, tatachina ogueromoñemoña./ Oãmy vyma,/ oyvárapy mba'ekuaágui,/ okuaararávyma/ ayvu rapytarã i oikuaa ojeupe./ Oyvárapy mba'ekuaágui,/ okuaararávyma,/ ayvu rapyta oguerojera,/ ogueroyvára Ñande Ru.

(El verdadero Padre Ñamandu, el primero,/ de una porción de su propia divinidad,/ de la sabiduría contenida en su propia divinidad,/ y en virtud de su sabiduría creadora/ hizo que se engendrasen llamas y tenue neblina./ Habiéndose erguido/ de la sabiduría contenida en su propia divinidad,/ y en virtud de su sabiduría creadora,/ creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano/ e hizo que formara parte de su propia divinidad.).

El Ayvu Rapyta se erigió en un verdadero hito dentro de lo que algunos hoy denominan la poesía de los guaraní. Pero en esta tarea de develar la palabra de estos indígenas no podemos olvidar tampoco los aportes de otros investigadores como Egon Schaden, Pierre Clastres, Marcial Samaniego, Branislava Susnik, Bartomeu Meliá, Miguel Chase Sardi, Guillermo Sequera, Carlos Martínez Gamba y José Zanardini.

De acuerdo con la concepción guaraní, la palabra es canto, danza y oración para comunicarse con los dioses. El ser guaraní se identifica profundamente con la palabra y ésta marca el rasgo esencial del hombre, desde el momento en que éste es engendrado. En el acto de unión amorosa,  el padre comunica la palabra soñada a la madre, que queda preñada de esta palabra. El ser humano es, por lo tanto, una encarnación de la palabra. Y esta palabra es instrumento de perfección, a través de la cual, el guaraní se hace más sabio y más hombre, y alcanzar finalmente, su mayor prestigio. La virtud más alta del guaraní está en su capacidad de concebir y expresar  el Ñe’ẽ porã, la palabra hermosa. “Los guaraníes no solo son ‘señores de la palabra’ como ya notaron conquistadores y misioneros, sino que ellos se saben palabra” dice Bartomeu Meliá.

En Paraguay, cuando se habla de poesía indígena, se alude a estos cantos míticos que todavía sobreviven en la voz de los chamanes, en las ceremonias que marcan el calendario de la religiosidad guaraní. Heredera de una lengua ágrafa y de una cultura fuertemente sostenida en la oralidad, es fácil notar que ella ha sobrevivido alejada del concepto occidental de poesía, que se apoya firmemente en la escritura. Pero también hay que observar que superando una larga discusión sobre la naturaleza y la denominación de las expresiones culturales como éstas, la mayoría de los especialistas coinciden hoy en calificarlas como “poesía indígena”. Delicia Villagra (45) opina que “no se trata de que la noción de ‘literario’ sea asimilada, ipso facto, a la escritura” y que “escritura y oratura no se oponen”. Y en Paraguay –agrego- cuando se habla de poesía guaraní, se suele ampliar el significado a las expresiones de los poetas mestizos, por el singular fenómeno lingüístico que se ha dado en el país, con una lengua que pese a toda la discriminación y proscripción que se ha ejercido sobre ella, ha sobrevivido con una asombrosa vitalidad, al punto de que hoy, a cinco siglos de la llegada de los españoles, es hablada por la gran mayoría de los paraguayos.

¿Cómo ha influido esa palabra hermosa de los indígenas en la poesía guaraní mestiza, una vez que ésta dejó de ser secreta? Luego de un largo periodo en que esta influencia fue poco notoria o inexistente por los motivos mencionados, la misma empezó a dar sus claras señales en la segunda mitad del siglo XX, con los primeros ejemplos de la denominada poesía moderna en guaraní. Una época marcada por la dictadura stronista que impuso una atmósfera liberticida en todos los órdenes, que persiguió y proscribió las voces de muchos importantes escritores paraguayos, fue el marco paradójico de este nacimiento. En esta atmósfera, recordemos, la poesía se erigió como la voz de la resistencia, para decir la angustia y la indignación de un pueblo. Y esta poesía se expresó muchas veces a su modo raigal: en guaraní.

William Blake

Por lo tanto, en este clima de signos contrarios –mientras la dictadura actuaba como mordaza, la revelación de la palabra guaraní lo hacía como aliento- emergió la nueva poesía guaraní, una poesía que se proyecta desde la recuperación de los valores fundamentales de la cultura guaraní, empezando por el de la propia lengua. Caído el régimen stronista, el guaraní obtuvo como dijéramos antes, su reconocimiento como Lengua Oficial en la nueva Constitución de 1992, y ha venido avanzando desde allí en otros terrenos de su recuperación. La poesía guaraní ha venido caminando a la par y se ha erigido, antes que nada, en expresión de la revalorización de la palabra. Profundizando la recuperación de la lengua, esta poesía ha empezado a rescatar otros valores centrales de la cultura guaraní como los de la tierra y la naturaleza, la libertad, la solidaridad y la equidad social.

¿Y cuáles son los nombres de esta nueva poesía? Ida Talavera, poeta bilingüe nacida en 1912, es considerada por algunos como la fundadora de la poesía moderna en guaraní. Con un solo poemario publicado -Esto de andar, Péndulo, 1966-, ella dio a conocer sus poemas en diversas publicaciones de la época, entre los cuales se contaban numerosos textos  en guaraní. En sus textos, la poeta  alterna formas clásicas no demasiado ortodoxas con el verso libre, y le da un nuevo acento a la poesía social paraguaya, que tuvo muchos cultores en las últimas décadas, como en ese poema sugestivamente titulado Purahéi pyahu - Canto nuevo (Krivoshein de Canese, Acosta Alcaraz, 172), que dice:

Yma asyetéma, che ryke’ykuéra,/ tyryryhápe jaiko mayma,/ tekotevẽma ñande ojoykére/ ñahenonde’a ko’ẽju rape.

(Hace tánto tiempo, hermanos míos,/ que vivimos todos arrastrándonos,/ es necesario que uno junto al otro/ enfrentemos el camino del alba).

El canto a la tierra y a la voz genuina que de ella surge fue un tema recogido por poetas como Carlos Federico Abente, autor de Ñemity (Teresa Méndez Faith, 51-52), verdadero himno de la resistencia paraguaya en los años de la dictadura, cuyos primeros versos dicen:

Jahypýi ko yvy tome’ẽ hi’a/ ñamboapy ko sapukái/ yvytu vevére ñahendu iñe’ẽ/ ñande kóga purahéi.

(Reguemos la tierra, que nos dé sus frutos,/ extendamos este grito/ escuchemos su voz volando en el viento/ canción de nuestro sembradío).

En 1989 sobrevino en Paraguay el golpe de estado que marcó el fin de una época. Precisamente en ese año, un poeta que conoció las más duras persecuciones del régimen stronista, Félix de Guarania, expresaba en su poema titulado ¡Pehendu che ñe'e! (Escuchen mi palabra) del libro Tojevy kuarahy (Que vuelva el sol, 27), la esperanza de la palabra liberada, instalándose en una reivindicación directa de la palabra guaraní:

Péina ápe/ aheja che ñe’ẽ./ Toveve/ toipykúi/ tekove rape...

(He aquí/ que dejo mi voz./ Que vuele/ que emprenda/ el camino de la vida...)

Carlos Martínez Gamba, poeta que obtuvo el primer Premio Nacional de Literatura concedido a un escritor de lengua guaraní en el 2003, asume sin complejos lo que hoy es definido como el “guaraní paraguayo”, un guaraní que sobrevive con abundantes préstamos del castellano, y cultiva una variada temática, desde aquellos anclados en la mitología y la sabiduría indígena y popular. 

Los versos que rescatamos aquí corresponden al poema Guyra Compuéhto (Compuesto de los pájaros), de su libro Guyraretã (Patria de los pájaros, 29), donde el poeta compone un delicioso canto a la naturaleza:

Ypajere rembe'ype/ guyra kuéra oñombyaty;/ Kuarahy Mimby santo'ára/ tuichaite ojerohory./ Oguãhêma Alonsito/ Chiripepe ha Yryvu;/ ityvyta ñuvaitĩ/ oúvo Ñakurutũ

(A orillas de Ypajere/ los pájaros se reúnen/ es el santo de la garza/ lo que mucho se celebra./ ya se acerca el alonsito,/ el loro y también el cuervo;/ y tiene las cejas juntas/ el búho que está llegando).

William BlakeEl tema ecológico está presente asimismo en muchos de los poetas que aquí mencionamos, con un claro tono de lamento por las graves lesiones que se hacen a la naturaleza, como en los poemas de Mauro Lugo, perteneciente a la más nueva camada de escritores de lengua guaraní, que en su poema Hendy potaite  (Está por encenderse, 43), dice:

Hakuvy añandu/ yvy,/ yvytu,/ ysyry./ Hakuvéma katu,/ hakuvéma voi./ Ha hakúgui avei/ ikã,/ ipiru,/ omano,/ oparei/ yvyra.

(Siento entibiarse/ la tierra,/ el viento,/ el río./ Ya está más caliente,/ más caliente aún./ Y por el calor/ se seca,/ se agrieta,/ muere,/ se acaba sin más/ el árbol).

Y buscando las huellas de la sensibilidad guaraní no podemos olvidar el erotismo, surco que ha encontrado una inquietante y exquisita voz en Lilian Sosa, poeta inédita hasta hoy, cuando al fin anuncia la publicación de su primer libro. Uno de los poemas de esta autora, extraído de la antología Poesía Guaraní de Rubén Bareiro Saguier y Villagra Marsal (162), dice en sus primeros versos:

Amo che pytasã guive/ repoñy che apére:/ ñehetã pa’úme/ rejupi mbeguekatumi/ ha pe tape ku’áre/ repyta sapy’aite/ jasy ka’aguy raity kupépe/ remono’õ eirete.

(Allá, desde mis talones/ reptas sobre mi piel./ entre besos/ subes, muy despacito/ y en la cintura del camino/ te detienes un momento,/ y en los bordes del nido de la luna selvática/ recoges la miel).

Uno de los poetas contemporáneos que mejor ha expresado la herencia guaraní es Zenón Bogado Rolón, tempranamente fallecido a los 53 años, quien mostró claramente esa huella a lo largo de sus cuatro libros. Con un guaraní de admirable riqueza, Bogado elabora su poesía sobre la fuente directa de aquellos cantos, invocando al dios Ñamandú y a sus deidades, lamentándose por la destrucción de los antiguos bosques sagrados, recreando la utopía del Yvy Marae’ÿ.

Uno de los poemas de su último libro Ayvu pumbasy, titulado Ka’aguy jejuka (Muerte de la selva, 345), dice:

Ka’aguy jejuka rovyũ,/ Ka’aguy rypy’ũ,/ Ka’aguy pyrusu;/ Jasy rova ári guive/ Nde resa añoite omimbi.

(Muerte azul de la selva,/ selva espesa,/ selva profunda; desde la faz de la luna/ solo tus ojos brillan)

Y que termina clamando:

¡Che Ru Avatupã!/ Tamói ñe’ä keguýpe/ eroha’ãmona vokói/ ko’eju tenondegua.

(¡Mi Padre Avatupä!/ te ruego que reveles/ al sueño del shamán Tamói/ el amanecer del futuro). 

El autor que a mi entender, mejor representa la revalorización de la palabra, en el sentido original de aquella palabra-alma de los guaraní, es Gregorio Gómez Centurión, poeta de extracción campesina, que ha trabajado y convivido con los indígenas durante muchos años. De sus textos, que reflejan su gran compenetración con el pensamiento guaraní, escogemos unos versos de su poema Ñe’ë – Palabra, del libro del mismo título (59), que ilustran la calidad de su reflexión poética en este tema:

Ñe’ë ndaha’éi tyapu rei/ ñe’ë ko hete, ijuru, hesa,/ ñe’ë ikorasö, hi’äga, ipyapy,/

Upéicha rupi ñe’ë jahecha/ ñe’ëre añete japokokuaa/ ñe’ë ndaha’éi pararä rei.

(La palabra no es un ruido vano/ la palabra tiene cuerpo, boca, ojos,/ tiene corazón, alma y coraje/ por eso es que vemos que a la palabra/ a esa verdadera, se puede tocarla,/ la palabra no es un sonido vano).

La nueva poesía guaraní incluye los nombres de otros poetas como Miguel Angel Meza, Lino Trinidad, Wilfrido Acosta, Ramón Silva, Feliciano Acosta, Rodolfo Dami y Alberto Luna. Quien les ofrece este panorama ha hecho su propia elaboración de la huella guaraní en algunos de sus libros, especialmente en Ayvu membyre, una especie de viaje onírico en busca de la palabra.

En este breve muestrario hemos querido esbozar las grandes líneas de la influencia indígena en la poesía guaraní mestiza que se ha dado a conocer en las últimas décadas. En el aspecto formal, los poetas de lengua guaraní de estos tiempos van superando paulatinamente los modelos clásicos españoles que dejaron su marca indudable en la poesía de las décadas anteriores. Con el aliento de la revalorización paulatina de la lengua,  estos poetas van dibujando una nueva poesía, hurgando en la musicalidad y el ritmo, la plasticidad y la densidad de la propia lengua. A nuestro modo de ver, la búsqueda de su palabra es la búsqueda de su lengua, forma que no solo acarrea en sí misma un contenido de alto valor histórico-cultural, sino que se abre admirablemente a la posibilidad de decir los temas más vigentes de nuestro tiempo. Y si bien esta poesía no salvará el canto profundo del chamán, amenazado y cercado por las topadoras, es la búsqueda terca de aquel Ayvu, aquella palabra que todavía late en su memoria, como puerta del ser en plenitud y en libertad.

SUSY DELGADO (Paraguai, 1949). Prêmio Rádio França Internacional e Prêmio Municipal de Literatura. Jornalista, narradora e poeta bilíngüe (espanhol e guarani). Fundou e dirige a revista Takuapu. Organizou uma destacada antologia de literatura paraguaia e tem publicado livros também na área de literatura infantil. Contato: susydelus@yahoo.com.
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Texto apresentado na mesa "Língua e cultura guarani"
Sala Dolor Barreira - 18 de novembro de 2008
Mediação: Camilo Prado (Brasil)

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