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revista de cultura # 67 |
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8ª bienal internacional do livro do ceará | encarte especial |
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La vanguardia en los años sesenta Sergio Mondragón
La década de los años sesenta fue en varios de nuestros países protagonista de una ruptura de los valores artísticos, sociales, morales y políticos. Una ruptura que se venía gestando y expresando desde años anteriores. Un aire fresco y nuevo en la forma de sentir. Una revolución de las formas, que es lo mismo que decir: una renovación de los contenidos. La década extendía su ramillete de acontecimientos magníficos y atroces: la guerra de Vietnam y el movimiento pacifista internacional; la revolución cubana, que tendió desde el primer día una aureola de esperanza sobre América Latina, donde muchos países padecían sangrientas dictaduras militares, golpes de estado y feroces gobiernos oligárquicos. El espíritu de la época se expresaba en la búsqueda del cambio de estructuras, y eso explica la intensa experimentación que se dio, el entusiasmo, la novedad y la rebelión en todos los ámbitos de la sociedad, el cuerpo, el pensamiento y el arte. Es entonces que se da la toma de estafeta y reaparece con fuerza la corriente poética de las lecciones que había impulsado la vanguardia de principios de siglo, personificada señaladamente en Vicente Huidobro, Mario de Andrade, Oswaldo de Andrade, José Juan Tablada y ultraístas y estridentistas, entre otros. Es también el tiempo en que se da a conocer el boom y se lanza una nueva literatura latinoamericana. México era en los años sesenta centro de atracción y cruce de migraciones de escritores y poetas que viajaban de países de América del Sur hacia el norte, y de los Estados Unidos hacia el sur. En esos años ocurre la llegada a México de varios poetas de la generación beat, algunos de ellos visitantes frecuentes del país y otros que se quedaron a residir allí por largas temporadas, entre ellos Allan Ginsberg, Philip Lamantia y Lawrence Ferlinghetti, los cuales, al mismo tiempo que otros poetas norteamericanos como los que conformaban el grupo “Black Mountain College” y los de la escuela de Nueva York, se alejaban de Elliot y Pound, con una actitud vital distinta frente a la escritura, y mediante el uso de un lenguaje diferente al de aquellos maestros; ahora estos jóvenes poetas propiciaban y se beneficiaban de la intervención del azar en el poema “portador de una energía”, hablaban de versos “proyectivos” o “abiertos”, en tanto que en México se teorizaba sobre la “fuerza enlazadora del lenguaje”, “obra abierta” versus “obra cerrada”, y se veía al poema como un “campo de experimentación”. A México llegaron para quedarse y escribir allí Alvaro Mutis y Gabriel García Márquez, al lado de Juan Rulfo y Carlos Fuentes, que no escribían ya como sus antecesores pero se empeñaban, como los nuevos poetas latinoamericanos, en la construcción de otra estética, en muchos aspectos inspirada en las lecciones que habían dejado las vanguardias anteriores. En Brasil, Colombia, Argentina, Cuba, Venezuela, Ecuador, Uruguay, Chile, Nicaragua, Perú, en todas partes surgía desde mediados de los años cincuenta una poesía distinta, ya plenamente inspirada por la modernidad, que se apartaba de la que se había hecho anteriormente y se alejaba de la prosodia, la retórica y las formas fijas que la habían sustentado hasta ese momento, a pesar de la irrupción -o interrupción- que había protagonizado la vanguardia. También llegaron a residir en México el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y la chilena Raquel Jodorowsky, mientras se daba entre todos los poetas y países un intenso intercambio epistolar, algo que Jodorowsky llamó “circulación sanguínea de poesía”, mientras Cardenal escribía que “la verdadera Unión Panamericana era la de los poetas, y no la otra, la OEA”. Proliferaban en México y en el continente entero las revistas y los grupos literarios como Eco contemporáneo, El techo de la ballena, Ventana, Pucuna, Tzántzicos, Nadaístas, y el movimiento concreto de Brasil, que, aunque no representaba a toda la nueva poesía brasileña, sí era una parte de la vanguardia de esa poesía y proponía y exploraba una sintaxis visual apoyada en el ideograma y la analogía, en lugar del principio lógico-discursivo del verso tradicional. Además, de Brasil llegaba a todas partes para acompañar el proceso de la escritura, la cadencia del bossa-nova, mientras los beats llevaban con ellos hacia México las novedades del jazz y sus revistas y libros ilustrados con pintura abstracto-expresionista. Como un hecho significativo, en 1964 se celebró en la ciudad de México, convocado por las revistas Eco contemporáneo, de Buenos Aires, y El corno emplumado, de México, un encuentro de poetas y escritores llegados de todo el continente -un eco, quizá, de la Semana de Arte Moderno que se llevó a cabo en Brasil en 1922-, al cual asistió más de un centenar de escritores y poetas para hablar de la renovación, el cambio, la agitación poética.
Para finalizar: ¿Hay o no una tradición de la ruptura permanente? ¿Se dio una segunda vanguardia en América Latina en los años sesenta? |
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SERGIO MONDRAGÓN
(México, 1935). Fundador e editor da lendária revista El Corno
Emplumado, uma das mais expressivas representantes da 2ª vanguarda
latino-americana, nos anos 1960. Poeta, editor e jornalista, com amplo
conhecimento de literatura japonesa, tendo inclusive editado, no México,
uma antologia de poesia japonesa moderna. É um dos diretores da
Revista de Literatura Mexicana Contemporânea.
Contato:
smondragon@prodigy.net.mx. |
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