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revista de cultura # 67 |
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8ª bienal internacional do livro do ceará | encarte especial |
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La aventura cultural del mestizaje Grazia Ojeda del Arco Tang
Quien les habla y desea compartir sus ideas sobre la presente inquietud, viene del Perú, es decir: desde las culturas milenarias que florecieron en los andes que vertebran nuestra geografía, de la tierra de los Incas, y del cielo que vio nacer a nuestro más insigne poeta: César Vallejo, y de aquel universo andino, que marcara con el fuego redentor de la escritura a nuestro narrador y símbolo del Perú contemporáneo: José María Arguedas. Es además muy grato para mí, iniciar esta exposición refiriéndome a quien simbólicamente es el primer mestizo de América Latina: El Inca Garcilaso de la Vega. La Literatura Latinoamericana celebra el próximo año, 2009, los 400 años de la 1ª Edición de un libro excepcional en nuestra literatura: “Los Comentarios Reales” del Inca Garcilaso de la Vega, editado en una célebre imprenta de Lisboa en 1609. El Inca Garcilaso, hijo de un capitán español: Sebastián Vargas de la Vega y de una ñusta perteneciente a la panaca real de los incas, Isabel Chimpu Ocllo surge del encuentro de estos dos mundos y se convierte en el príncipe de las letras y la cultura del mestizaje, verbaliza su concepción del mundo a la luz de una mirada renacentista, y nos ofrece un conmovedor y desgarrador testimonio, en una lengua como el español cercana a su padre venido de Europa y un sentimiento enriquecido por la lengua quechua heredado de su noble madre que de este modo lo vincula al universo mágico y mítico de a los Andes del Tahuantinsuyo.
Con esta imagen garcilaciana quisiera abrir el día de hoy, esta exposición para compartir con ustedes, mis certidumbres y mis inquietudes sobre La aventura cultural del mestizaje. Pero antes, para precisar mejor aún mi enfoque antropológico, déjeme decirles que, si el 2009 celebraremos la primera edición de los Comentarios Reales, no podemos dejar de lado, como científicos sociales, que dentro de dos años, el 2010, todos nuestros países estarán celebrando el Bicentenario del inicio de nuestra Emancipación Política. Estamos en vísperas de celebrar 200 años de vida republicana: una historia común desde México hasta Chile, una historia que nos hermana aun más y que nos impone la tarea de hacer un balance, de preguntarnos que fue de nuestros proyectos, de nuestras oportunidades perdidas, nuestras utopías, para poner de relieve los aportes culturales que nuestro continente ha hecho al mundo contemporáneo, aportes que resultan imprescindibles para la evolución y perfeccionamiento de la condición humana. Hace 200 años nos independizamos de España y de Portugal, y hoy, curiosamente, para decirlo de alguna manera, hacemos esfuerzos, tanto a nivel oficial como intelectual y artístico, para renovar nuestros contactos con aquellos países, pero, obviamente, en el marco de condiciones históricas muy diferentes. A partir del siglo XX, más precisamente desde 1910, con la Revolución Mexicana, el mestizaje se extiende por todo el continente dando lugar a que pasen a ser minoría social los blancos que detentaban los beneficios del poder, me refiero a la vieja oligarquía, y por otro lado, ocurre lo mismo con las poblaciones indígenas de nuestro continente. El siglo XX ha sido, por lo tanto, el marco histórico en el cual el mestizaje ha ganado un espacio que a la fecha sigue siendo un tema preferente de nuestra agenda intelectual. Estamos empezando el siglo XXI con una población mestiza abrumadoramente mayoritaria y esa población mestiza ha cristalizado un sincretismo cultural que se enriquece con los aportes de Europa, Asia, África dando lugar a un crisol de culturas lo que podemos decir en otras palabras, la diversidad cultural, sin dejar de lado el aporte de las culturas indígenas que aún subsisten en minoría. En América Latina se da un hecho prodigioso: los pueblos viven en tiempos históricos distintos; en las urbes cosmopolitas o las megalópolis, como Sao Paulo, Buenos Aires, Río, Santiago y Lima podría decirse que estamos viviendo en una época postmoderna en donde las conquistas de la ciencia y la tecnología alivian el vértigo de la vida contemporánea. No podemos decir lo mismo de sociedades andinas que se levantan a 4,000 metros sobre el nivel del mar o en los pueblos milenarios que se encuentran en la hoya amazónica que desarrollan su cosmovisión en una especial relación con la naturaleza.
En
este último medio siglo, en nuestro continente, se han dado a conocer
estudios que ahora bien podemos considerar paradigmáticos sobre la
transculturación, el sincretismo cultural vigente en nuestra América. El
aporte espléndido de Octavio Paz en su “Laberinto de la Soledad”, “La
Ciudad letrada” del uruguayo Angel Rama, pasando por el Calibán, del
gran poeta Roberto Fernández Retamar, que nos ilumina con sus versos
desde Cuba. , así como el aporte de Darcy Ribeiro quién en su libro
“América y Civilización” enriquece la teoría antropológica para
explicarnos el proceso del mestizaje. Darcy Ribeiro señala que en
nuestro continente hay Pueblos-Testimonio: los andinos y mesoamericanos,
cuyas nacionalidades han preservado sus lenguas, sus ritos
tradicionales, su visión del mundo; Pueblos-Nuevos: los de Brasil, Chile
y las Antillas, en donde los rezagos de las culturas precolombinas se
fusionaron con la europea, la africana e incluso la asiática. Y
Pueblos-Transplantados, como Argentina y Uruguay. Es decir, estamos ante
sujetos sociales de un país nuevo (como ustedes), donde hace uso de la
palabra una mujer que se enraíza con las culturas milenarias de nuestra
América. Siguiendo las huellas de estas lecturas maestras queremos plantear algunas reflexiones sobre el mestizaje cultural y su influencia en la sociedad latinoamericana.
Por tanto una primera reflexión nos lleva a entender que en Nuestra América debemos trascender la noción de un mestizaje biológico que ahora es insuficiente para pasar a un mestizaje de dimensión cultural que nos demanda asimismo, ampliar el concepto de Estado-Nación por el de Estados-multinacionales, donde confluyan ideas, formas de pensamientos, ritos sociales, hábitos de las sociedades indígenas y mestizas a fin de propiciar una política inclusiva y tolerante. La noción de mestizaje en el contexto actual del mercado global, donde confluyen migraciones, conflictos de identidades y lucha de intereses, se ha convertido en noción controvertida. En las ciencias sociales y en el pensamiento político y democrático se centra actualmente la discusión, en la dimensión cultural de las interrelaciones que se dan en las diferentes identidades. En la antropología, los estudios culturales y en las políticas se plantean el diseño de formas de convivencia multicultural moderna inclusiva. Ejemplo claro son las flamantes Constituciones de Bolivia y Ecuador, sin negar los avances en el mismo sentido de Venezuela. La nueva Constitución de Bolivia nos habla ya de descolonizar, de refundar Bolivia, de reconocer el multiculturalismo, y la plurinacionalidad, de los derechos colectivos comunitarios. El concepto de hibridación señala Néstor García Canclini, consiste en “procesos socioculturales en los que estructuras ó prácticas discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas”. En el Cusco, por ejemplo, en el siglo XVIII se dio una feliz combinación del estilo barroco europeo con la imaginería indígena, dando lugar a lo que hoy se llama, en la Pintura, la escuela Cusqueña, también conocida como el barroco andino. Otro ejemplo moderno de hibridación es el tema de la música, en el género denominado chicha, se da una fusión del huayno andino con la música tropical del Caribe, primordialmente en el Perú. Las interacciones culturales son hoy muy intensas, gracias al proceso globalizador, se redefinen las investigaciones incorporando nuevos conceptos, mezclas interculturales fusiones raciales y étnicas, sincretismo de creencias producto del mestizaje, se interrelaciona “lo tradicional y lo moderno, lo culto y lo popular, lo artesanal y lo industrial, lo escrito, lo visual y lo mediático”. Es importante resaltar también como los estudios sobre hibridación modifican el modo de hablar, establecen nuevas categorías y trabajan otras temáticas sobre: identidad, cultura, diferencia, desigualdad, multiculturalidad, educación intercultural, dando cuenta sobre “pares binarios organizados de manera muchas veces conflictiva en las ciencias sociales: tradición / modernidad, norte / sur, local / global”, lo que hace muchas veces que los modelos identitarios de nuestras propias realidades se complejicen. A estos aciertos, senâlados por García Canclini, deberíamos agregar el aporte de Arturo Escobar (1988) quien señala que podemos entender que “Las culturas ya no están constreñidas, limitadas y localizadas sino profundamente desterritorializadas y sujetas a múltiples hidibridaciones”. Las ciencias sociales apuntan certeramente cuando sostienen que las tensiones entre tradición y modernidad son fuente de conflicto, pero también de creatividad y de fusiones entre lo global y lo local. Así la globalización viene generando nuevos mestizajes culturales entre elementos locales y transnacionales. Más todavía ciertas tradiciones locales se deslocalizan y se esparcen por el mundo. Es importante señalar cómo los procesos a nivel local no son ajenos al contexto de la globalización y se establece la “capacidad de funcionar como unidad en tiempo real a escala planetaria”. La globalización como un fenómeno objetivo no depende de nuestro modo de pensar o sentir y nos afecta independientemente de nuestra situación económica o geográfica como hecho definitivo e irreversible. La mundialización de la economía es una de las causas de la globalización pero no la única.
Podemos imaginar entonces una sociedad de futuro donde el mestizaje no sea producto de una acción desgarradora, como aquella que afectara tanto históricamente a los primeros mestizos, como lo hemos recordado al señalar el desgarramiento existencial del Inca Garcilaso de la Vega. Muchas aguas han pasado bajo el puente de nuestra historia continental, y el concepto del mestizaje hay que entenderlo ahora, como bien señala José Pérez Tapia (1999-2000), sino una aventura cultural humanizadora de encuentros y diálogos interculturales -que nos permitan construir una sociedad auténticamente democrática e inclusiva-, uno de esos espacios en donde a partir de una educación democrática e intercultural se pueda empezar a generar consensos de dialogo e intercambio. Mientras subsista las contradicciones, tensiones, conflictos entre Estado-Nación, en algunos países como el Perú, Bolivia, Ecuador, por ejemplo, que da lugar a una no integración total, subsistirán barreras para la Integración regional y más aún continental. Hay, pues, una doble tarea: impulsar la integración dialéctica, creativa, del estado-nación a un estado nación multicultural en algunos países nuestros y, al mismo tiempo, insistir en una política de integración plena de todos nuestros países. Es por todo esto que yo celebro esta Bienal que nos permite compartir con ustedes, desde los Andes y América Latina diversas miradas que nos impulsan a forjar un Proyecto continental, respetando nuestra individualidad nuestros rasgos particulares, con una mirada amplia e integradora, incluyente, que nos lleve a formular una propuesta inclusiva, donde todos los logros artísticos, culturales, artesanales que actualmente pasan desapercibidos en nuestros países y que paradójicamente son valorados en Europa y los EEUU sean revalorados por nosotros mismos. Hace más de 100 años el poeta y ensayista cubano José Martí uno de los grandes visionarios de nuestra América señalo: Bienvenidas las culturas que vienen de Europa, pero que estas no nos hagan perder nuestras raíces culturales: “el árbol será europeo, pero las raíces serán indígenas” Nuestro más entrañable narrador del mundo andino, José María Arguedas cuando recibe el premio Inca Garcilaso de la Vega en 1968 en su discurso de agradecimiento expresó que él era el resultado de un mestizaje social y cultural, artístico, en el que señala que en el Perú podían vivir gozosamente todas las patrias y todas las sangres. “Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”. El sentimiento que nos llevamos de esta Bienal es el de la esperanza de los pueblos, esperanza que debe transitar a la acción, a experimentar la fuerza y el vigor colectivo que debe de traducirse en una acción política de propuesta, vigilancia y exigencia a los gobiernos en los compromisos que permitan avanzar a un continente más nuestro. Nuestras fronteras deberían estar abiertas a un diálogo creativo, enriquecedor, permanente, si Europa ha sido capaz de postergar todas sus diferencias para dar paso a la Unión Europea, ¿por qué no pensar que en un futuro no lejano podamos nosotros integrar una comunidad de naciones latinoamericanas? No aceptemos que a nombre de una política neoliberal a ultranza se mantenga la acción depredadora de nuestros territorios y se pongan en venta nuestros derechos. Aspiremos a una nueva institucionalidad y tratamiento de la Agenda Sudamericana de Naciones que recoja las voces, las visiones y el protagonismo en el proceso de construcción de un sueño colectivo con dignidad y soberanía. Es de esperar para un futuro inmediato que nuestros países recogiendo las lecciones de nuestra historia continental propicien una política inclusiva con Brasil, que las lenguas no nos separen, que las peculiaridades de cada país no sean barreras infranqueables. Busquemos lo que nos concierta. Y juntos forjemos un continente próspero y unido, así nos lo reclaman las generaciones futuras de las comunidades que pueblan la amazonía, los andes, las costas que son bañadas por dos océanos. Todos estos proyectos de cambio parecieran ser un sueño o una utopía por cumplir. Sin embargo, confiamos como lo dijimos al inicio de nuestra exposición, que podrían transformarse en una ardiente realidad. Es una tarea de todos y sabemos que lo lograremos, porque como dijo José María Arguedas: “Todas las sangres, nos alientan.” Todas las patrias sostienen nuestros sueños”, y permítanme, para finalizar mi exposición, compartir con ustedes un verso del poeta peruano César Vallejo que suena hoy día como una hermosa consigna que nos desafía ante la historia: “Hay hermanos, muchísimo que hacer.” |
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GRAZIA OJEDA DEL
ARCO
TANG (Peru, 1956). Integra a Equipe de Assessoria Acadêmica do
Ministério da Mulher e Desenvolvimento Social. Antropóloga, com
especialização em diversidade cultural e interculturalidade. Sobre este
tema tem percorrido alguns países europeus e americanos a dar
conferência.
Contato:
graziaojeda@hotmail.com. |
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