Pesquisa personalizada
![]() |
|
revista de cultura # 67 |
|
8ª bienal internacional do livro do ceará | encarte especial |
|
Indigenismo, negritud y mestizaje en la literatura dominicana Manuel Mora Serrano
Las razas aborígenes en lo que es la isla Española (hoy compartida por dos países independientes: República Dominicana y Haití), el primero ostensiblemente mestizo y el segundo orgullosamente proclamado como la pionera República Negra de América, tienen, como es natural, antecedentes comunes. La isla de Haití fue cedida a la corona española por el Papa (que se creía amo del mundo) al ocurrir la invasión europea capitaneada por Cristóbal Colón (‘desgraciado almirante’ como lo llamara Rubén Darío por vivir y morir equivocado totalmente de rumbo y lugar), fue nombrada La Española, estaba poblada por diversas tribus, la mayoría de ascendencia arauaca, dividida principalmente en taínos y caribes, mezclados con ciguayos procedentes de las islas del Atlántico. A los negros los trajeron del África Occidental desde los inicios del siglo XVI. Los primeros llegaron en 1502. Y luego Isabel la Católica dio permiso en 1503 para que los indígenas fuesen esclavizados si se oponían con las armas en las manos contra la Iglesia. En 1510 Fernando el Católico autorizó el transporte de cincuenta negros de los mejores y más fuertes disponibles para trabajar en las minas de la isla. Los indios fueron exterminados por distintos medios: Abrumados por trabajos en las minas, por extrañas enfermedades traídas de Europa y por los malos tratos de sus nuevos amos que determinaron que muchos se suicidaran en masa antes que vivir en la opresión y aceptar a otros dioses. Los negros los sustituyeron en los trabajos pesados bajo el sistema de esclavitud, como parte del comercio más infame que jamás tuvo la humanidad y como solían alzarse por no soportar las humillaciones y las torturas a los que eran sometidos en nombre de Dios por los blancos ambiciosos, fueron llamados cimarrones. Los negros en principio eran todos masculinos, de modo que las primeras relaciones sexuales fueron con las nativas indígenas o mestizas. En la literatura dominicana no se registran estas pasiones ni hay cuentos o novelas que narren estas situaciones, a pesar del episodio de Higuemota la hija de Anacaona casada con Guevara que se narra en la novela ‘Enriquillo’. Las narraciones novelescass fueron prohibidas durante la era colonial en las nuevas tierras por Decreto Real, ya que se pensaba que podían influir en el carácter de los nativos. De ahí que su ausencia pudiera justificarse, pero no hay explicación posible para que no surgiera poemas y dramas nacionales que contara y cantaran las relaciones intra-raciales durante el barroco, sobre todo porque el esplendor de la literatura española podía llegar a cualquier rincón de sus dominios si recordamos que era, precisamente, el llamado Siglo de Oro Tirso de Molina, una de las figuras estelares del teatro ibero, vivió en Santo Domingo y declaró que había mucha afición por la poesía. Y aún en el romanticismo, pocos poetas de la ya República Dominicana (proclamada así al separarse de Haití), creyeron relevante escribir romances o décimas y hasta pequeñas obras de teatro y relatos cortos como los hermanos Alejandro y Xavier Angulo Guridi que habían vivido en Cuba, hasta que apareció José Joaquín Pérez (1845-1900), que es el primer poeta criollo que enfocó directamente, no sólo el tema indigenista, hasta el extremo de que sus Fantasías Indígenas se considera su mejor obra y le dieron prestigio de pionero, alentando a los poetas a cantarle a la criolla de cutis de canela, es decir, a la mulata y dejó un poema a una negra de la cual exalta su belleza, y se refiere tambié a los negros y a quien él llama “el nuevo indígena” americano, que es el criollo producto de esos cruces raciales. Precisamente, hablando de este mestizajae, los territorios invadidos por España tienen tal diversidad porque el pueblo ibero era a su vez una mezcla racial como ningún otro en Europa si pensamos que eran descendientes de árabes y judíos, de godos y visigodos, romanos, celtas, etc., de ahí que un cóctel de razas en los postreros años del siglo XVI y los primeros del XVII se fue produciendo en la isla, hasta el extremo de que por razones religiosas, la parte oriental fue abandonada en lo que se han llamado ‘Las Devastaciones’, y finalmente fue ocupada por colonos holandeses y franceses que fundaron una próspera colonia que demandaba mano de obra esclava en abundancia, dando lugar a que se convirtieran en mayoría abrumadora y tomando conciencia de sus fuerzas frente a los abusos, se rebelaron y mataron a los blancos proclamando su independencia en esa forma revolucionaria como la República de Haití en 1804, antes que cualquier otra posesión europea en América,. En su constitución declararon que la isla era única e indivisible de acuerdo con la colonia francesa proclamada por Toussaint Louverture, como había sido antes de la llegada de los blancos. Temerosos de que blancos imperialistas ocuparan la parte oriental, se sintieron con derecho de invadirla desde 1822 hasta el 27 de febrero de 1844, fecha en la cual ocurrió la Separación al proclamarse la independencia de la República Dominicana, siendo la primera que lo hacía de otro país americano y no de Europa. Cedida de nuevo a España en 1863, se restauró la libertad en 1865, con ayuda haitiana. Desde entonces, con todos sus avatares, desaparecidos los indígenas, quedaron los negros y los blancos mezclados de tal forma, que hoy por hoy constituimos la primera república mulata de América. Este hecho ha provocado reacciones racistas porque la minoría blanca ha poseído tradicionalmente las riquezas y el poder político; aunque un negro puro como Ulises Heureaux ostentó el poder con mano dura y mulatos como Santana, Báez, Luperón, Ramón Cáceres, Trujillo, Balaguer y ahora Leonel Fernández, han ejercido el gobierno y han tenido liderazgos en las masas, sólo otro negro puro también hijo de haitianos como Lilís, José Francisco Peña Gómez, fue un líder seguido y admirado por las masas, aunque no pudo gobernar a pesar de que en unas elecciones masivamente se votó por él.
Este movimiento, en su vertiente progresista del positivismo produjo los primeros poetas nacionales al final del siglo XIX, influenciados revolucionariametne por los puertorriqueños Eugenio María de Hostos y Román Baldioroty de Castro. Con ellos el socialismo positivista asomó su cabeza. Toda ideología nueva trae consigo transformaciones culturales y éstas se reflejan en el género dominante, que en Santo Domingo era la poesía, ocurriendo lo previsible. Los tres poetas más importantes, llamados Dioses Mayores: José Joaquín Pérez, Salomé Ureña de Henríquez (madre de los escritores Pedro, Max y Camila Henríquez Ureña) y Gastón Fernando Deligne, fueron sensibles al tema indigenista, al canto al progreso y a los humildes. El primero publicó sus Fantasías Indígenas en 1877, contra los españoles invasores y en defensa los pobladores originales. Los otros dos escribieron poemas alusivos. La segunda a Anacaona, uno de los poemas más extensos de nuestra literatura y el segundo a Mairení. Sin embargo, sólo el primero se refirió, como dijimos, tanto a una negra como unos negros y mulatos siempre a su favor. EL INDIGENISMO DOMINICANO Sorpresivamente, fueron autores blancos (podría circular en las venas de ellos algo de sangre negra como en todo dominicano real), los primeros en referirse al tema indigenista. La novela más importante del indigenismo antillano, ‘Enriquillo’ de Manuel de Jesús Galván, y ’Las Fantasías Indígenas’ de José Joaquín Pérez, ambos oriundos de la capital de la República, constituyen las obras más difundidas de ese primer “ismo” criollo. Lo de ‘Enriquillo’ desborda nuestra temática. Hablaremos de las ‘Fantasías Indígenas’. Se trata del primer libro de poemas publicado por un dominicano en el país y es curioso que se tratara realmente de un volumen homogéneo, es decir, con una misma temática. Aun hoy, nuestros poetas editan, en su mayoría, colecciones de poemas, pero no el esfuerzo y la concentración total que precisa una temática única. En ese sentido José Joaquín Pérez editó en 1877 en Santo Domingo el primer libro de versos de autor nacional, sino el primero que tenía esa característica de acuerdo con el título: Fantasías Indígenas: Episodios i Leyendas de la Época de la Conquista i la Colonización de Quisqueya. Se le ha comparado al Tabaré de José Zorrilla de San Martín, pero la obra del uruguayo data del 1886 y no creemos que conociera la del dominicano aparecido nueve años antes. Es un texto variado, con diversos cantos dedicados a personajes históricos o literarios como la Vaganiona de Washington Irving, compuesto con diversas medidas y rimas, que concluye con una pequeña novela lírica en prosa: Flor de Palma, en la cual narra los amores desgraciados de la india Catalina (personaje histórico que fue capturada en el Segundo Viaje en una isla el Caribe), con el cacique Guacanagarix, (acusado de traidor ya que fue tan amable con los extranjeros que a ese sentimiento de amistad del criollo con los visitantes se ha llamado Complejo de Guacanagarix), con la intervención de Anacaona y de Caonabo. En los poemas se destaca el amor a los indígenas, y su derecho a la libertad y se condenan los actos vandálicos de los españoles. De todos los países americanos, quizás sea en República Dominicana donde se le rinda un culto fervoroso a sus pobladores indígenas. Sobre todo en la santería criolla donde seres como Anacaona, Caonabo, Enriquillo, etc., suelen poseer a los practicantes del vudú dominicano, como en el nivel popular donde veneran a los indígenas como gentes superiores, generosos, inteligentes, capaces de curar enfermedades, etc.. que de algún modo mágico han permanecido vivos, escondidos en el fondo de los ríos profundos. Esto ha creado mitologías como el culto a la India de los Charcos, una hermosa mujer que sale las noches de luna llena a peinar sus cabellos con un peine de oro para atraer a sus amantes. Cuando a un dominicano se le dice que tiene rasgos indígenas, se siente muy orgulloso. Anotamos este hecho en el tema de las etnias, porque en otros países donde hay indígenas, ocurre todo lo contrario. Otro personaje mestizo importante, ligado a los indígenas es la Ciguapa, que se supone mezcla de negro e india, una diminuta mujer con los pies al revés como el Curipira brasileiro que ha inspirado leyendas en prosa y novelas. Sin embargo, en nuestra poesía, aparte de las Fantasías, y de los poemas de Salomé y Deligne, el indio ha sido apenas una referencia. Contrario es el caso de los cimarrones, llamado marrones en Haití, con la mitificación de algunos héroes como Lemba y Diego de Ocampo. NEGRITUD EN EL ROMANTICISMO Con los negros ha ocurrido diferente a lo que sucede con los indios. Para mucha gente, sobre todo en los niveles económicos más altos, el dominicano siente complejos de la negritud. Se avergüenza de su color oscuro, de sus labios gruesos, de su pelo crespo. Ha inventado colores y matices inexistentes: el mulato es “indio”, el negro es “moreno”. Si hablamos de alguien que es de un color pardo, decimos que es “color canela” o “indio claro”, “indio lavado”. He escuchado a personas decir que nunca han tenido relaciones sexuales con una negra. Les he dicho sencillamente: “De lo que te has perdido”. Por eso quizás, el color de la piel no ha sido para nuestros poetas lo más relevante, salvo algunas excepciones. La primera es la del dominicano avecinado en Cuba, Francisco Muñoz del Monte (Santiago de los Caballeros, Santo Domingo-1800, Madrid-1868) con su archifamoso poema ‘La Mulata’ (Habana, 1845), donde esta mezcla racial aparece revestida de cierta crueldad. Contrario a lo que sucede en Santo Domingo donde los mulatos han alternado desde el Poder y fuera de él en todos los niveles sociales y salvo algún hecho aislado, nunca hubo lugares (excepto ciertos clubes cerrados), donde los negros no pudieran entrar. En Cuba hubo un racismo feroz comparable sólo al norteamericano, sobre todo porque los mulatos eran puros, hijos de negras y blancos (aunque es justo señalar que también hubo titanes de bronce y sirenas de ébano). Veamos algunas estrofas de este ya histórico poema: LA MULATA
Mulata!
¿será tu nombre
No es
piedra el hombre, NEGRAS EN LA POESÍA DOMINICANA DEL ROMANTICISMO Y DEL MODERNISMO
Pues bien, hubo reacciones, como dijimos, cuando uno de nuestros más grandes poetas románticos, el principal para quien les habla, el citado José Joaquín Pérez, además de uno de los más hermosos poemas escritos a una negra durante el siglo XIX, ‘A Etnaí’ (1883), que hemos supuesto anagrama de ‘etnia’, rompe con siglos de ignorancia racial de nuestras raíces étnicas. He aquí el poema completo: A ETNAÍ
¿Qué si es bella Etnaí? No lo es acaso
Y ¿quién es Etnaí? Joven oriunda
De abierto tulipán el tinte negro
Verdad que sus cabellos no se extienden
En la curva turgente de su seno
No es la bella Etnaí tímida corza,
Se suele deleitar la joven india
mientras que sólo a mi Etnaí conmueven
Y…¿me ama Etnaí? Cuando sus ojos
No contienen sus besos el almíbar
¿Comprendéis a Etnaí? No es la criolla [1883] Uno de los poetas modernistas dominicanos, J. Furcy Pichardo, miembro de una distinguida familia, cuando más tarde (1915), veintidós años después de Etnaí, vuelve a cantarle a otra: LA NEGRA
Su
hablar es todo allegros
Su
carne es dura.
Sabe
amar Aquí, como vemos, se conforma describiendo físicamente a la negra y no ahonda como Pérez en el alma y los sentimientos, sino que la retrata sólo como un animal sensual que como ser humano apenas sirve para saciar la sexualidad. Los demás modernistas dominicanos no vieron en la mujer negra un motivo del cantar. Aún los vanguardistas criollos, tan apegados a lo nacional, la ignoraron. De estos solo Moreno Jimenes en su estampa del Haitiano, a su modo pobre, a su modo rico y una mujer negra y mártir, denotan que en el país hay tal mestizaje y tantos negros. EL CRIOLLISMO Y LA CRIOLLA DE CUTIS DE CANELA Los poetas dominicanos, aún los más rebeldes, los criollistas, siguieron otra normativa señalada precisamente por José Joaquín Pérez en su poema De América de 1896, que fue una reacción, violenta si se quiere, contra el modernismo exotista de Rubén Darío, al dedicarlo “A un modernista exótico”, que entre otras cosas anuncia todo un programa nacionalista, aunque limitado al mestizaje y no a la negritud como tal. Por la trascendencia que este poema tuvo en la poesía dominicana y en el movimiento vanguardista nuestro, lo copiamos in extenso: DE AMÉRICA A un modernista exótico
Pues háblame del mundo que conozco,
Ponme en contacto con la pompa virgen
Píntame a golpes de la luz del trópico
Descríbeme torrentes y montañas,
No estudies en los libros, sino en ese El siglo XX como era de esperarse, tendría a modernistas y criollistas engarzados en una lucha de fondo, no de forma (la mayoría de los últimos continuaron escribiendo sonetos y poemas rimados y medidos, aunque siguiendo el dogma de Rubén Darío en La canción de los pinos: “¿Quién que es no es romántico?/ y el que no lo sea, que se ahorque de un pino y será lo mejor”), por nuevas temáticas y expresiones, produciendo, naturalmente, al gran poeta satírico popular, a Juan Antonio Alix, un maestro repentista de la décima, que se burló descaradamente de los racistas blancos criollos en muchas de sus producciones, especialmente en una donde le habla a alguien que presumía de blanco, le decía que tenía el negro detrás de la oreja. Expresión que constantemente se recuerda a mucha gente que niega su parentela racial. En el criollismo que canta a la “criolla de cutis de canela”, es decir, a la mulata que no se nombra así, sino como trigueña, del pardo color del trigo o el ridículo mote de india clara, está Arturo Pellerano Castro, llamado el Byron dominicano, que en sus Criollas, para que no hubiera duda de que seguía el postulado de José Joaquín, le canta así a la trigueña: A TI A. Pellerano Castro, Byron
Yo quisiera mi vida ser burro,
Yo quisiera mi vida, ser burro, Las princesas azules de los modernistas eran de sangre azul burguesa, ya que en América no había casas reinantes en el siglo 20 ni nobleza alguna. Los aristócratas de la banca y el comercio o de las haciendas agrarias o ganaderas, al fin ocupaban el lugar que la Revolución Francesa les dejaba frente al vacío de la aristocracia de sangre. Y como las uniones seguían dándose en las altas esferas entre arios, tercerones y cuarterones, porque ya no había oficialmente ‘limpieza de sangre’, pero si de color y de pelo; nada de grifos en sociedad ni advenedizos mulatos, a menos que alcanzaran títulos universitarios o extraordinarias riquezas, pasaportes legítimos a los ascensos sociales para pertenecer a los “clubes de primera” y naturalmente, estas mujeres de ojos azules o esmeraldas, de largas y lacias cabelleras, hijas de extranjeros o de criollos blancos, eran las musas ideales, porque los poetas anhelaban subir también como las enredaderas a los balcones de las Julietas, por la escalera de sus endecasílabos, de ahí la profusión de poemas a las cabelleras, a los ojos garzos, a los labios finos, de los poetas modernistas criollos. LOS NEGROS CRIOLLOS DE JOSÉ JOAQUÍN PÉREZ También señalamos que José Joaquín Pérez no se conformó con el indigenismo y el canto a la negra. También exaltó a los mulatos y negros criollos. Daremos ejemplos de ambos. El primero fue titulado “Cocolito” COCOLITO
La tierra que contiene los despojos
En los ojos relámpagos de águila
La frente alza con el aire adusto
No corre, vuela, y sin fatiga alcanza
¡Y ese tiempo vendrá cuando en América Es una bravía reacción nacionalista contra los opresores exóticos. Y respecto al nuevo hombre americano, no importa la mezcla racial que tenga, existe este otro poema: NUEVO INDÍGENA
Brilla en su frente, de sus ojos brota,
Hay veces que sus manos se levantan
Con los rayos de un foco que deslumbra
Ese es el vencedor, el dueño, el árbitro
Ese es Guatimozín, es Moctezuma,
Y al encarnarla se transforma y crece,
¡Ese es el de la gloria de Ayacucho:
Y Europa, la vetusta madre estéril, LAS VANGUARDIAS Y LAS ETNIAS
LOS NEGROS EN LA POESÍA DE MANUEL DEL CABRAL El primero fue Manuel del Cabral en sus 20 poemas negros, donde hay todavía burlas. Del Cabral es ario, como eran arios muchos de los poetas que escribieron poemas negroides y negristas. En Trópico Picadrero de 1942, Manuel del Cabral, que ya ha vivido en el cono Sur, donde ha sido diplomático, sobre todo en Buenos Aires, presenta la muestra de protesta social más importante referente al negro nuestro: TRÓPICO PICADRERO
Hombres negros pican sobre piedras blancas,
Dentro de una gota de sudor se mete LA VOZ DE LOS INMIGRANTES Aunque todos los negros de América eran inmigrantes de África, el término no se les aplicaba. Ya porque llegaran forzados por la esclavitud, ya porque eligieran esta tierra como los que vinieron desde Estados Unidos de Norteamérica a instalarse en Samaná en 1825. Sin embargo, hubo otra inmigración cuando ya la esclavitud real no existía. Fueron los cortadores de caña. Los haitianos, nuestros vecinos no se han considerado nunca como “inmigrantes” aunque sí como extranjeros. Estos epítetos se han reservado para los negros ingleses, pertenecientes a esas islas colonizadas por Inglaterra principalmente, que llegaban para trabajar en los ingenios, no sólo para cortar cañas, porque muchos eran obreros calificados, especialmente mecánicos y conductores de trenes. Un viejo epíteto de los años de dominación haitiana se reservó a estos trabajadores: Cocolos. Una forma despectiva de llamar a una especie de negros (no como se dice que es porque venían de Tortola. El término aparece en una crónica de 1845 cuando no había inmigraciones negras en esta parte de la isla). Aunque tenemos excelentes escritores surgidos de esa inmigración en particular, ya mezclados con criollas, ya con “ingleses” puros, sólo uno de ellos ha dedicado un canto que se ha convertido en un himno. Se trata de Los Inmigrantes de Norberto James Rawlings, cuyos apellidos denotan las raíces albiónicas. Si una imagen tiene valor de mil palabras, este poema es revelador total de lo que decimos y con ellos concluimos nuestro estudio de ese aspecto de la negritud. LOS INMIGRANTES
Aún no
se ha escrito
No
tuvieron tiempo
No
tuvieron tiempo de decir:
Hubo un
tiempo
Tras la
alegre fuga de otros
Los que
quedan. Estos.
Óyeme
viejo Willy cochero
Vengo
con todos los viejos tambores
Vengo a
escribir vuestros nombres LA MULATA POR EXCELENCIA DE HERNÁNDEZ FRANCO En cuanto a los mulatos, el gran poema nuestro es Yelidá de Tomás Hernández Franco. Tanto Tomás como Francisco Domínguez Charro dedicaron poemas al Capitán Pancho, Gran Capitán de Goletas, personaje popular del muelle de San Pedro de Macorís y Manuel del Cabral a los mulatos criollos, sin embargo, el equivalente a un himno racial de la isla, ya que la acción se desarrolla totalmente en territorio haitiano, es el poema de Tomás. Como es muy extenso, veamos sólo algunos versos y con ello concluiremos nuestra charla sobre las etnias en la poesía dominicana, no sin mencionar otros nombres cuyas obras son significativas: Chery Jimenes Rivera nacido accidentalmente en Haití, ario criollo, es autor de La Haitianita Divariosa; Juan Sànchez Lamouth, mulato que a sí mismo se llamaba negro latino; Juan José Ayuso, autor de un libro de la negritud. Bienaventurados los cimarrones y Ramón Francisco con La Patria Montonera, entre los más relevantes. He aquí a YELIDA: Un antes
Erick
el muchacho noruego que tenía
En el
más largo mes del año había nacido
Era
el quinto hijo para el mar nacido
Pero
Erick no sabía nada de eso
Otro antes
Esta
no es la historia de Erick al fin y al cabo
Madam
Suquí había sido antes mamuasel Suquiete
Pero
Suquiete lo amaba demasiado porque era blanco y rubio
En la
noche sudada de fiebres y marismas de un pié de mujer blanca que hacía frágiles huellas en la arena mojada
Un después
Y así
vino al mundo Yelidá en un vagido de gato tierno
Los
otros sólo tuvieron la sospecha de un peligro cercano
Los
peces lo sabían y la noche y la selva y la luna y el tiempo de calor Y ésta quiere ser la historia de Yelidá al fin y al cabo
Tacto
de clave
pacto
roto de la costilla de oro
Otro después
Con
alma de araña para el macho cómplice del espasmo
en el
agua del charco con su verde y su larva Final Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera Y, de este modo creemos haber demostrado que nuestros poetas, tardíamente, es verdad, se han preocupado por cantarle a los negros, a las mulatas y a los indígenas y lo hicieron los mejores. |
|
MANUEL MORA
SERRANO
(República Dominicana, 1933). Trabalha junto à Secretaria Nacional de
Cultura como conferencista e debatedor em diversos lugares do país e no
exterior. Atualmente mantém contrato com este órgão para conclusão de
várias obras de pesquisa, dentre elas uma História da Literatura
Dominicana e Americana. Jornalista, narrador, poeta e ensaísta. Esteve
no Ceará em 2008 participando de um encontro ibero-americano de
produtores culturais que serviu de base para a criação conceitual da
Bienal.
Contato:
luisero2004@yahoo.com. |
| RETORNO À CAPA | ÍNDICE GERAL | BANDA HISPÂNICA | JORNAL DE POESIA |
|