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CARLOS M. LUÍS |
Haiti y la
Martinica: tierras de promisión surrealista

En
Marzo 25 de 1941 André Bretón, su esposa Jacqueline y su hija
Aube, zarparon del puerto de Marsella en el vapor “Captain Paul
LeMerle” rumbo a la América. En el mismo iban Claude Levi
Strauss, Wifredo Lam con su esposa Helena y el activista
político Víctor Serge. Después de un azaroso viaje de tres
semanas, tocaron puerto en Fort de France, La Martinica, siendo
internados en un antiguo lazareto por el régimen partidario de
Vichy, imperante en la isla. En primero de Abril de ese mismo
año, André Masson y su familia se embarcaron en Marsella en el “Carimare”,
reuniéndose con Breton. A partir de ese momento, se
desarrollaron una serie de acontecimientos que parecían haber
estado en embrión desde la estancia de Gauguin en la isla en
1877, donde pudo pintar una docena de cuadros y hacer bocetos
acerca de sus mujeres.
En 1927
los surrealistas abrieron una exhibición titulada “Ives Tanguy y
objetos de la América” que reflejaba el interés que tenían por
las manifestaciones artísticas del continente. Michel Leiris
militante surrealista y posteriormente compañero de Bataille en
la revista “Documents” inclinada a la etnología, había visto a
la Martinica en 1929 como una “isla mágica”. La coincidencia de
los estudios etnográficos iniciados por los franceses, las
muestras de arte de las colonias debido a las ferias mundiales
de Paris, la irrupción de las máscaras africanas, y el eventual
nacimiento de una conciencia revolucionaria por parte de los
negros estudiantes en la capital francesa, preparó pues el
camino de los surrealistas hacia las Antillas.
Pero con
anterioridad, las descripciones exaltadas del continente recién
descubierto que florecieran entre los siglos XVII al XIX,
pasaron a la imaginación europea gracias a los escritos y las
noticias que llegaban de sus exploradores. Esas descripciones
alimentaron la creencia de un paraíso perdido, donde habitaba el
“buen salvaje”. Una extensa literatura se alimentó de ese mito,
facilitando una interpretación de las Indias como tierras de
promisión. Por otra parte, la naturaleza del nuevo continente
cautivó a los europeos hasta bien entrado el siglo XX, cuando
los surrealistas lanzaron lo que fue quizás la última mirada
romántica sobre la América. Los surrealistas fueron pues, los
herederos de una mirada original que descubriera en el
paisaje americano y en los pueblos que lo habitaban, un espacio
y una conducta mágica, intocado por la civilización que
amenazaba con arrasar todo rezago de sus costumbres ancestrales.
Es cierto que el intento de los surrealistas de preservar la
“sacralización” de la poesía inherente en esas costumbres,
resultó en cierta medida un intento fallido, desembocando
ocasionalmente, en una versión exótica muy al gusto europeo.
Pero en el interior de esa versión latía un auténtico designio
de lograrlo, y esto bastó para que produjeran obras que los
vinculan con las producciones de los pueblos colonizados, cuya
dignidad ellos hicieron lo posible por salvaguardar.
MARTINICA ENCANTADORA DE SERPIENTES
| La isla
de la Martinica fue la que ofreció el primer despliegue de una
naturaleza, cuya flora y fauna excitara la imaginación
surrealista. André Masson descubrió una morfología en sus
árboles y en sus frutos, afín a su intento de crear una
iconografía mítica del universo. Refiriéndose a su pintura
Breton expresó lo siguiente:
La
pintura de Masson no ha cesado de proceder de esos fenómenos de
germinación y de eclosión capturados en el instante donde la
hoja y el ala, que comienzan a penas a desplegarse, se rodean de
lo más inquietante, de lo más efímero, del más mágico de los
esplendores…
[1]
La selva
tanto para Breton como para Masson y Lam, mostró sus hechizos
desde el instante que penetraron en ella. El resultado de sus
exploraciones fue la redacción por parte de Breton y Masson, de
una serie de textos descriptivos unos, poéticos otros, que se
publicaron años más tarde en Francia bajo el título de
“Martinique Charmeuse de Serpents” [2], aludiendo al famoso
cuadro que el Aduanero Rousseau pintara en 1907. El cuadro de
Rousseau inventó una naturaleza americana a través de su
fantasía de pintor “naive”, prosiguiendo la mirada de sus
primeros exploradores. Guillaume Apollinaire pensó que Rousseau
había visitado la América y así lo consignó en un poema que le
dedicara:
Tu te souviens, Rousseau, du paysage astéque, (sic)
Des forets ou poussaient la mangue et l’ananas
Des signes repandant tout la sang pastéques
Et du blond empereur qu’on fusilla lá-bas
Les tableux que tu peins, tu le vis au Mexique.
Te
recuerdas, Rousseau, del paisaje azteca
De las selvas donde surgían los mangos y las piñas,
De las manos derramando toda la sangre de las sandías
Y del rubio emperador que fusilaron allá abajo
Los cuadros que tú pintas, los vistes en México.
[3]
Breton,
Masson y Lam, encuentran en la Martinica un paisaje prefigurado
en el poema de Apollinaire, dedicado a un pintor que desde la
distancia viera lo que los tres surrealistas contemplaran,
maravillados, desde la cercanía.
En el caso
de André Masson, su obra ya venía configurando una “hermenéutica
visual” de la naturaleza, en cuadros pintados durante la década
de los veinte. En los dibujos antropomórficos realizados hacia
1938 titulados “Mitologías de la naturaleza”, Masson llevó su
interpretación a unas imágenes donde el mito y la poesía logran
fundirse en un paisaje con tonalidades eróticas. Sus árboles y
figuras femeninas aparecen metamorfoseados en ídolos o tótems,
engendrando nuevos seres que entraron a formar parte de la
mitología surrealista. Ese procedimiento lo utilizó frente a la
naturaleza martiniquense, en compañía de Breton, quien
experimentara la misma atracción apasionada del pintor hacia su
enmarañada belleza. La naturaleza se convierte para ambos, como
si hubiesen sido capturados por algún espíritu primitivo, en un
organismo viviente, capaz de crear una relación de carácter
mágico con el ser humano. Es posible que los escritos muy leídos
en su tiempo, de Leo Frobenius acerca del Africa donde habitaban
seres-vegetales antropomórficos, los hubiera influido. Si en el
cuadro de Rousseau la encantadora parece impregnar la flora y la
fauna con sus melodías seductoras, éstas seducen a su vez a los
dos pintores y al poeta. Paralelamente en Cuba, como veremos,
Wifredo Lam y Carlos Enríquez (pintor que se autodefinía como un
“surrealista criollo), comenzaron a sentir esa misma simbiosis
con la naturaleza. En los Estados Unidos Georgia O’Keefe
deslumbrada por el paisaje del Oeste de su país, conjuntamente
con el fotógrafo Ansel Adams, habían también incorporado una
morfología vegetal y mineral a sus respectivas obras. Por
aquellos tiempos se respiraba en el aire la magia que los
surrealistas habían traído consigo desde una Europa asolada por
la guerra.
Si para el
pensamiento simbólico de los primitivos el mundo se encuentra
vivo y abierto, para la tradición occidental alimentada de
corrientes herméticas, el cosmos era concebido como un organismo
viviente en armonía con el ser humano. De acuerdo con Giordano
Bruno, el vínculo con el mundo exterior se produce mediante la
atracción erótico-mágica, que pasa por la puerta de la
imaginación. Martinique Charmeuse de Serpents contiene
los elementos primordiales con los cuales los surrealistas
habrían de identificarse erótica y mágicamente
con la naturaleza americana. En uno de sus textos titulado “Antille”,
Masson poetiza:
En el
cielo de tu frente el grito del flamboyán
En el césped de tus labios la lengua arrancada del hibisco
En el cálido campo de tu vientre los cañaverales coronados de
sabor
En las verduras agujereadas tus ojos de luciérnagas
A tus mamas la fineza del mango
Tus plátanos para tus nietas
El árbol de pan para todos los tuyos
Y el manzanillo para la bestia atrapada.
Los ricos
frutos y la fauna que Apollinaire cantara en su poema siguiendo
el curso de la visión de Rousseau, pasan a formar parte de las
observaciones exaltadas de Masson, conformes al dictado kantiano
que postulaba que para encontrar lo sublime había que pasar por
una transformación poética.
En el
“Dialogue Creole” que mantuvo con Breton dice:
La
selva nos rodea, ella posee sus sortilegios que ya conocíamos
antes de nuestra llegada ¿recuerdas mi dibujo “Delirio Vegetal”?
Ese delirio se encuentra aquí, participamos en él y lo tocamos.
Somos uno mismo con esos inmensos árboles, que semejan en las
cavidades de sus ramas, una huerta en miniatura con toda la
vegetación parasitaria injertada en el tronco fundamental:
ascendente, retumbante, activo, pasivo, enjarciado desde lo alto
hacia lo bajo en lianas de flores estrelladas…
Observemos
que Masson se refiere a su conocimiento “anterior” del paisaje
que observara en la Martinica, como le sucediera a Max Ernst
frente al del suroeste estadounidense años más tarde. El
“delirio vegetal” que muestra el cuadro de Rousseau, también
pertenece a una “mirada anterior” premonitoria, alimentada por
la imaginación de los Cronistas de Indias. La feracidad de la
selva martiniquense favoreció una sincronía que llevara al
encuentro providencial que habría de ocurrir.
DESCUBRIMIENTO DE AIME CESAIRE
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El
encuentro se produjo inicialmente cuando Breton ojeando con
ciertas precauciones la revista Tropiques que había visto
en la “boutique” de la hermana de Suzanne Cesaire, leyera
fragmentos del Cuaderno de retorno al país natal. Según
confesión propia en esos versos se encontraba todo lo que
había que decir. A partir de ese momento como ríos que
coinciden en un mismo cauce, se unieron dos espíritus poéticos:
blanco el uno, negro el otro, inspirados por un mismo afán de
romper con los moldes opresivos de la civilización capitalista,
bendecida por las religiones cristianas. El común denominador
era para ambos, el surrealismo. La concepción subversiva de la
“negritud” que años antes había visto su nacimiento en Francia,
pasó a ser cantada en uno de los poemas definitivos del siglo
XX.
PRELUDIO
PARISINO: NEGRITUD Y SURREALISMO
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La idea
revolucionaria del surrealismo atrajo a los negros súbditos del
colonialismo francés, residentes en Francia durante el período
en que el surrealismo hiciera irrupción en su ámbito cultural.
La historia de ese proceso puede ser leída en el libro de Jean
Claude Michel The Black Surrealists, [4] pero conviene
antes recordar como lo hiciera María Clara Bernal Bermúdez que:
La
percepción del Surrealismo como “fuerza liberadora” en América
Latina, quizá tiene su origen en José Carlos Mariátegui, quien
ya en 1926 hablaba de la misión liberadora del Surrealismo
respecto a la civilización capitalista,
citando al
autor peruano a continuación:
La
insurrección suprarrealista entra en una nueva fase que prueba
que este movimiento no es un simple fenómeno literario, sino un
complejo fenómeno espiritual. No una moda artística sino una
protesta del espíritu. Los suprarrealistas pasan del campo
artístico al campo político. Denuncian y condenan no sólo las
transacciones del arte con el pensamiento burgués, sino
denuncian y condenan, en bloque, la civilización capitalista.
[5]
Estas
palabras publicadas en la revista Variedades de Lima en
1926, pudieron haberle servido de exordio a los jóvenes
estudiantes negros que comenzaron en Paris su propio movimiento
de rebeldía, inspirándose en el surrealismo. Las primeras
señales de rebeldía aparecieron en una revista, Legitime
Defense, cuyo primer y único número apareció en Paris en
1932. Su título fue tomado de un ensayo de André Breton
publicado en Les Editions Surrealistes en 1926 y
posteriormente en Point de Jour en 1934. Este escrito de
Breton resultó ser premonitorio para los jóvenes integrantes de
la revista, pues en el mismo se decían cosas como éstas:
Afirmo
que la llama revolucionaria arde donde quiere y que no le
corresponde a un pequeño número de hombres
en el
período de espera donde vivimos, afirmar que sólo puede arder
aquí o allá… [6]
La génesis
de este trabajo tuvo que ver con la publicación por parte de
Pierre Naville, de un panfleto: La Revolution et les
Intellectuels, donde el surrealista y futuro líder
trotskista, le pidiera a sus compañeros que renunciaran al
“idealismo” para militar a favor de la lucha obrera, encabezada
por el partido comunista. La experiencia surrealista de la vida
interior debería ser dejada de lado según este autor, cuestión
que Breton a pesar de sus inclinaciones hacia el marxismo, no
estaba dispuesto a tolerar. Esos choques iniciales en contra de
las tendencias de un partido que habría de someterse a los
dictados del estalinismo, ejercería profunda repercusión en los
ideales de los intelectuales negros.
A pesar de
su breve duración, Legitime Defense fue capaz de aunar a
un grupo de jóvenes poetas negros cercanos ideológicamente al
surrealismo por una parte, y al marxismo por la otra, sin
olvidar sus contactos con las teorías de Freud. Esa misma
posición la compartían los surrealistas en su deseo de aunar la
revolución social con la insurrección del espíritu, poniendo a
Marx y a Rimbaud pero también a Lautréamont y Freud, en un mismo
nivel combativo. Algunos de los firmantes del manifiesto que
aparecieran en la revista como René Menil, Jules Monnerot o
Pierre Yoyotte habrían de formar parte de Tropiques años
más tarde, mientras que Etienne Léro que despuntaba como uno de
sus poetas más originales, falleció a los 29 años de edad debido
a un accidente.
En su
declaración inicial sus redactores afirmaron:
…
aceptamos el materialismo dialéctico de Marx liberado de todas
sus interpretaciones engañosas y que han sido puestas
victoriosamente en práctica por Lenin… igualmente aceptamos sin
reservas al surrealismo con el cual se encuentra nuestro destino
ligado en 1932. Referimos a nuestros lectores a los dos
manifiestos de André Breton y a todas las obras de Aragon, André
Breton, René Crevel, Salvador Dalí, Paul Eluard, Benjamín Péret
y Tristan Tzara… y en Sade, Hegel, Lautréamont y Rimbaud, para
mencionar sólo a algunos, buscamos todo lo que el surrealismo
nos ha enseñado que descubrir. Estamos listos para utilizar la
vasta maquinaria que Freud ha puesto en movimiento para disolver
la familia burguesa…
[7]
En los
momentos en que los jóvenes intelectuales negros le brindaban su
apoyo incondicional al marxismo-leninismo, los surrealistas
–Breton sobre todo– empezaron a dudar de su aplicación
“victoriosa” en la Rusia estalinista. Pero lo importante es
señalar en este caso, que el camino que eventualmente llevaría a
Breton a descubrir a Cesaire, dio sus primeros pasos en Paris
por unos jóvenes provenientes de las colonias francesas, y por
otros nacidos dentro de una cultura que los había asimilado a su
conveniencia. La semilla de la “negritud” sembrada en las
conciencias de los “súbditos” franceses, comenzó a germinar en
esos escritores y en otros como Leopold Sedar Senghor cuyo peso
se hizo sentir en la formación de Aimé Cesaire.
Los
surrealistas hicieron lo posible por romper con las ataduras de
la mentalidad colonialista, aunque conservaron sus lineamientos
expresivos, al igual que lo hicieran los negros cuando adoptaron
el lenguaje surrealista como un “arma milagrosa” para expresar
su rebeldía. Jean Paul Sartre en su introducción a la
Anthologie de la nouvelle poésie negre et malgache de Sedar
Senghor, titulada “Orfeo Negro”, llamó la atención sobre esa
discrepancia entre las aspiraciones revolucionarias de los
escritores negros y el uso que hicieran del idioma francés:
Ahora
bien, lo que amenaza con frenar peligrosamente el esfuerzo de
los negros para rechazar nuestra tutela es el hecho de que los
anunciadores de la negrez se vean forzados a redactar en francés
su evangelio. La trata los dispersó por los cuatros puntos
cardinales, y así los negros no poseen una lengua que les sea
común. Para incitar a los oprimidos a unirse deben recurrir a
las palabras del opresor… y como las palabras son ideas, cuando
el negro declara en francés que repudia la cultura francesa,
toma con una mano lo que rechaza con la otra e instala en sí
mismo, como una agramadera, el aparato de pensar del enemigo.
[8]
Lo que
Sartre plantea nos llevaría por otros caminos. Sabemos desde los
tiempos en que Antonio de Nebrija le dijera a los reyes
católicos, con motivo de la presentación de la primera gramática
escrita, que el lenguaje es el perfecto instrumento
para la creación de un imperio. Si la lengua francesa se
apoderó de sus colonias, la española, la portuguesa, y la
inglesa hicieron lo mismo. El mestizaje de los dos primeros con
los indios y con los negros, creó al menos una fusión entre las
razas, mientras que el “creole” no llegó –como bien lo viera
Cesaire– a constituirse como lenguaje propio. Por otra parte, la
adopción de la ideología marxista, surgida de la herencia
occidental y blanca, podría haber sido interpretada por el autor
del “Ser y la Nada”, como otro punto crítico acerca de la
disyuntiva en que se encontraban los negros. A pesar de ello, la
nota pesimista de Sartre no le impidió saludar a los poetas de
esa antología como grandes innovadores del lenguaje, al igual
que Breton hiciera con Cesaire y Magloire Saint-Aude.
Prosiguiendo con Legitime Defense, su testimonio político
quedó como un substrato vivo anidado en el pensamiento de
Cesaire. Al mismo tiempo que esto ocurría, ya la primera versión
de su largo poema, había sido publicada en Paris en 1939 por la
revista Volontés, sin atraer la atención de los críticos.
De manera que la revolución literaria que Breton descubriera
tras su lectura en Fort de France, aunque venía de fuentes
originadas en la misma ciudad donde el poeta de “Nadja” había
creado las suyas, tuvo que esperar su descubrimiento en las
islas lejanas del Caribe.
Después de
Legitime Defense aparece en 1934 una segunda revista:
L’Etudiant Noir, dirigida entre otros, por Aimé Cesaire,
León Damas y Leopold Sedar Senghor. De nuevo se plantean las
mismas propuestas que en Legitime Defense, ahondando aún
más en dirección del concepto de “negritud” que habría de
convertirse en el leit motiv de los intelectuales
africanos y de las indias occidentales. Aunque el rechazo a los
valores occidentales fueron evidentes en sus escritos, sus
redactores vieron en el surrealismo un instrumento crítico
valioso para el desarrollo de sus ideales. Fue así entonces que
dentro de la atmósfera cargada de experimentos poéticos y de
ideologías revolucionarias, pudo nacer la revista Tropiques
en una isla sometida a la férula del régimen de Petain,
resueltamente hostil a sus postulados.
TROPIQUES
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Los tres
primeros números de los catorce de Tropiques (Abril 1941-Septiembre
1945), dirigida por Aimé Cesaire, su esposa Suzanne y René Menil,
reflejaron el influjo de Nietszche, Peguy, Claudel y otros
poetas no cercanos a Breton. Pero en sus páginas también
aparecieron los nombres de Mallarmé, Rimbaud y Lautréamont que
cubrían el firmamento surrealista. A partir del tercer número la
dirección de la revista tomó otro rumbo gracias a la presencia
de Breton, y al hecho de que Suzanne y Aimé Cesaire ya habían
recibido la influencia surrealista. Dentro de ese cuadro el
poeta confiesa en una entrevista que le hicieran:
¿Cuál
fue la aportación de Breton? Bueno, la aportación de Breton fue
el
atrevimiento; nos ayudó a formarnos una opinión resuelta… Me
percaté de que Breton y el surrealismo ya habían resuelto la
mayoría de los problemas que me planteaba… Cuando lo conocí
literalmente me fascinó: era un hombre de una cultura
extraordinaria, con un asombroso sentido de la poesía…
era un estupendo averiguador, una especie de “buscador mental”…
el encuentro con Breton fue algo MUY IMPORTANTE para mí, tanto
como mi encuentro con Senghor diez o quince años antes… [9]
Si la
presencia del poeta francés fue decisiva para el desarrollo
ideológico de la revista, la fuerza del poema de Cesaire que
Breton había leído en Tropiques, contribuyó a renovar el
discurso poético del surrealismo. Lo que abrió la poesía de
Cesaire ante los ojos de Breton, fue lo mismo que le abriera el
paisaje martiniquense: una feraz morfología que podía ser
trasladada al verbo o a la imagen, como lo hiciera de entrada
Masson y poco tiempo después Lam en sus “Junglas”. Para Breton
el audaz tratamiento del lenguaje por Cesaire, implicaba una
transfusión de oxígeno naciente dentro de la poesía
surrealista. Cesaire aportó una lujuriosa fauna y flora que
respondía a la que Lautréamont había hecho aparecer en sus
Cantos abriendo el espacio de Una naturaleza dominadora,
sádica, que se traga a los hombres y a sus máquinas como
las flores a los insectos temerarios. [10]
WIFREDO
LAM LLEGA A CUBA
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Después de
su experiencia en la Martinica, Lam se traslada a Cuba. En la
mayor de las Antillas, su pintura continúa nutriéndose de
diversas fuentes: la primitiva debida a su herencia
afro-china-cubana, la cual había comenzando a despuntar en
Paris, y la surrealista originada también en esa ciudad. El
paralelo pues con los poetas de Legitime Defense y L’etudiant
Noir es obvio. La síntesis que hace eclosión en Cuba,
prosigue alimentándose de la flora y fauna que viera en la
Martinica y del impacto de la poesía de Cesaire, impacto que
habría de crear un fuerte lazo de amistad entre ambos.
Recientemente tuvo lugar en Paris una exposición: “Césaire & Lam,
Insolites Batisseurs” [11] donde mostraban, entre otras obras,
la serie de aguafuertes “Annonciation” (1982) que el pintor
hiciera para los poemas de su amigo. Realizados hacia el final
de su vida, Lam retoma toda la fuerza exuberante de su bestiario
para crear una serie de imágenes surgidas de uno de los poemas
de Moi Laminaire, que ilustrara el pintor cubano:
Más albura
Nada
excepto un alba de huesos puros
De huesos que estallan campo grande
De huesos que estallan a los cuatro vientos
De huesos que danzan recién brotados del surco
De huesos que gritan que aúllan
Que no perdamos en ellos
Que no perdamos en ellos ninguno
De los huesos que movidos por la rabia se apoderaron
De todo lo que queda de vida
de sangre él no escribe meandros tan sólo
justamente el del centro de un verbo que da a luz
[12]
Lam
introduce en su pintura a partir de su estancia en Cuba, un
paisaje transformado en espacio mítico cuyas raíces iban
lejos, hasta llegar a las estructuras que conformaron el arte
occidental desde el Renacimiento. No fue por gusto que Pierre
Mabille agudo comentarista de su pintura, mencionara con
relación a “La Jungla” las lanzas que Paolo Uccelo pintara en su
tríptico “La Batalla de San Romano”, como tampoco que Breton en
su estudio sobre Lam, indicara la integración de las disciplinas
del arte europeo en sus obras. Lam realiza entonces algo similar
a André Masson: una interpretación subjetiva del paisaje a
través de referencias míticas provenientes de fuentes diversas,
sin excluir las herméticas. No es posible entonces desestimar
todas esas influencias, como bien lo explica Maria Clara Bernal
Bermúdez en su ensayo “Transculturación y Aculturación en la
obra de Wifredo Lam”. [13] Aunque lo negro se encuentra presente
en su pintura, lo maravilloso en su sentido surrealista, hace
irrupción trayendo en su corriente otras aguas en las cuales
bebió su amigo Cesaire. A pesar de los esfuerzos que Alejo
Carpentier hiciera para desplazar a Lam de esas influencias,
arrimándolo a su concepción de lo “maravilloso americano” que él
elaborara, el término “transculturación” (proveniente del
etnólogo cubano Fernando Ortiz), es el adecuado para definir su
proceso como pintor surrealista.
En Cuba
Lam ilustra la traducción que Lydia Cabrera hiciera del poema de
Cesaire. La segunda que realiza para un poeta surrealista. La
primera respondió al pedido de Breton en Marsella, para su largo
poema “Fata Morgana”. La metamorfosis de plantas en seres
humanos, de animales en plantas y la sexualización del paisaje
(como lo hiciera Carlos Enríquez en sus mejores cuadros), entró
a formar parte de una poesía compartida. En el libro de la
autora colombiana, se hace referencia a un ensayo de Suzanne
Cesaire reproducido en Tropiques, donde ella sostiene las
teorías de Leo Frobenius acerca de esos seres híbridos,
aplicándolos a su isla natal. Para esta autora, según Clara
Bernal Bermúdez, no es cuestión de regresar al pasado
africano sino, citando a la esposa de Cesaire: por el
contrario, se trata de la movilización de todas las fuerzas
vitales combinadas en esta tierra, en donde la raza es el
resultado de un continuo mestizaje; se trata de ser consciente
de la formidable masa de energías diversas que hasta
ahora han sido atrapadas dentro de nosotros. En el fondo,
podríamos añadir ¿Qué es el surrealismo sino un continuo
mestizaje entre imágenes, como lo demuestra el collage?
Finalmente Clara Bernal nos dice: A juzgar por el cambio en
su lenguaje visual, es posible que Lam no sólo leyó estos
textos, sino que también quedó fascinado con estos conceptos,
los cuales parecen tener lugar en sus pinturas desde entonces.
[14] La presencia de Lam en Cuba constituyó para este pintor, y
para el surrealismo, una de sus instancias más creativas.
HAITI Y
SANTO DOMINGO
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Antes de
regresar definitivamente a Francia en 1945, Breton pasa cuatro
meses en Haití (con breve estancia en Santo Domingo), invitado
oficialmente por el gobierno francés para que diera una serie de
conferencias en Port au Prince. Allí se encuentra de nuevo con
Wifredo Lam que había llegado para exponer en la capital
haitiana, y con Pierre Mabille quien a la sazón se encontraba en
el Instituto de Etnología Haitiano, donde entró en contacto con
los cultos del vodú. De inmediato Breton se acerca a los grupos
de jóvenes poetas relacionados con el surrealismo, entre éstos
René Depestre, director de la revista La Ruche, que
habría de jugar un rol importante en los acontecimientos que
envolvieron a Breton en una revuelta contra el dictador Lescot.
El incidente que ocasionara las conferencias de Breton, ha sido
relatado en todas las historias del surrealismo y mencionado por
el poeta en las entrevistas que le hicieran. Lo que vale la pena
subrayar, es que de nuevo se produjo un contacto entre el
pensamiento surrealista y las corrientes de la negritud, esta
vez en el primer país que proclamó su independencia en la
América, a un costo que aún está pagándole a las potencias que
no le han perdonado ese acto de rebeldía por parte de “sus”
esclavos.
Los
descubrimientos de Breton en Haití, además de sus contactos con
poetas como René Depestre, Paul Laraque y René Belance entre
otros, fueron de tres órdenes: El primero que le produjo
una impresión duradera, fue la oportunidad que tuvo, gracias a
Pierre Mabille, de presenciar varias ceremonias vodú. La
intensidad de las mismas, marcaron su espíritu a pesar de que
rebasaban su capacidad de asimilarlas en su totalidad, de
acuerdo con lo que él confesara. Pero Haití era una tierra
marcada por la presencia de personajes como Martines de
Pasqually que arribó a sus costas en 1772. Maestro de Louis
Claude Saint Martin y autor de un libro apreciado por Breton,
Tratado de la Reintegración de los Seres, Pasqually
introdujo cultos relacionados con la masonería que Pierre
Mabille conocía bien, y que proseguían observándose en la isla.
El segundo encuentro fue el del pintor Héctor Hypollite,
allegado a las ceremonias del vodú, cuya representación de
divinidades dentro de escenarios donde lo maravilloso se
encuentra presente, inspiró a Breton a escribir un ensayo sobre
él, incluido en su libro Le Surrealisme et la Peinture.
El tercer encuentro estuvo relacionado con un poeta
cuya breve obra poseía una quintaesencia verbal: Magloire
Saint-Aude. Este poeta no se le escapó a la mirada escrutadora
de Breton. Su obra está situada, sin embargo, en las antípodas
de la opulencia discursiva de Cesaire. Límpida como el diamante,
en su brevedad habita la piedra filosofal, como Breton intuyera.
En el 2002, Jorge Camacho publicó la traducción al español de su
obra completa. [15] De su traducción extraemos el
siguiente poema perteneciente a su poemario Tabú:
Solemne
cual el jorobado de piedra,
En el oasis de las calmas interinas,
Los ojos abiertos,
Los ojos al suelo,
Yo no soy usted
El ensayo, el celo, el ritual.
Haití
representó para los surrealistas su última aventura americana.
Comenzada en 1936 con la visita de Artaud a México, seguida por
otra de Breton en 1938 y más tarde con el éxodo de muchos de
ellos a distintas tierras del continente, La Martinica y Haití
fueron dos sitios de excepción. La punta de lanza de la poesía
de Cesaire se plantó en las selvas de Lam, y terminó como un
dardo envenenado, en los versos de Magloire Saint-Aude. En el
medio la palabra de Breton resonó como una voz de alarma
provocando un renacimiento en ambas islas, de carácter poético
en la primera y político en la segunda. Al parecer el sueño
surrealista de hermanar a Marx con Rimbaud dio algún resultado,
aunque de corta duración, en el país de Toussaint Louverture.
Lam por su parte, exhibió durante la visita de Breton
inspirándole al poeta palabras como éstas:
En un
tiempo como el nuestro, no nos sorprenderá ver prodigarse aquí
adornado de cuernos, el
loa
Encrucijada –Elegguá en Cuba– que sopla sobre las
alas de las puertas. Testimonio único y siempre estremecedor,
como si fuera pesado en las balanzas de las hojas, vuelo de las
garzas frente al estanque donde se conjura el mito actual, el
arte de Wifredo Lam se difunde a partir de esa fuente vital,
reflejando el árbol misterio, quiero decir el alma
perseverante de la raza, para llover estrellas sobre el PORVENIR
que debe ser el bienestar humano. [16]
INTERMEDIO DOMINICANO
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Breton,
Masson y Lam ya habían visitado Santo Domingo a su salida de la
Martinica vía los Estados Unidos los dos primeros y Cuba el
tercero. Pero durante su última estancia en Haití, tuvo ocasión
de regresar a la capital dominicana donde trabó amistad con el
antiguo militante del POUM, el pintor y escritor Eugenio Granell.
Granell fue uno de los animadores de la revista La Poesía
Sorprendida, inclinada hacia la expresión surrealista. El
relato de su encuentro con Breton forma parte del catálogo “El
Surrealismo entre el Nuevo y el Viejo Mundo”. [17] En el mismo
el exiliado español reafirma su adhesión al surrealismo,
mostrándole a Breton algunas de sus obras pictóricas, vibrantes
de colores y de máscaras que le llamaron la atención a Breton
como más tarde a Péret. En 1951 publicó Isla Cofre Mítico,
[18] suerte de reflexión histórico-poética de su estancia
caribeña, dedicado a Elisa y André Breton como recuerdo de su
viaje a Santo Domingo. Sobre este pintor Benjamin Péret pudo
decir:
Los
seres que nos presenta parecen haber surgido de un mundo aún por
descubrir. Esas formas ¿ pertenecen a otro tiempo o a otro lugar
donde nos conducen? Esos espécimes de una fauna que habrá de
venir –gallo-cuadrante solar, gallina-máquina de coser, nos
evocan los seres fabulosos que los primeros viajeros
reconocieron en la América, como el pájaro-pince (“pacho del
cielo”)…
[19]
El
Surrealismo ha sido sometido a presagios necrológicos desde su
nacimiento. Los “críticos” –Maurice Nadeau en su famosa historia
del surrealismo fui uno de ellos– anunciaron su fin a partir de
la Segunda Guerra Mundial. Algo similar hizo William S. Rubin en
la controvertida exposición “Surrealism and their Heritage” que
organizara en el Museo de Arte Moderno de New York en 1968. Pero
el Surrealismo se niega a morir, aferrado a lo que Breton un día
proclamó: El surrealismo es lo que será. De ahí que la
experiencia americana, le inyectara una nueva corriente de
sangre a un movimiento que ha persistido en diferentes partes
del planeta. El surrealismo pues, continuó siendo, y su razón de
ser se encuentra íntimamente vinculada a los descubrimientos que
hicieran en las tierras de promisión sus primeros maravillados
exploradores.
NOTAS
[1] André Breton: Le Surrealisme et la Peinture,
Gallimard, Paris, 1965.
[2] André Breton : Martinique Charmeuse de Serpents, avec
texts et illustrations d’André Masson. Jean Jacques Pauvert
Editeurs, 1948.
[3] Guillaume Apollinaire: Oeuvres Poetiques, La Pleyade,
Gallimard, Paris, 1965.
[4] Jean Claude Michel: Les Ecrivains Noirs et le Surrealisme,
Edition Naaman, Quebec.
Existe una
traducción muy descuidada, en inglés, The Black Surrealists,
Peter Lang Editions, 2000.
[5] Maria
Clara Bernal Bermúdez: Más allá de lo real maravilloso: el
surrealismo y el Caribe. Universidad de los Andres, Bogotá,
Colombia, 2006.
[6] “Legitime Defense” en Point du Jour, Gallimard,
Paris, 1934.
[7] Tomado de Refusal of the Shadow, Surrealism and the
Caribbean, Edited by Michael Richardson, translated by
Krzysztof Fijalkowski and Michael Richardson, Verso, New York,
1996.
[8] La
República del Silencio, Editorial Losada, Buenos Aires,
1960. Traducción de Alberto L. Bixio.
[9]
Entrevista a Cesaire en Philippe Ollé-Laprune, Para leer a
Cesaire, Fondo de Cultura Económica, México, 2008.
[10]
Prefacio de Benjamín Péret a la edición de Lydia Cabrera,
Retorno al País Natal, La Habana, 1942.
[11] Césaire et Lam, Insolites Batisseurs, Daniel
Maximin, Grand Palais ey HC editions, Paris, 2011.
[12] Cesaire en Philippe Ollé-Laprune, ibid.
[13] Ver
“Capítulo Nueve” en María Clara Bernal Bermúdez, ibid.
[14] Ibid.
[15]
Magloire Saint-Aude: Diálogo de mis Lámparas, Tabú,
Desposeído, Colección Juan Ramón Jiménez Poesía, Huelva,
2002.
[16] “La nuit en Haiti… ” en Le Surrealisme et la Peinture,
ibid.
[17]
Catálogo “El Surrealismo entre Viejo y Nuevo Mundo”, Sala de
Exposiciones de la Fundación Cultural Mapfre Vida, Abril 1990.
[18]
Isla Cofre Mítico, Editorial Caribe, Puerto Rico, 1951.
[19] Benjamin Péret: “A la hauteur d’un cri… ” en Jean Michel
Goutier, Benjamin Péret, Editions Henri Veyrier, Paris,
1982.
|
Carlos
M. Luís (Cuba, 1932). Poeta, ensayista y artista
plástico. Ha dirigido en su país al Museo Cubano. Son
libros suyos de ensayo: Tránsito de la mirada
(1991) y El oficio de la mirada (1998). Este
ensayo forma parte del libro Horizontes del
Surrealismo (en preparación). Otros capítulos de
este libro pueden ser encontrado en la fase I de
Agulha – Revista de Cultura (1999-2009):
www.jornaldepoesia.jor.br/agindicegeral[C].htm.
Contacto:
karmaluis1@bellsouth.net. Página
ilustrada con obras de Luciano Bonuccelli (Itália),
artista invitado de esta edición de ARC. |

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