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ALFONSO PEÑA |
Manuel Monestel: mudar la piel al son del calypso limonense…

Uno
de los artífices de la música popular actual centroamericana, es
sin objeciones, ni bullicios, Manuel Monestel (Costa Rica,
1950).
A mediados de los setenta, incursiona en el ámbito musical con
su banda Erome; proyecto que apostaba por la música y la
identidad latinoamericana. Tiempo después, integra, junto al
cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía, el grupo Tayacán;
de esa complicidad se originan sus primeros calypsos, nexos y
ramificaciones con la cultura y la música afrocaribeña.
A finales de ese decenio, Monestel, imprime energía y
creatividad en la investigación del calypso y otras
manifestaciones de la cultura afrodescendiente; él lo revela: “Como
una lenta telaraña que se va tejiendo con el pasar de los años,
fui conociendo más música y más personajes, compositores,
músicos y amantes de la cultura”.
Con su banda Cantoamérica (1980), Monestel se convirtió
en un “aliado inseparable” del calypso limonense. De su mano
florecieron y adquirieron un aire remozado figuras como Wálter
Ferguson; considerado uno de los Calypsonians con mayor
prestigio en el Caribe y otras latitudes. Segundo o Mr. Gavitt,
(llamado así por sus amigos), pasó de ser un personaje de
leyenda, que en su natal Cahuita, era visitado por los turistas
a la caza de sus “casetes que él grababa en vivo, uno por uno,
en una antigua grabadora” a ser un cantante y compositor
vigente en la órbita de la música popular latinoamericana.
En Manuel Monestel, se distinguen dos vertientes bien
cimentadas: el investigador y el artista. A lo largo de treinta
años, esta ósmosis lo ha llevado a divulgar el calypso limonense
en sus diferentes facetas: con su banda Cantoamérica y 12
producciones discográficas, donde el calypso ocupa un lugar
destacado; lo mismo se puede argüir en su labor de rescate de
las leyendas del calypso limonense. Esto se advierte en la fina
grabación y producción que realizó junto al pianista Manuel
Obregón en
Leyendas del Calypso Limonense.
En el segmento de la investigación, Manuel tiene un libro
publicado:
Ritmo, Canción e Identidad: Una Historia Sociocultural del
Calypso Limonense;
artículos, ensayos, conferencias y los conciertos al “aire
libre” en muchas regiones y ciudades, dan fe de la labor
titánica de este creador costarricense.
Una experiencia inolvidable: “vivir uno de los chivos con
Cantoamérica” para evocar “el corazón del calypso”; ser
testigos y provocadores de cómo esta fusión tropical, sonera y
genuina del afrocaribe “pone a cantar y a bailar” con alegría y
soltura a diversas generaciones de centroamericanos.
AP
Manuel, para situar la conversación, creo conveniente que hagás
un recorrido por tu infancia y definás cuáles son los puntos de
coincidencia, para que en vos se dé la amalgama de habitante del
“Valle Central” (San José); con raíces profundas en la cultura
y la música caribeña que van a estar presentes en tu vida.
MM
Los estímulos tempranos sobre el tema ocurren en los años 50;
cursando el cuarto grado en la escuela Dante Alighieri en
Lourdes de Montes de Oca, conocí –por primera vez–, a un afro
descendiente de origen limonense. Estudiando en una escuela con
nombre italiano y viviendo en un pueblo con nombre francés, tuve
contacto con un miembro de un grupo cultural que más tarde yo
entendería como de gran importancia para el desarrollo de las
identidades en Costa Rica.
Aquel niño negro, flaco y alto, se convirtió en mi amigo.
Caminábamos de la escuela al barrio y yo admiraba su bilingüismo
e indagaba preguntándole sobre los nombres de las cosas en
inglés caribeño, un idioma que entonces era extraño para mí.
Durante todo el curso compartimos juegos e historias, hasta que
un vergonzoso incidente, durante la “fiesta de la alegría”,
me enseñó con rudeza lo que era el racismo y el rechazo por lo
diferente por parte de un grupo de compañeros de curso contra mi
amigo limonense.
Al siguiente año mi amigo ya no fue a aquella escuela y se mudó
de barrio sin que yo pudiera encontrarlo de nuevo.
Por otra parte y como antecedente, mi madre, desde mi temprana
edad me contaba sobre un viaje que ella hizo a Limón en los
años 30 y una anécdota sobre algo que presenció por accidente.
La escena por ella descrita era un grupo de gente negra en una
calle de Limón, en la noche, cantando, tocando tambores y
bailando alrededor de un fuego. Su amiga afro limonense, que la
acompañaba, le indicó que no debían pasar por ahí pues esa era
la gente de Pocomía. Años después entendí que Pocomía
era una de las distintas formas de religiosidad africana que se
desarrollaron en el Caribe y que llegó a Limón con las
migraciones de la década de 1870 para la construcción del
ferrocarril a Puerto Limón. Esta práctica espiritual fue
radicalmente perseguida y reprimida por la cultura dominante
“blanca” de San José y por la élite negra emergente en Limón.
Creo que los limonenses perdieron parte de su alma cultural con
la eliminación del rito de Pocomía, en él se sintetizaban
cantos, ritmos, danzas y sentimientos que hubieran enriquecido
aún más la maravillosa expresión artística del pueblo limonense
actual.
Mis padres aunque eran típicos habitantes del Valle Central,
clase media baja, nunca me inculcaron valores racistas, por el
contrario, mi madre y mi padre tenían amigos afro descendientes
que visitaban nuestra casa con alguna frecuencia.
En ese contexto, y desde mi perspectiva de paña (hispano
descendiente), se gestó en mí un interés temprano por aquella
cultura diferente pero tan interesante.
AP
Desde niño tuviste la oportunidad de estar conectado con los
ritmos afro caribeños: el son, el bolero, la rumba, la guaracha,
el cha cha chá; los registros de la música de Beny Moré, los
Matamoros, la Sonora Matancera… Contanos cómo esas composiciones
van a influir en tu desarrollo musical…
MM
Mi padre aficionado a cantar, me acercó a la música de los
grandes creadores negros del Caribe como Beny Moré, Miguel
Matamoros, La Sonora Matancera etc. Y así escuché el son, el
bolero, el cha cha chá y el mambo desde que tengo memoria. “Pachito
e´ché es un tipo popular…” rezaba una canción de Beny con
Pérez Prado que yo escuchaba a mis seis años viviendo
temporalmente en una finca en Escazú y recuerdo aún antes otra
del Beny: “Oye José, ven pa´cá, cuidao con la culebra te
muerde lo pie…” y yo con cinco años frente a un montasal en
el jardín de mi abuelo en Lourdes, pensando si no habría una
serpiente esperándome ahí para morderme. Mi padre solía invitar
a la casa, especialmente los domingos, a varios amigos suyos que
resultaron ser de los mejores guitarristas de bolero, guaracha y
son que ha tenido Costa Rica, entre ellos estaban el Negro
Córdoba, requinto del Trío Alma de América y Güicho Porras de
los Zafiros. Yo abría mis ojos de niño de diez años, admirado de
la destreza de aquellas manos y de la belleza de aquellos
cantos.
Cuando mi padre murió me heredó, además del amor por la música,
una pila de viejos cancioneros de los años cuarenta y cincuenta
que mostraban lo que popularmente se oía en la radio y lo que la
gente de esas generaciones cantaba.
Aquella semilla quedó plantada en mi memoria y años después me
conectó con mis identidades latinoamericanas y fecundó mi
creación musical, marcando profundamente las canciones que luego
compondría.
AP
En los años setenta, cuando estás “rocanroleando”, vas a tener
un encontronazo decisivo con la Nueva Canción Latinoamericana…
Eran años de conciencia política y artística… Al poco tiempo,
integrás, junto al cantautor nicaragüense, Luis Enrique Mejía,
el grupo Tayacán. De esa época, se puede afirmar que son
tus primeros calypsos…
MM
Crecí y me desarrollé como músico popular y después de pasar por
el camino obligado del rock y la música pop impuestas por el
mercado y la industria musical, comencé a preocuparme por
músicas que tuvieran más relación con nuestro entorno
latinoamericano y costarricense. Recuerdo que un día en mi casa
cantando una canción de Paul Simon, me quedó resonado en la
cabeza una frase de la misma que decía algo sobre el “New Jersey
Turnpike” una autopista en Estados Unidos, ahí tomé conciencia
de que yo cantaba sobre cosas y temas bastante lejanos de mi
propia experiencia como joven costarricense.
Ya en los años 70, surge entonces mi encuentro con el Movimiento
de la Nueva Canción Latinoamericana y sus implicaciones
identitarias y políticas.
Estando en la Universidad de Costa Rica, un amigo me prestó unos
discos de unos cantores desconocidos para mí en ese entonces,
sin embargo, luego me acompañarían por el resto de mi vida, se
trataba de Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui y Víctor Jara. Los
pioneros del Movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana.
Ese movimiento musical buscaba contribuir con los procesos de
democratización en una América Latina plagada de dictaduras
militares. Paralelo al discurso político de sus canciones, se
buscaba el reforzamiento de las identidades latinoamericanas. En
esa búsqueda me crucé de nuevo con la herencia africana en los
cantos uruguayos, peruanos, brasileños, venezolanos y cubanos,
por citar algunos.
De regreso de un gran festival cultural en La Habana en 1978 y
estando en Panamá con Leda, mi querida amiga brasileña que
conocí en Cuba, ella me regaló discos de Chico Buarque y
Caetano Veloso, cantautores que completaron el marco de
referencia obligado para entender el crisol de la canción
latinoamericana. Escuchando A construção de Chico Buarque
me asomé a una inmensa ventana de posibilidades creativas en la
canción, aún hoy sigo asomado a esa ventana que Chico abrió para
mí. Tuve el placer de conocerlo brevemente en el año 1983 en un
festival en Managua.
En el contexto costarricense, mi trabajo musical de esa época,
al lado del cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy y el
Grupo Tayacán me había acercado también al tema de la
cultura afro descendiente y la música limonense, pues Luis
Enrique ya había compuesto algunos temas inspirados en
literatura costarricense (de Abel Pacheco y de Joaquín
Gutiérrez) que había musicalizado con ritmos de calypso.
Con Tayacán me fortalecí y aprendí para empezar mi nuevo y
duradero proyecto que sería en el futuro Cantoamérica.
AP
En el segmento de la investigación de las raíces costarricenses
y el tema sobre la identidad va a ser muy importante tu relación
con la artista y folclorista Emilia Prieto. Contanos de tus
experiencias y saberes…
MM
Paralelamente conocí a Emilia Prieto, quien además de
recopiladora de canciones populares vernáculas, cantaba en La
Casona del Higuerón, primer establecimiento en Costa Rica donde
se interpretaba La Nueva Canción Latinoamericana y la trova.
Emilia me señaló la importancia de recopilar música de los y las
viejas cantoras con el fin de entender nuestras raíces de
identidad para procesarlas e investigarlas.
Tenía la imagen de una dulce abuelita pero con el corazón de un
jaguar y la valentía de una luchadora política y cultural que
fue ejemplo vital para mí y para muchos de mi generación.
Aprendí con ella la importancia de revisar el pasado para
construir un presente rico y lleno de cultura identitaria.
La recuerdo a sus ochenta años desfilando por las calles de San
José defendiendo los derechos de los desposeídos y los
silenciados de esta sociedad.
La recuerdo a sus ochenta y cinco años en su lecho de muerte
sonriendo y contándome anécdotas y chistes. Murió un fin de
semana mientras yo recopilaba calypsos en Cahuita, no pude ir a
su funeral pero creo que su espíritu se alegró de saber dónde yo
andaba y lo que hacía en honor a lo que ella me enseñó.
AP
A finales de los setenta dedicás mucha energía y abordás de un
modo impetuoso la investigación sobre el calypso y los diversos
matices de la cultura afrocaribeña… Hay que imaginarte caminando
por los maravillosos senderos de Cahuita, Puerto Viejo, Cocles,
Manzanillo; o en Limón City donde los jeroglíficos linguísticos
y la santería están presentes en los predios, el tajamar,
calles, barrios coloridos y misteriosos; de vez en cuando un
acorde del blues o del jazz te llevan a acercarte a alguna casa
estilo caribeño…
MM
Hacia finales de los años 70 comencé a viajar a Puerto Limón y a
otras localidades del litoral caribeño de Costa Rica con el fin
de conocer más sobre su música y su cultura. Mis primeras
impresiones me llevaron a distintos tipos o estilos de música
que se movían desde el blues, el swing, soul music
hasta salsa, merengue y reggae. Todos estos
estilos musicales, de claro origen afroamericano, se escuchaban
en radio, en bailes, en bares, cantinas, en las casas y en todo
ambiente donde la música popular tuviera un espacio.
Al blues y al swing, los encontré caminando por la
calle principal de Cahuita una tarde de cielo nublado. Al oír
unos elegantes acordes de guitarra me detuve en una casa
esquinera con barandas y decoraciones caribeñas tradicionales y
estuve escuchando ahí por algunos minutos hasta que por la
ventana se asomó una amable viejita que sonriendo me invitó a
pasar para que oyera mejor la música. Al entrar, me encontré con
un hombre ya en sus setentas que interpretaba viejas canciones
de blues con una guitarra eléctrica construida por el mismo y
amplificada con un viejo aparato de los años 50. El hombre se
llamaba Mr. Silvester Plummer.
Los bares y restaurantes de Cahuita, Puerto Viejo y Puerto Limón
ofrecían al turista un repertorio de grabaciones de reggae (Bob
Marley, Peter Tosh, Yabby You, etc.) y de salsa (El Gran Combo,
Willie Colón, etc.). Muy poco o nada de música en vivo y menos
aún de música limonense original.
Mi experiencia de músico y compositor popular me señalaba que
toda esa música que llenaba muchos espacios sociales
importantes, mostraba la ausencia de relación temática directa
con el contexto limonense; esto es, que toda esa música se
consumía, pero no se producía en Limón. En ese sentido, la
observación que hasta ese momento podía hacer corría por los
canales de la música importada y, por tanto, impulsada por la
industria cultural transnacional.
Ya, a esas alturas yo había escuchado música de calypso
limonense en el restaurante capitalino Los Lechones, por
medio de un grupo conocido como El Combo Alegre, el cual tocaba
los jueves en ese local. Este grupo era el primero y el único de
música afro limonense que se podía escuchar en San José hacia
mediados de la década de 1970.
Mi interés por conocer la música producida en Limón me llevó a
indagar de manera espontánea sobre la existencia de compositores
populares en la zona. A través del programa “Somos como
somos”, del Sistema Nacional de Radio y Televisión (SINART)
pude escuchar a varios cantantes de calypso como Buda
y Papa Tun.
AP
En el peregrinaje por Limón vas a encontrar diversos personajes
vinculados al calypso; contanos cómo fue tu encuentro con dos
extraordinarios cantantes: Buda y Papa –Tun… En tu sondeo por
los parajes limonenses llegás a conocer al maestro calypsonian
Wálter Ferguson; él será un parámetro confiable y certero para
ampliar tu conocimiento del calypso; en el año 1997 grabás junto
a tu banda Cantoamérica una colección de composiciones
de Segundo (Así se le llama a Ferguson) bajo el título:
“Calypsonians”.
MM
Como una lenta telaraña que se va tejiendo con el pasar de los
años, fui conociendo más música y más personajes, compositores,
músicos y amantes de la cultura.
Conocí a Papa Tun por casualidad, una noche que fui a
comer al Springfield en Puerto Limón y lo encontré “canjeando”
calypsos por comida. Yo me senté en la barra del bar y me
concentré en escuchar aquellos cantos en una mezcla de inglés
limonense y español, también limonense. Después de varias
canciones él observó mi interés y sin más rodeos me dijo: “You
know music, right?
Sing, sing!” Y comenzó a enseñarme los coros de una canción que
decía: “Milly never live good life, Milly never live good life,
Milly never live good life I know she turn the sailaman wife”.
Papa Tun vivía en una especie de tugurio en el Barrio de
Cieneguita y se ganaba la vida afilando cuchillos y soldando
ollas por las calles de Puerto Limón. Murió como vivió, pobre y
olvidado, hasta que alguien recuerda su célebre calypso
“Zancudo, Zancudo”, conocido por todo limonense actual.
En 1980 leí el libro What Happen, de Paula Palmer, el
cual recopilaba testimonios, relatos y anécdotas dentro del
marco de la historia oral del sur de la provincia de Limón,
específicamente el cantón de Talamanca. El mismo mencionaba la
existencia de Wálter Ferguson, el músico de Cahuita.
Por medio de Paula Palmer conocí al calypsonian que con
el paso del tiempo llegaría a ser reconocido como uno de los más
importantes compositores afro costarricenses; ese es Mr. Wálter
Ferguson, conocido como Gavitt o como Segundo. Al
escuchar sus calypsos supe que me encontraba frente a un gran
compositor, que su música tenía una particular vinculación con
una identidad afro limonense y que mostraba una impresionante
pertinencia en la vida social y cultural de la costa de
Talamanca.
Mr. Wálter Ferguson pasó a ser un gran amigo y una especie de
mentor e inspirador de mi trabajo musical en los años
subsiguientes.
A Buda lo conocí en un festival dedicado a la conservación de la
tortuga a principios de la década de 1980 y luego lo volví a
encontrar en tiempo de carnaval pidiendo limosna en la acera del
Banco de Costa Rica en la ciudad de Limón. Con él desarrollé una
buena amistad, que permaneció hasta su prematura muerte en los
años noventa.
De pronto, empecé a conocer una práctica musical no detectable a
simple vista; es decir, una serie de hacedores de música y un
repertorio local de canciones, que, sin figurar en grabaciones
discográficas y sin sonar en la radio, estaba allí y tenía un
espacio social que había llenado durante años las necesidades
expresivas y recreativas de un importante sector de la población
limonense.
Años después conocí a otros grandes calypsonians como son
Cyrilo Silvan, Herberth Glinton (Lenkí) y Reynaldo Kenton
(Shantí) con ellos hicimos varios conciertos en los años noventa
y comenzamos una especie de Buena Vista Social Club al estilo de
Limón. Los tres habían sido fulgurantes estrellas en los
carnavales de los años 50 y 60 pero estaban semi retirados y
las nuevas generaciones ya no los conocían. Su resurgimiento fue
grandioso y actualmente seguimos haciendo conciertos y discos
para el deleite de nuevas y viejas generaciones de
costarricenses.
AP
La filosofía musical del calypso está configurada de letras
sencillas que describen las tradiciones y costumbres de los
habitantes de la cultura caribeña con mucho humor y el fondo
rítmico /melódico del banjo, guitarra y quijongo, junto a la voz
del cantante. Hay una composición de Segundo que es
apreciada y conocida en muchas latitudes, me refiero a “Cabin
in di watta”…
MM
El mento jamaicano, el calypso, o su antecesor
kaiso o kariso de Trinidad, los cantos religiosos, el
baile de cuadrilla y el uso de instrumentos de origen
africano y afrocaribeño, son solo algunos ejemplos de la rica y
variada expresión cultural que llegó a Costa Rica con aquellos
inmigrantes en 1872.
Dentro
de esta variedad de expresiones musicales se destacan los cantos
denominados calypsos, cuya pertinencia y popularidad, desde la
década de 1940, han marcado el paisaje de la provincia de Limón
y han generado un repertorio propio que refleja la vida y la
historia de su pueblo.
En la provincia de Limón, decir calypso es referirse a un
estilo musical que contiene insumos importantes del mento,
del son cubano, del original calypso trinitario y,
después de los años ochenta, del reggae y de la salsa.
Toda esta fusión musical llamada calypso limonense
guarda, sin embargo, desde el punto de vista filosófico y ético,
un paralelismo importante con la figura del calypsonian
trinitario como hacedor de canciones, más allá de sus rasgos
puramente musicales.
El calypso narra hechos históricos, anécdotas, chismes y chistes
sobre la gente, tradiciones culturales, es una especie de
periódico popular que no usa papel, ni tinta, ni imprenta y que
siempre está ahí para ser escuchado por la comunidad.
El artífice del calypso limonense Wálter Ferguson, hoy con 92
años sigue contando historias, aunque ya no las canta. Una de
sus célebres composiciones es “Cabin in di watta” que narra las
contradicciones de la implantación del Parque Nacional de
Cahuita con la comunidad. Por medio de una anécdota de su amigo
Bato que construyó una cabaña sobre el mar cahuiteño en clara
contradicción con el gobierno, Mister Ferguson logra sintetizar
la situación de una manera chistosa pero con gran profundidad.
AP
¿Cómo definís a un calypsonian?
MM
Un calypsonian es un trovador, un crítico social, un artista y
un entretenedor, un periodista popular, un comentarista
político, un performer, un alma libre y sobre todo un heredero
de la entraña cultural africana en el Caribe y un continuador
del Griot de la Madre África y del Chantuelle, primigenio cantor
del Caribe durante el esclavismo.
AP
En Limón se acostumbra llamar a los que no son afro
descendientes “paña”; ¿se puede afirmar que eres un “paña
calypsonian”?
MM
Por la vía de mis procesos de culturalización temprana soy un
paña, por la vía de mis procesos más recientes y conscientes soy
un hibrido genético que también contiene la herencia africana.
Soy un cantor de calypso y de otros tipos de canción, me hubiera
gustado ser un calypsonian pero no lo soy, apenas soy un
seguidor de los grandes cantores limonenses.
AP
La propuesta musical de Cantoamérica se fundamenta en
fusiones de la música afrocaribeña con el blues, jazz, rumba y
expresiones de la batucada brasileña… Has participado con
Cantoamérica en conciertos y presentaciones por Europa,
Africa, Asia y Usa. ¿Cómo digieren los espectadores las diversas
propuestas musicales?
MM
Son ya muchas giras transcontinentales, en las cuales hemos
podido observar cómo la gente recibe con sorpresa nuestro
repertorio afro viniendo de un país como Costa Rica que siempre
se proyectó como un país “blanco”. La fuerza del calypso
limonense, la ternura del bolero y la energía híbrida de nuestro
repertorio, que resulta costarricense en su temática y en la
manera de interpretación de las raíces afroamericanas, nos ha
permitido una comunicación fluida con los públicos del mundo más
allá de las fronteras lingüísticas. El año pasado en Benín,
África, logramos compartir esas raíces con músicos de allá y
grabamos un disco que hermana nuestros repertorios pues
fusionamos los cantos y los instrumentos con la fluidez de
quienes navegan por el mismo cauce.
AP
Puerto Limón es conocido por sus colores tropicales, la música,
la gastronomía sincrética, la belleza de sus playas texturadas,
y por sus carnavales que se llevan a cabo en el mes de octubre,
desde hace varias décadas. Hay calypsos que homenajean al
Carnaval de Limón… Recuerdo “Los Carnavales en Limón” y
“Carnaval day” del grupo Kawe Calypso… Podrías
describir un día de carnaval…
MM
En el dia de carnaval Limón despierta, ríe y baila. Ya no hay
diferencias y todos participan de la fiesta. El ritmo de los
tambores recuerda aquella tierra transatlántica de donde
vinieron los ancestros africanos. Ferguson nos dice: “El pobre
Willie y su mamá Maymay, mírenlos empujando entre la multitud en
el día de carnaval, no tienen qué comer, ni tienen qué vestir,
pero al carnaval ellos tienen que ir…”
AP
Hace unos pocos meses apareció Centroamérica en una cajita de
música; vos participás con el pianista Manuel Obregón y los
calypsonians limonenses; a lo largo del Cd se puede escuchar un
desfile de voces y ritmos centroamericanos. Además del esfuerzo
de “rasgos de identidad”, el sello editor Papaya Music, presenta
una especie de “arte objetual” en el diseño…
MM
Papaya es un fenómeno discográfico enmarcado en un proceso a
veces intangible de acciones orientadas a revisar las
identidades costarricenses y centroamericanas. En las últimas
tres décadas, un sector de artistas, investigadores sociales y
productores culturales han emprendido la marcha hacia las raíces
reales de la cultura en contraposición con las naciones
inventadas como diría Benedict Anderson.
Hace algunos años Papaya surge como la discográfica de lo
invisible, de lo que no existía para las grandes empresas del
disco. De esa manera el público costarricense e internacional
tiene acceso a Wálter Ferguson, Max Goldemberg o a las Leyendas
del Calypso Limonense.
Su producción destaca no solo lo musical, inherente a su
vocación de disquera, sino a la plástica y el arte visual en
función de esa revisión estética de la cultura popular de la
región.
AP
Refirámonos a Calypso sinfónico; hubo una presentación en
días recientes (Junio, 2011) en la explanada de la Catedral de
Limón... El protagonista fue el calypso limonense; participó
Cantoamérica con la Banda de Conciertos de Limón… Los
calypsonians convidados fueron Shantí, Cyrilo Silvan y Yuní…
¡Un espectáculo de lujo; en armonía con el entorno y la
cultura afrocaribeña!
MM
Bueno pues, espectáculos como ese son parte de los logros de un
proceso de tres décadas de Cantoamérica y su relación con los
calypsonians limonenses. En un afán de colaborar con la
visibilización del calypso y sus creadores, hemos generado
iniciativas en distintos momentos para renovar, dentro de un
proceso de conservación, las expresiones ligadas al calypso
limonense.
En el 2004, para el Festival Nacional de la Artes que se llevó a
cabo en Limón, se me ocurrió reunir a estos viejos calypsonians
y acompañarlos con mi banda Cantoamérica para presentarnos
durante el festival. Organizamos un repertorio con lo más
representativo de Lenkí, Silvan y Shantí. El impacto fue
positivo tanto en público como en los medios de comunicación.
Ya a estas alturas yo me encontraba interactuando dentro de una
especie de taller de investigación sobre la Africanía, promovido
por la Doctora Rina Cáceres, desde el CIHAC, Centro de
Investigaciones Históricas de América Central, en la Universidad
de Costa Rica. Fue allí donde empecé a elaborar una tesis para
la Maestría en Artes, dirigida por Rina, Lara Putnam y María
Clara Vargas. Esa experiencia de intercambio investigativo con
distintas personas que como estudiantes o profesores,
discutíamos quincenalmente sobre el avance de los procesos de
investigación de cada uno, intercambiando ideas de cómo abordar
el objeto de estudio o cómo resolver problemas metodológicos,
propició en mi un camino hacia la formalización de productos
investigativos y musicales que surgieron en años posteriores.
En el 2005 la editorial de la UNED publica el libro “Ritmo,
Canción e Identidad: Una Historia Sociocultural del Calypso
Limonense”, en el cual intento hacer una síntesis de mis
experiencias y recorrido por los pueblos limonenses y los
encuentros y diálogos con los calypsonians y otros personajes
relacionados con la expresión musical limonense. El texto además
hace referencia a las migraciones de las Antillas hacia Limón y
la posterior jornada histórica del pueblo afro limonense en
territorio costarricense.
Posteriormente, con el pianista Manuel Obregón y la empresa
Papaya Music, grabamos el disco que captura el talento de los
calypsonians Lenkí, Silvan, Shantí incluyendo además a Roberto
“Congoman” Watts y a Emilio Álvarez “Juní”, otros destacados
cantantes de calypso limonense. Este disco se perfila como una
antología del calypso de Puerto Limón, impregnado de la
cosmopolita relación del puerto con otros puntos caribeños como
Panamá, Jamaica, Trinidad y Nueva Orleans en Estados Unidos.
Artículos, ensayos y otras grabaciones discográficas han sido
también parte de este proceso, que a lo largo de décadas he
recorrido acompañado de músicos, de calypsonians y de
académicos, en un continuo ir y venir entre la práctica musical
y la investigación cultural.
Dentro de esta perspectiva, lo más reciente es la incorporación
de una banda sinfónica al trabajo de Cantoamérica y los
calypsonians. La Banda Nacional de Limón nos invitó a hacer un
par de conciertos con ellos, –con un repertorio exclusivo de
calypso– y la participación de las leyendas del calypso: Silvan,
Kenton y Juní. Un primer concierto en el Teatro Melico Salazar
en San José y otro en la plaza de la catedral de Limón.
Excelente audiencia, el público y los músicos contentos y
satisfechos y la perspectiva de otros trabajos juntos. Esta es
una acción innovadora en tanto las Bandas Nacionales,
pertenecientes a la estructura oficial de la cultura,
normalmente han manejado otro tipo de repertorio, más
conservador y excluyente de la cultura popular.
|
Alfonso
Peña
(Costa
Rica,
1950).
Escritor,
editor y provocador.
Entre algunos títulos
publicados mencionamos:
Noches de celofan;
La Novena Generación;
Labios pintados de azul;
Cartografía
de la imaginación.
Dirige la revista Matérika
(www. materika.org).
Entrevista realizada en agosto de 2011. Contacto:
manija05@yahoo.es. Página
ilustrada con obras de Luciano Bonuccelli (Itália),
artista invitado de esta edición de ARC. |

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