Los viajes más enriquecedores se realizan
a través del lenguaje. La geografía es una fuente
de experiencias sensuales generadoras
de reflexiones diversas, pero es la lengua
la que te hace viajar por el espíritu de las civilizaciones. [J.C.M.]
El escritor Juan Carlos Mieses nació en El Seybo -República
Dominicana- en 1947. Lo conocí en un vuelo de Air France, en octubre de 1969, que nos
llevaría a la iluminada región dOc de trovadores y juglares y cortes de amor
-misma de los Marcabru , Rudel, Vidal, Daniel, Ventadour... errantes poetas medievales que
entretejerán la voz y sus composiciones literarias a la voz y los instrumentos musicales
de los juglares, abordarán y asumirán nuevas temáticas pero asimismo inéditos
imaginarios del amor que marcarán la cultura occidental hasta el presente... presente que
un día será eco vital y estético de la escritura poética de Juan Carlos Mieses. En
nuestro vuelo Bogotá - París - Toulouse, Juan Carlos nos recitaría diálogos y
secuencias memoriosos y fascinantes de las obras de Molière... Venía de ser actor del
Teatro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo durante los años de 1966 a 1969. En
Toulouse, adelantaríamos estudios literarios por varios años, guardando como recuerdos
preciosos las voces de los maestros y amigos Gilard, Carassus, Couffignal... como también
la algarabía liberadora posterior a mayo de 1968 y las vivencias maravillosas de la
ciudad rosada de Toulouse. A su regreso a la República Dominicana en el universo
histórico y sociocultural del Caribe -más adelante continuará su errancia por
diferentes países y Continentes- reiniciará una significativa obra poética de
dimensión nacional e iberoamericana, obra comenzada con textos de juventud publicados en
la página literaria del Listín Diario, dirigida en ese entonces por Pedro Contín Aybar.
En 1983, Juan Carlos Mieses obtendrá con el libro Urbi et Orbi
el Premio Siboney. Dos años después recibirá el mismo Premio con la obra Flagellum
Dei. El Premio Pedro Henríquez Ureña le será concedido en 1991 por Gaia.
En 1995, publicará en edición bilingüe (languedoc-castellano), Absolución de
letèrne; en 1997, Dulce et Decorum est; en 1998, Aquí, El Edén.
Y finalmente en 2001, recibirá con Desde las Islas el Premio Internacional de
Poesía Caribeña Nicolás Guillén.
Acompañados de Sophie Maríñez y Floriano Martins -el gran
poeta, traductor y ensayista brasileño- conocedores de su proceso creativo y serios
lectores de la obra del escritor dominicano -además de la escritura poética mencionada,
la dramaturgia teatral, la guionística de espectáculos populares y la narrativa:
cuentística y novelística-, nos detendremos en aspectos fundamentales, a la vez que
transversales, los específicamente literarios (temáticas, ritmos,
lenguaje(s), estructuraciones, significaciones) y contextuales de su poesía. Ello, en
diálogo con Juan Carlos Mieses, viajando enriquecedoramente por su lenguaje y en busca de
su subjetividad, saber y hacer poéticos. [CVZ]
CVZ - Al preguntarte Floriano Martins de qué manera te relacionas
con una visión de la poesía como canto de un lugar, respondes: "Es a
partir de una porción del mundo (la que sentimos que nos pertenece, o más bien que
pertenecemos a ella), que entendemos, imaginamos y construimos todo lo demás". Y
subrayas: "Ese lugar nos acompaña siempre, nos da el sentido del orden, de la
pertenencia, y se refleja, de una u otra manera, en nuestra poesía". Ese ser en
el espacio Caribe (el narrador colombiano Germán Espinosa, autor de La tejedora de
coronas, afirma la universalidad de ese mundo mestizo), ¿de qué corporeidades,
voces, nombres, recuerdos, sonidos, imágenes, aromas, sabores, valores, pasos, calles,
línea de horizonte, vivencias, imaginarios... te constituyes frente al mar del Nuevo
Mundo? ¿A qué sentido del orden y pertenencia te refieres?
JCM - Del mundo, que es un concepto ilimitado, no poseemos, no
podemos fatalmente poseer, sino imágenes parciales. Esa limitación se repite sin tregua
como una estremecedora metáfora en la relación entre la palabra y el lenguaje (quizá
porque la realidad del hombre sea la utopía). Ahí reposa, uno de los impulsos primarios
de la poesía, no diferente a la magnífica búsqueda de Arquímedes del punto preciso
para el logro de lo imposible. No podemos aprehendernos sino a través de otras cosas, en
relación con el mundo sensible, como no se puede entender un caracol sin la idea del mar,
del tiempo, del principio y del fin, de la vida como combate, búsqueda y realización.
Quizá porque somos siempre aquí y ahora, como afirmaba Lindegren, los arquetipos
personales nos persiguen y nos ayudan a surcar lo arcano de nuestros días cubriendo
nuestro mundo con un nostálgico manto de familiaridad. Por eso tal vez todos los pinos
del mundo se inclinan y murmuran como aquellos de Santa Cruz del Seybo, todas las palomas
parecen mirar hacia el oriente, el porvenir es siempre una esperanza y un enigma, el mundo
un lugar más allá de las colinas de mi infancia, y la expresión "allende el
mar", oída en Simbad por vez primera, no ha dejado de ser una promesa.
CVZ - Aquí el edén (1998) abre con el texto "Son
muchas las ciudades. En una, cada noche giran los astros sobre una misma estrella(...). En
otra, las noches están hechas de amargura, de sordidez, de desolación. Otra aun,
encierra en su interior un enorme bosque(...) y todas, todas tienen el mismo nombre".
Preguntándote e inquiriéndonos a los lectores: "¿Cuál de ellas es mi
ciudad? ¿Cuál es la tuya?". Así aprehendidas y nombradas las ciudades, ¿qué
es El Seybo para ti, qué Santo Domingo? ¿Qué significa la República Dominicana como
matria y patria?
JCM - "Matria" es un hermosa palabra. Impregna la idea
de hogar con la de terruño; la de familia con la de casa; la de ternura con la de
pesebre; la de abrazo con la de frontera. La patria no es un lugar diferente a nosotros
mismos; está en nosotros y nosotros en ella. Sus ríos corren, como otras venas, por
nuestra geografía; sus mares se derraman, como otras lágrimas, en nuestros ojos. Sus
fronteras dependerán de la osadía de nuestros sueños, de la universalidad de nuestra
visión. La patria es, como todo lo demás en nuestras vidas, una búsqueda, y es ese
quizás su aspecto más íntimo, su realidad más tangible. ¿Quién no prefiere, la
Kaddath añorada a la que la finalmente encontró Carter, el múltiple durmiente de
Lovecraft? Como él, también yo busco a Kaddath aunque secretamente sepa que vivo en
ella, aunque sospeche que la nostalgia es a menudo un pudoroso disfraz de la esperanza.
CVZ - Afirmas que el azar quiso que en tu proceso formativo
descubrieras a Rubén Darío. Delimitas tu deuda con quien habría posibilitado una matriz
significativa en el decir y decirnos literaria y socioculturalmente, es decir,
simbólicamente en lengua castellana desde el Modernismo (entendiendo el Modernismo como
nuestra Modernidad literaria): "Lo que le debo a Darío es el placer de la palabra
precisa, el sentido de una escritura sonriente, la visión del verbo como sortilegio, la
magia sencilla hecha con las cosas de todos los días... y esa íntima
convicción de que la palabra es un vínculo prodigioso entre lo cotidiano y el
misterio". Puedes indicarnos algunos de esos textos darianos de tu placer, el
verbo y la escritura sonrientes y abiertos a la magia y el sortilegio? ¿Qué textos o
poemarios tuyos dialogarían con los de Darío?
JCM - Pienso, como afirmaba Borges de Oscar Wilde, que Darío
siempre tiene razón, y que bajo su festiva apariencia se abren grandes abismos de
certezas. Darío es un poeta y los poetas poseen la virtud de los verdaderos magos; aunque
no se lo propongan muestran, en cada sorprendente paloma, en cada verso hasta entonces
inimaginado, el aspecto más fundamental de la vida: su lado milagroso. ¿Cómo no ser
sensible a aquella declaración de Poesía, que requiere del cariño de las niñas
princesas, cisne hecho de perfume, de armiño, de luz alba, de seda y de sueño? Concepto
"sentimental, sensible, sensitivo" que se nutre y se define en los telúricos
dominios de los sentidos, y en los vuelos del alma.¿Cómo no admirar ese caballero casto,
puro, celeste, animoso, que sobre el lomo de Pegaso cabalgaba sobre letanías como un
nuevo Fernán González muy siglo dieciocho y muy antiguo y muy moderno, audaz,
cosmopolita, buscando, en el cinto la espada y en su mano el azor, un beso que bien valía
otra Castilla? ¿Cómo no apreciar ese ser en cuyo interior cantaban lasalondras promesas
de un verso, de una perla, de una pluma y de una flor? ¿A ese hombre tímido que como
Franklin Mieses seguía siendo un niño atrapado entre verdades? ¿A ese poeta, siempre y
a pesar del tiempo terco, en busca de amores que eran pretextos de sus rimas, fantasmas de
su corazón? ¿Cómo no escuchar, cuando sopla un aire suave de pausados giros, galantes
pavanas, fugaces gavotas, o la risa cruel y eterna de la divina Eulalia, acaso la última
de sus princesas inaccesibles?
CVZ - Aprendes francés en tu adolescencia para leer a Verlaine
(luego el azar en el descubrimiento de Darío sería más que un coup de
dés...): "Junto a Verlaine me esperaba toda una dimensión de pensamiento,
una manera diferente de ver y de expresar el hombre y su entorno, de apreciar la
palabra".¿Qué textos de Verlaine marcaron al joven poeta Juan Carlos Mieses
avant-la-lettre, es decir, antes de tus vivencias en Toulouse y el país
francés?
JCM - Verlaine siempre ha sido para mí, más que una fuente, un
símbolo de manantial. Más que sus poemas, ha sido su idioma, la lengua francesa con su
tranquila precisión, su discreta belleza, su cartesiana claridad, su elegante impudor, la
que embrujó mi fantasía. Claro que aquellas lluvias que lloraban en su corazón,
aquellos largos sollozos de violines de otoño que le herían como badajos espirituales,
constituyen dominios secretos por los que vaga a veces mi espíritu. Buscaba a Verlaine
porque Darío lo llamaba maestro mágico, liróforo celeste y derramaba rocío, vino y
miel sobre su tumba; en ese andar hice otros caminos que me llevaron a Valéry, a
Apollinaire, a Ronsard, a Brel
Pero también al sueño cátaro, a los acentos del
Mediodía, y a otros destinos.
CVZ - Reconoces otras deudas literarias a nivel de tu país. Dices
por ejemplo de Franklin Mieses Burgos que "su concepto del ritmo interno del
verso" es importante para tu propia estética poética. Tomas en exergo de Urbi et
Orbi estos versos suyos:
En una muerte amarga, solitaria, sin fondo;
En una muerte eterna hecha de eternidades.
¿Ese ritmo interno del verso lo relacionarías con aquella
flauta de la respiración de la que habla Mallarmé al escribir tus propias obras (la
melopoeia, como la conceptualiza Ezra Pound)?
JCM - Me parece muy adecuado el término latino de melopoeia
para hablar del ritmo interno del un verso, y no puedo dejar de imaginar a Pound, en una
jaula colgante, en una Italia reconquistada por los aliados, tarareando sus demonios en
una confusa sucesión de imágenes y sentimientos que embriagarían al mismo Khayyam. Sin
duda mis conceptos de melodía como elemento revelador de escondidas virtudes en las
palabras, le deben mucho a Franklin Mieses. Pero no es ese aspecto, que separado del
movimiento arrasador de su poesía pierde todo sentido, lo que admiro, sino el conjunto de
su quehacer poético. Cuando lees: "Cuando una rosa muere, deja un hueco en el aire
que no lo llena nada," no puedo dejar de admirar el simbolismo de esa rosa
"herida abierta y desangrándose en el aire" que nos habla de ilusiones, de
pasados y futuros perdidos para siempre, y para siempre presentes. A otros les debo, que a
la vez les deben a otros
La lengua, como el aire que respiramos, como el barro que
nos conforma, ha sido antes de otros. Es un consuelo, una armadura contra la soledad
pensar en la continuidad de una individualidad plural, pensar que si somos ahora
"hombre, artista, cosa, ángel y bestia" es porque antes, otros han sido, y
hemos sido en ellos.
CVZ - Del primero al último poemario se registra un diálogo, una
polifonía de voces: Baudelaire, Heráclito, Amiano Marcelino, Jordanes, Casiodoro,
Virgilio, Amédée Thierry, Próspero de Aquitania, Maurice Bouvier - Ajam, Edward Gibbon,
Máximo Avilés Blonda, Horacio, Antonio Machado, el ya citado Franklin Mieses Burgos,
Shakespeare, Pedro Mir, Salomón, Bertold Brecht... En una perspectiva moderna,
¿leerías, luego escribirías?
JCM - ¿No es lo mismo? ¿No escribimos todos Don Quijote junto a
Pierre Menard, en cada lectura? Desde luego, lo contrario no es cierto y ciertamente en
principio se puede escribir sin leer, aunque se corre el riesgo de recrear, por
ignorancia, las obras de otros. Faulkner piensa que si Homero o Shakespeare hubiera vivido
dos mil años los editores no habrían necesitado a nadie más. Es bien posible. Debo
señalar que la mayoría de los escritores debemos considerarnos afortunados si podemos al
menos escribir una sola obra, la nuestra. La lectura, además de llevarnos a otros mundos
interiores, a otros caminos, a la vez iguales y diferentes a los nuestros, nos ayuda,
entre otras tantas cosas, tan agradables como sorprendentes, a delimitar nuestro propio
infinito.
CVZ - Floriano Martins te interroga sobre la manera como abordas
la escritura de tus libros y enfrentas el desafío de la escritura poética. Le respondes
-a mi entender- formulando a la vez un proceso creativo de la palabra poética, la
génesis de tus obras y una estética. Tus palabras son las siguientes, mismas que me
parecen significativas y por esa razón las transcribo in extenso: "Cada
uno de mis libros ha tenido puntos de partida diferentes que me han empujado, cada vez, a
reinventar mi poesía. Creo que lo mismo sucede con los demás poetas. Lo que afirma
Alcántara Almánzar se aplica a toda poesía verdadera porque en ella las palabras
adquieren valores inéditos en sus connotaciones, en sus resonancias a través del paisaje
lingüístico, en las curvas melódicas de las frases, en su riqueza sintáctica y en su
tesoro de imágenes, movimientos y referencias de todo tipo, ya que la poesía cuando
dice, sugiere; cuando nombra, bautiza; cuando señala, descubre; cuando muestra, asombra
como los magos; cuando habla, canta; cuando se asoma, renace cada vez como manantiales de
Heráclito. Nunca he tenido la impresión de enfrentar un desafío al escribir un poema,
sino más bien, de ir en busca de un acertijo. No se trata de comunicar con otro ser
humano, lo que en sí ya es difícil, sino de dejarle ver una parte de la realidad con
nuestros ojos, de dejarle sentir el mundo con nuestra intimidad, prestada durante la
lectura. Mi escritura, en sí misma, se alimenta de elementos que yo llamo elemento
orbital porque es a su alrededor que gira y nace la totalidad del texto; puede ser
una frase como en el caso de Gaia (un verso del poeta sueco Eric Lindegren); puede
ser una melodía, como en Flagellum Dei (Carmina Burana de Orff), o la imagen
múltiple de una ciudad (Aquí, el Edén). Pero como en la música, son los
silencios que la conforman en última instancia; detrás de las palabras, de los ritmos,
de las denotaciones y de los temas se esconden sus diversos sentidos y sus verdades. ¿No
es acaso lo mismo para todas las cosas de este mundo?" Detengámonos un instante
en el elemento orbital, a partir del cual nace y gira la totalidad del texto.
Este, me pregunto, platearía un ir y regresar, un explayarse para volver temporal y
espacialmente, que apuntaría a trazar un ritmo: ¿Se trata de un ritmo y quizás de una
melodía o bien de una imagen corporal/ textual?
JCM - Siempre he soñado con preguntarle a San Agustín en qué
pensaba Dios cuando flotaba sobre la Nada, justo antes que con una espada de luz, una
palabra reluciente, abriera las aguas bajo las aguas, y siempre he soñado el sueño de un
San Agustín que me responde: "en un punto". Entonces imagino a Dios, como un
griego infinito, prolongando aquel punto hasta hacer un recta, desplazando esa recta sobre
sí misma hasta convertirla en un círculo que a su vez gira y se transforma en esfera, y
lo veo, eufórico, feliz, providencial, temerario, creando átomos y mundos y universos
sobre aquel arquetipo de perfección, y finalmente al hombre, en una osada y sorpresiva
inspiración del sexto día. Más que ritmo, melodía o imagen, ese punto, ya estalle en
explosión generadora, ya se transforme en un génesis de siete días, es espacio de
partida, modelo de creación; es un blanco ideal para una flecha que como la del arquero
eleático no terminará nunca de llegar. "Todo pasa y todo queda" y ese pasar
nos define en una vida que es muerte a cada instante, en una muerte que nos precede y
asegura en nosotros su propio porvenir.
CVZ - ¿Cómo se produce luego en el lenguaje el camino en
busca de un acertijo -acertijo, en el sentido abierto de enigma y desciframiento,
saber y ser, inacabados-, en el que el poeta sugiere, bautiza,
descubre, asombra, canta y renace cada vez como
manantiales de Heráclito? ¿Es un camino de intuiciones, al tiempo que aquel de una
lógica propia -no binaria- del lenguaje poético de la modernidad y la postmodernidad,
auto-referencial?
JCM - Los poetas no buscamos nada, muchos menos acertijos; son
ellos los que nos encuentran, nos conmueven y nos impelen a escribir. No sé de quién es
esa voz que mi dictó al oído los versos del Flagellum Dei; ignoro qué me impulsó a
decirle al gran rey, su pira mortuoria: "se consume en las cosas tu presencia que
soledades últimas abruman". Sin duda, como el amor de Musset, la poesía tiene
razones que la razón no entiende. ¿Cómo? ¿Por qué? Lo ignoro. Se han erigido
filosofías y religiones en torno a esas palabras. Recuerda que sólo soy un literato;
dudo que alguna vez tenga respuestas a esas interrogantes que, como toda pregunta
verdadera, van más allá de su propia enunciación.
CVZ - El acto de escribir -afirmas a Sophie Maríñez -me hace
sentir que estoy vivo y que tengo un lugar específico en el mundo. Y si bien podría
ser in-comunicable, ¿buscaría dejarle ver al lector o bien a una comunidad de lectores una
parte de la realidad con nuestros ojos, de dejarle(s) sentir el mundo con nuestra
intimidad, prestada durante la lectura?
JCM - Mi afirmación no es restrictiva ni excluyente. Hablaba de
un aspecto de la literatura como acto de comunicación y de realización. No pretendería
definir un texto o un quehacer creativo, en base a sus solas intenciones o a sus
resultados subjetivos. Si así fuera las obras no poseerían cualidades intrínsecas y las
cuartillas de los autores anónimos serían tan incomprensibles como vanas. Una obra
verdadera genera su propia universo de posibilidades y su propia definición. El creador
es el primero en asombrarse de su criatura cuando, como otro Frankenstein en la penumbra
de sus dominios, en medio de sus tormentas, descubre que la hechura de sus manos, respira.
CVZ - Nombremos ahora -entretejidas a tu telar poético del
elemento orbital como impulso vital o semiósico de tu escritura- varias
temáticas que trabajas en tus libros, temáticas que se interrelacionarían mirado el
conjunto de tu escritura literaria. Entre otras: la busca de los orígenes, lo histórico
y sus relaciones dialógicas con el presente de la memoria, el mundo del Caribe y lo
local, lo urbano y lo cotidiano y, finalmente, las identidades (subjetividades e
intersubjetividades) siempre en proceso en el contexto de la nación y del universo
Caribe. Sobre la primera formulas a Floriano Martins que se trata de una preocupación: "La
búsqueda de los orígenes es una inquietud legítima y natural en todo ser humano, y como
intelectual nos adentra en el tema de la creación, la evolución y la definición misma
de la vida". ¿Podrías relacionar tus palabras con tus obras poéticas?
JCM - ¿No es esa una labor de la crítica y no del poeta? Dicen
que Adán, inquilino privilegiado del Edén, no soportaba la soledad; quizá lo que le
faltaba era la perspectiva necesaria para su auto aprehensión, algo que ni el barro, por
su carácter limitadamente material, ni el Hacedor, por su inimaginable desmesura, le
brindaban. Para entendernos no nos basta un: de dónde, ni un por qué, ni un cómo.
Requerimos del Otro. Del ente semejante que por ser como nosotros permite establecer las
bases de una diferencia, de unos límites que nos definan. Esas preocupaciones las puede
encontrar el lector desde Urbi et Orbi, pasando por Gaia, hasta Desde las
Islas, pero me parece indelicado que el autor limite la lectura de su obra.
CVZ - Sobre la segunda enuncias lo siguiente: "La Historia
funciona como un espejo temporal de las sociedades; interesarse en ese espejo, mirarse en
él, es una forma de buscar la comprensión de lo que somos, como individuos y como grupo
social". Haces luego referencia en esta perspectiva a Desde las Islas.
Ocurriría lo mismo con tus obras anteriores, desde la inaugural Urbi et Orbi.
Valgan dos ejemplos, como "Ciudad de siempre": Mi ciudad/ Inmune a mis
olvidos... y "Santo Domingo": Y ese rumor de siglos en las olas/ Se
vuelve una canción de soledades...¿Qué se refleja en ese espejo temporal para ser
-ontológicamente hablando-, individual y colectivamente?
JCM - Ontológicamente hablando
todo, todos, yo, nosotros.
¿No lleva todo camino hacia el infinito? ¿No es cada hombre un arquetipo en plena
mutación con una carga de sal que separa sus recuerdos de su nostalgia? ¿Con una la
muerte le da sentido a su tiempo? ¿Con unos instantes pretenciosos de eternidad? Creo que
todos los poetas, a fin de cuentas, hablamos como Whitman, con un "yo" que
sueña con ser "nosotros".
CVZ - ¿Qué sería ese mundo -espacial y temporal, , cruce de
caminos y etnias, cuerpos, memorias, hablas, mitos, imaginarios...-del Caribe y Santo
Domingo, literaria, poéticamente?
JCM - Me gusta pensar en un Caribe y un Santo Domingo
redescubiertos por el arte, por la poesía. El poeta aporta una mirada, un dedo que
señala paradojas, líneas de convergencia, conexiones evidentes o escondidas. Ese Caribe,
ese mundo que llamas cósmicamente mestizo es, sobre todo, mestizamente cósmico y refleja
algo más grande, más complejo y más denso que él mismo, como un capítulo de la novela
universal que el hombre escribe sin cesar con los materiales a su alcance: sangre, sueño,
azar y soledad; como el sencillo reloj de sol que en su siempre cambiante quietud refleja
el universo entero.
CVZ - En cuanto a lo urbano/ cotidiano, releamos: Lunes 6: 25 p.m.
de Aquí el Edén: MIRAN CALLADAMENTE/ LAS ACUARELAS DEL PONIENTE./ No preguntan
cuales/ son esas sombras/ que cubren el atardecer./ No procuran saber/ por qué la
podredumbre/ no ha aniquilado aún/ el ámbar del crepúsculo (...). Es en vano/ que trato
de imaginar las garzas/ dibujando destellos en el río,/ de pensar en la inicua belleza/
de las ecuaciones,/ en la perfecta rigidez de la lógica/ y en aquella mujer que nunca,/
nunca ha de volver. En el libro no habría, no podría haber una objetiva, exterior,
medible temporalidad en el transcurrir humano citadino. Los referentes pueden ser ese
lunes o bien un miércoles o un domingo a tal hora. Como también cualquier día,
cualquier hora, en un registro a la vez lúdico, irónico, memorioso de captura y visión
del instante: ES UN NAUFRAGO TRISTE/ ese pirata que surcaba el tiempo./ Es un muchacho/
que perdió la guerra/ y no lo sabe. ¿Aquí estaría en juego tu afirmación:
"No se trata de comunicar con otro ser humano(...), sino de dejarle ver una parte de
la realidad con nuestros ojos, de dejarle sentir el mundo con nuestra intimidad, prestada
durante la lectura"? Ya has adelantado en parte la respuesta: ...la preocupación
fundamental de Aquí, el Edén es la contradicción entre, de un lado, la
deslumbrante belleza del mundo y del otro, el duro batallar de todos nosotros por la
supervivencia física y espiritual que nos dificulta el disfrute de esos dones".
JCM - En Aquí, El Edén, se conjugaron varias
motivaciones, la más importante fue quizás la necesidad de escribir un libro a partir de
lo citadino, y siempre en torno a un ser humano enmarcado en otros como referencia
múltiple. De ahí los temas de apariencia banal, de ahí esos sujetos salidos de ese
pueblo (Chusma, masa, multitud; "I am the people, the mob, the crowd, the mass")
evocado por Carl Sandburg, de ahí ese múltiple narrador que a veces es corifeo, otras
cronista, sujeto o simple espectador, y que echa mano al cinismo, a la ironía o al pudor
pero no logra salir indemne de la experiencia de sumergirse en la indisoluble dualidad de
las cosas, la luz y la sombra, el cieno y la flor, las palabras y el silencio, el ahora y
el para siempre, la ciudad y el mundo, el yo y el otro, lo horrendo y lo hermoso como nos
dicen las brujas de Macbeth. Y es que no creo en temas poéticos; el germen de la poesía
subyace en cada capa de la realidad. Brecht lo dice mejor que yo:
"Alabad el árbol que desde la carroña sube jubiloso hacia
el cielo. /Alabad la carroña, /Alabad el árbol que se la come,/ pero alabad también el
cielo".
Ahora bien, el poeta propone y el lector dispone, y no sé si esos
tímidos intentos de Aquí, El Edén lograron algunos de sus cometidos, si no,
servirán para empedrar un poco más el infierno, lo que no dejará de ser útil.
CVZ - Como queda dicho, el libro recibió el III Premio
Internacional de Poesía Caribeña Nicolás Guillén 2001. Para Sophie
Maríñez, el poemario "es recurrencia de una obsesión, la del génesis, y
escrutinio de nuestra identidad y formación como nación. Inicia( ) Desde las Islas
con una gran pregunta, pasa( ) por los distintos avatares étnicos, las raíces de nuestra
historia, los iconos tripartitos... y concluye( ) con una gran respuesta". En esta
perspectiva tú señalas: ..."La búsqueda de una definición del hombre antillano
y del dominicano en particular siempre ha rondado mi espíritu. Ese libro es una visión
de cinco siglos de avatares (...), es una palabra adecuada para señalar la evolución de
nuestra Historia. Yo no tengo respuestas, al menos no en el sentido estricto, sólo
preguntas como todo el mundo. Es verdad que nos aferramos a algunas certezas para poder
flotar en este mar de dudas que nos arrastra, por ejemplo, la idea del universo como una
entidad espiritual de la cual formamos parte. Ese es uno de los temas que desarrollo en Gaia,
y de cierta manera, en Desde las islas". De manera sucinta resumes a
Floriano Martins el libro cuando afirmas que Desde las islas estaría en juego
vital a la vez que poético "el nacimiento de un nuevo concepto del Yo".
¿Se trataría de un YO antillano/ universal, temporal/ espacial, histórico/ cotidiano,
dicho/ innombrado o bien escrito/ aún no poetizado, cubierto/ desnudo, silencioso/
bullicioso, línea/ espiral, tersura / cicatriz, material/ metafísico...?
JCM - O de un "yo" que es sujeto plural y se extiende en
el tiempo de las civilizaciones, en el espacio de las culturas, en las utopías de la
Historia. Un "yo" que no por ser antillano deja de ser universal, como el tiempo
que no cesa de ser en el espacio, como esa línea recta que es una espiral como saben los
matemáticos y los poetas (los últimos cronistas de lo fantástico y de lo real). Un
"yo" que reconoce en un espejo híbrido su herencia múltiple y su atávica
constancia, tenazmente renovada como un mar valeriano y que sigue siendo lo que ha sido
siempre : algo que se sobrepasa y se sorprende, una y otra vez, a sí mismo.
CVZ - Desde las Islas se estructura poética y podríamos
decir melódica y musicalmente en seis Cantos: literaria y estéticamente,
¿en qué superficies textuales o partituras se inscriben estos de
manera dialógica ( Dante, Pound, Perse, el mismo Guillén... o bien aquellos lejanos pero
siempre presentes en nuestra memoria trovadores de la amada Occitania)?
JCM - La estructura de mis obras la impone su propia dinámica
interna. Imagino que es lo mismo en las obras de Pound, Berceo, Salomón o Virgilio. Los
temas generan su propio espacio de narración y exigen sus propios límites. Debemos
recordar, sin embargo, que esa clase de preocupaciones no preceden al acto de escritura y
se inscriben casi siempre en un lapso posterior a ésta, cuando interviene la futura
presencia del lector, mis moldes internos de análisis o mi formación académica. La
obra, al final, impone sus exigencias; parte de mi labor consiste en reconocerlas y
respetarlas.
CVZ - Mientras las olas se abren y cierran en preguntas
ontológicas por un nosotros inicial y final en proceso de significación, el poeta
inquiere a su vez sobre la materia de la escritura: es y nos hace ser y
devenir en sus preguntas. Ello, ¿ en el telar y tejido de su lenguaje de aguas
transitorias e intransitivas, olas conjugadas en un nuevo pero común alfabeto del Caribe
universal ( mismo y diferente del Caribe de un Carpentier, un Germán Espinosa, un
Saint-John Perse)?
JCM - La lengua, esa otra patria sugerida por Octavio Paz, nos
contiene a todos como un mar infinito. Allí vamos todos, los ilustres y los humildes,
desnudos u ostentosamente ataviados, balbuceando el nombre de sus olas, deslizándonos
sobre sus ondas vivificadoras, impulsados por una corriente vital que nos nutre y nos
arrastra hacia sus abismos sin fin. Un mar común que nos ahoga amorosamente y nos embruja
a todos por igual. ¿Cómo podría ser de otra manera?
CVZ - ¿Un canto de cantos y voces mestizas, en un nosotros y un
somos de nuevo pena y mirada y querer y trono y árbol y pendiente y viento y sueños y
tumba y tañer y siglos poetizados? Asimismo, ¿isla y gemir y bestia y velamen y soledad
y mar (otro mar aquí recreado) y bosque y metal y vuelo... adjetivados, históricos pero
de igual forma infinitos de alfabetos y lenguaje?
JCM - Sin duda el oficio exige técnicas y rituales, herramientas
y entrenamiento, reflexión y savoir faire, pero al servicio de ese algo esencial,
fundamentalmente auténtico que es la poesía. Como siempre, hacer algo sencillo exige
primero realizar muchas cosas complicadas. Un lápiz o un verso podrían servir por igual
de ejemplo. La técnica no es artilugio, es la naturaleza misma del hombre. El poeta que
reflexiona en torno a las posibilidades connotativas de un adverbio y el físico que
calcula la órbita de un satélite lanzado hacia una luna de Saturno, ofician el mismo
ritual: elucidan las ecuaciones del caos.
CVZ - Finalmente, Juan Carlos, ¿qué otro(s) libros están en
proceso de escritura y de publicación?
JCM - Actualmente trabajo la novela. Así como algunos de mis
libros de poesía rondaron mi espíritu como fantasmas durante años, algunas novelas me
exigen su escritura desde hace tiempo y creo que me ha llegado el tiempo, la madurez, de
escribirlas. Acabo de finalizar: "El Día de Lavalás", situada en un futuro
cercano y cuya trama se desarrolla en torno a un catastrófico incidente en la frontera
(geográfica, histórica, cultural) entre Haití y la República Dominicana. En estos
días trabajo en la preparación de otro libro que se habrá de desarrollar a finales del
siglo XVI, en la isla Española. No tengo en proyecto ningún poemario, esos llegan de
improviso, como los aguaceros de verano y como ellos, irremediablemente, nos anegan.