Clique aqui: milhares de poetas e críticos da lusofonia!

Endereço postal, expediente e equipe

 

 

Um esboço de Leonardo da Vinci - link para page do editor

banda  hispânica

saúl ibargoyen

 

El poeta/escriba de pie ante el mundo

Mericy Caetano

A propósito de El escriba de pie, reciente poemario de Saúl Ibargoyen, recordamos que la canción como composición literaria inicia su prestigio en relación con la experiencia órfica: ésta asigna a la palabra vinculada con el canto una función demiúrgica que tiende relaciones entre lo divino y lo humano.

Once unidades conforman el texto principal, titulado "Canción del escriba de pie". La número 1 tiene un valor introductor que define al poeta/escriba  con una primera persona del singular inicial: "No yo no soy el escriba ni el pintor/ yo no soy el que manda en las palabras"; remite a la referencia autoral implícita : "Nunca escribí lo poco/ de mi nombre;/ dos sonidos solos/ combatiendo por un sitio/ en el aire de metal: / cuatro letras solas/ como huellas de polvo/ en una boca nueva/ sin lluvia y sin sed".

Saúl, el nombre ausente, pero referencial, fragmentado y unido simultáneamente por el hiato en dos sonidos, "combatiendo por un sitio", propone una actitud dialogante que a partir de la segunda  unidad en adelante, estructura el texto en dos registros. Como la corriente de un río, la presencia del escriba  recorre el texto y se impone como eje unificador. Dos registros discuten y se enfrentan sobre la finalidad poética. Dos hablantes ficticios se alejan, se aproximan, se diferencian. Uno encierra sus palabras entre comillas; el otro, simplemente deja fluir las suyas y así se marcan las diferencias.

La primera unidad se extiende como una sucesión de enunciados negativos  que deslinda lo que no se es, una actividad poética que permanecerá en las sucesivas unidades como oposición a la permanente afirmación del prestigioso escriba que transcribe a través de la palabra mágica, el esplendor y la grandeza de la antigua civilización, fundamentada en los vínculos sagrados con la naturaleza. En cambio, este nuevo escriba que poetiza el presente, está de pie. No ocupa el lugar del escritor oficial del antiguo Egipto, poseedor del poder de tener acceso a los misterios  religiosos, al designio de las leyes, a la fijación de la Historia .

Este nuevo escriba está de pie, es libre y "simplemente no puede mentir". No es el poeta de la grandeza que navega en la falsedad de la inocencia, porque no pertenece a ese orden. La seguridad del escriba que se sabe poseedor de la palabra, se desmorona en este mundo, porque su función ha cambiado, ya no existe el mismo orden al que debe representar.

El poeta ha perdido la noción de su autosuficiencia, del privilegio sobre la palabra que convoca, que nombra, que recrea, que decreta, que designa:"Soy débil con toda mi fuerza/ y mis cuartillas y papiros/ se agrisan y se agrietan/ como las verdades/ que no pude escribir/.../ No soy el escriba/ no soy el presunto señor/ de la veraz palabra"(6). Es el que observa la vida cotidiana, la común, con seres humanos sin dioses, animales y objetos diversos: otra versión del universo que exige otra mirada desde el caos del presente.

En la unidad 8, el prestigioso escriba señala una vez más, el poder de lo sagrado y la función del verbo que perece ante la grandeza  de los ciclos naturales, renovadores de la reafirmación de la vida y de la muerte y

ese Nilo celeste que fluye inacabadamente. El poder de una actividad humana se empaña frente a tanta magnificencia: " y el verbo del dios borra/ la entera palabra del hombre/ y el verbo incompleto del hombre borra/ las palabras del dios y de los hombres". El escriba revela su limitación porque la naturaleza toda se canta por sí misma. Pero no se siente desalentado. El escriba tiene conciencia de que es sólo un intermediario, un puente.

El escriba de pie responde con una sucesión de preguntas. Se encuentra ante una situación crítica: "¿Debo negar ahora toda escritura?/ Debo decir que no soy ni seré/ el señor de ningún verbo?" La prestigiosa experiencia milenaria le provoca un sacudimiento interior que redunda en una reafirmación, en un desafío.

En la unidad 10, el viejo escriba reconoce en él la confluencia del ser humano y por qué no la confluencia de los detonantes que hacen a un poeta. En los últimos tramos (11) cierra con coherencia, en relación con la primera parte, el desafío, la reafirmación de lo que no será, a partir de lo que no se es: "Soy el escriba de pie/ y ante mí:/ escribiente cajista plumario/ mecanógrafo/ reiterador calígrafo/ sudatinta copiante pinturero." El léxico corresponde al mundo actual: es escritor y es todo esto al mismo tiempo. El escriba reivindica la dignidad del poeta que seguirá buscando la palabra: "porque huelo y escucho/ las mugres del mundo/ me niego a llorar/ y revuelvo otra vez cada palabra".

Una vez más, la poesía de Saúl Ibargoyen demuestra ser una espada combatiente con su propia palabra, un compromiso con su propio verbo creador, que busca y se propone seguir buscando con lo que se presenta a su alrededor. La actitud de pie es signo de dignidad, de lucha. No es un mero contemplador del universo desde una postura de superioridad como poeta, sino un hombre permeable por sus implicancias con el mundo.  Demuestra su capacidad para trabajar sobre la complejidad estética de las imágenes pero también para confrontar viejos discursos con un léxico globalizado y devaluado: "¿Cómo ser el escriba de conjuros/ y anales y dictámenes/ de cifras y tarjetas y folletos/ para provecho del dios de los turistas/ para lucro del dios de la banca global/ para beneficio de los dioses de plástico/ con todo su famélico poder?" Así se pregunta el poeta.

La respuesta es el poema, porque la poesía es agua que fluye  y se realimenta sí misma, fertilizada en ese símbolo vivo que es el "Nilo celeste". Lo sagrado, no es más que la poesía, eterno devenir de la esencia vital: "porque huelo y escucho/ las mugres del mundo/ me niego a llorar/ y revuelvo otra vez cada palabra". La poesía no se resigna, corre hacia su destino; es la exploración constante de cada palabra, un trabajo, un oficio que se practica desde la humildad, un trozo de Nilo celeste que se continúa en el tiempo de otros tiempos, porque: "Estoy de pie y escucho/ cómo caminan/ las aguas sedientas/ del Nilo celeste", dice el poeta mientras corre hacia el encuentro con el Nilo inmortal. La finalidad demiúrgica entre el lector y la poesía se ampara en este gran símbolo.

 

projeto editorial do jornal de poesia

editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

.

Retorno ao portal da Banda Hispânica
retorno ao portal

Agulha - Revista de Cultura
revista agulha

 

 

Secrel, o provedor do Jornal de Poesia

 

 

 

Só a DIDÁTICA em prol do Homem legitima o conhecimento

A outra face do editor Soares Feitosa, o tributarista