|
Esquema de
la forma poética en Juan-Eduardo Cirlot
Amador
Palácios
La poesía
sobre todo es síntesis,
eliminación de lo narrativo.
J.-E. Cirlot
Antes
de que lea esta nota, se aconseja al lector, si así lo precisase,
que se introduzca en la personalidad y líneas maestras del
quehacer de Juan-Eduardo Cirlot (1916-1973) no por un estudio
analítico sobre su obra -que los hay excelentes-, sino por el
testimonio de sus dos hijas en un texto breve y sustancioso:
Juan-Eduardo Cirlot: un boceto biográfico, por Lourdes y
Victoria Cirlot, en revista Barcarola (Dossier Cirlot),
Albacete, junio 1997, pp. 53-67.
Esta nota
sólo quiere trazar esquemáticamente, y aduciendo algunos
ejemplos, la exposición a grandes rasgos de los procedimientos
más visibles que actúan en la forma cirlotiana, sin entrar ni en
el vasto complejo simbólico que atesora su poesía ni en sus
consistente fundamentación filosófica. Desarrollar, por ejemplo,
la relación entre Cirlot y Heidegger llevaría largas páginas.
Cirlot
cree fundamental unir, dando igual importancia al significado y
la expresión, unos conceptos escogidos con unas formas adecuadas.
Su gran aval es, por un lado, el conocimiento de los grandes
conceptos del ámbito simbólico y, por otro, su saber musical. El
resultado: la Poesía, él la entiende como "aquel lenguaje
encaminado a constituir un universo cerrado por líneas formales"
("La vivencia lírica", en J.E. Cirlot, Confidencias
literarias, Madrid, Huerga & Fierro, 1996, p. 25).
Cirlot
insiste en que ese universo cerrado, conceptual, quede
perfectamente acotado en la cadena temporal del discurso por
unidades rítmicas, es decir, respiratorias, con sus segmentos
fónicos aunados en aquéllas y cualificados por el tono acentual.
Impecablemente, Cirlot atribuye sus justas misiones tanto a la
forma:
Al hablar
de forma no he querido significar sino la delimitación viviente
-esto es, rítmica- que da el movimiento verbal a la sucesión de
frases, aquí versos, de variable metro,
como al
contenido:
Respecto
al contenido, es material poético todo cuanto se halla en
relación con el hombre.
(ibid., p. 26)
La
conjunción entre ese "movimiento verbal" de la forma y el
referente humanista del contenido, según los concibe Cirlot, ha
de producir dinamismo, contenido en el hecho poético como tal
que Cirlot considera dado cuando hay un equilibrio entre la
violencia expresiva y la serenidad referencial, o
representacional, como él precisa (ibidem).
Pero la
poesía no es una ecuación matemática, sino emocional; y esa
emoción que transmite el poeta y acoge el lector a través del
poema -ya experiencia común para autor y lector-, ha de ser
cifrada en la lucha, en el pulso entre el contenido y la
expresión, para al final las palabras llevarse la palma o
usurpar funciones del contenido. Así lo establece Cirlot:
Queda así
constituida una zona temblorosa en la que las palabras se
esfuerzan no ya por llenarse de sentido, sino por serlo ellas
mismas.
(ibid., p. 27)
Si bien la
poesía, como la lengua, es forma y no sustancia -tal aseveraba
Saussure-; y aunque, efectivamente, y al final del proceso, la
poesía se resuelva en una forma, también es cierto que la poesía
parte de ideas, se hace con ideas, como precisa Cirlot
incidiendo con ese verbo en la naturaleza activa, dinámica, del
poema. Pero Cirlot aprecia que las ideas que conforman el poema
son de dos tipos: por un lado las ideas de pensamiento y, por
otro, las ideas técnicas, "esto es -recalca-, de técnica
poética" ("Contra Mallarmé", en Confidencias literarias,
cit., p. 138).
Pero esta
técnica poética no sólo es cuestión, para Cirlot, de combinar
palabras en el verso como materia exclusiva del mismo, del poema
o de la poesía en general. Él, por el contrario, es propenso a
afirmar que "no las palabras, sino las sílabas, los fonemas
articulados, son los que crea la poesía" (ibid.,p. 137).
Esto, además, supone una sana desmitificación del vocablo
poético.
En un
artículo publicado en 1971 en Cuadernos Hispanoamericanos
("La poesía de Georg Trakl"), Cirlot da primacía a esa idea,
imprescindible, que el poema ha de mostrar, prevalecida incluso
sobre la decisiva y definitoria técnica poética:
Digamos de
paso que siempre hemos juzgado como importantes, pero
secundarios, los medios técnicos, y que creemos que todo gran
poeta sigue siéndolo en traducción, pues la imagen, la esencia
del discurso (del drama), el sentimiento en suma se trasvasan
perfectamente.
(En Confidencias literarias, p. 51).
Para
Cirlot la poesía se constituye distribuida, o alentada, en este
proceso: idea-imagen-fuerzas verbales ("Unidad de la poesía a
través del tiempo", en Confidencias literarias, p. 90).
Amalgamadas, tras darse la acción, entran y se fijan en el
poema.
El término
imagen se podría sustituir por metáfora, una
metáfora, por supuesto emotiva y novedosa, capaz de transformar
"un substantivo en imagen-idea: como, por ejemplo, mármol
salvaje, mientras que "mármol solemne" [que también habría
sido una metáfora en origen -pues el mármol es duro, blando,
opaco, brillante, etc.-, ya muy gastada y hasta desprovista de
esa condición metafórica] sería sólo redundancia" (ibid.,
p. 91).
El número
de imágenes en la poesía cirlotiana es el oleaje, el movimiento,
su ritmo fónico-conceptual más notorio; un todo, como el propio
Cirlot defiende:
El reino
de la imagen es el más fluido y rico de todos los de la poesía,
pues su función, dentro de las unificantes, es acaso la más
unificativa de todas, ya que tiende a ligar el orden superior (la
idea) con el inferior (el ritmo, la aliteración, el sonido),
esto es, lo intelectual con lo material por medio de lo sensible
y el pathos.
(ibidem)
Sorpresiva
es esta metáfora y no por ello extravagante:
Este
sonido triste que solloza
es mi espada románica que piensa.
(Del Ciclo de Bronwyn, en J.E. Cirlot, Obra
poética, ed. de Clara Janés, Madrid, Cátedra, 1981, p. 234),
donde la
ecuación final de los términos metafóricos define un desnudo yo
poético y biográfico.
* * *
En suma,
como se podría decir de Salustio: que enseña latín, Juan-Eduardo
Cirlot enseña poesía. Por sus recursos claves -quizá pocos, pero
seguros y definitorios del arte poética-, su obra poética es
ejemplarizante por la acción y emoción, congregados en fuerza
verbal, que confluyen en el texto poético cirlotiano. Como
señala Clara Janés, en el poema "Homenaje", del primer Canto
de la vida muerta (1946), se conjunta su teoría desarrollada
en el ensayo La vivencia lírica, que ya hemos someramente
examinado (O.P., cit., p. 87n.). Desde un principio
rotundamente anafórico (en una idéntica evocación: "mi alma"),
el poema expele una fluencia de sugestivas imágenes:
Mi alma es
la ventana donde muero.
Mi alma es una danza maniatada.
Mi alma es
un paisaje con murallas.
Mi alma es un jardín ensangrentado.
Mi alma es
un desierto entre la niebla.
Mi alma es una orquesta de topacios.
(...)
De ahí
hasta todas sus varias tentativas, como el dinamismo expresado
en una aliteración juguetona:
Penetro en
el palacio del espacio
y penetro hasta el trono donde el trueno
triunfa sobre las tramas de lo triste.
(O.P., p. 293),
o, en este
otro fragmento, el barroquismo que también se había paladeado en
los impulsos más vanguardistas de las generaciones poéticas:
Sólo
trozos encuentro, sólo pozos
de sollozos y gozos.
Y mi locura busca en la llanura
la altura de la albura,
inmaculada rosa desolada.
(p. 298),
donde el
sonido cadencial y esperado que proporciona la rima al final de
verso aquí es forzado, y reforzado, por las propicias y
obligadas rimas internas.
Así como
los buenos dibujantes no sólo dibujan, sin más, sino que
asimismo "desdibujan", Cirlot también disloca la forma, como un
juego ajustado a una críptica simbología (que él, recuérdese,
dominaba) donde hacer primar la nominación de todas las
partículas (¡todas!), incluso las gramaticales, todas figura de
lenguaje en la perspectiva del discurso:
Las
abrasadas olas
de las que como tú
silencios alucinan
siempre sobre lo ya
Sobre lo
siempre sobre
dolmen de maniatado
la doblada espesura
el mar que tiembla que
Azulado te
cerco
donde los entre ni
promesa de aquel ir
tan tierra como juntos
(De La sola virgen la (1969), en O.P., p.
274)
Pero con
este juego simbólico, y sabiendo también orillarse en la
frontera de lo oscuro y lo diáfano, Cirlot crea poemas claros
participando de la claridad, refulgencia amorosa. En el poema "Nocturno",
de Donde las lilas crecen (1946), Cirlot conforma un
magnífico mensaje amoroso a base de una sucesión rítmica
alegíaca (por su polimetría, coloquial) a la vez que se aplica
en un terso carácter constructivo de la imagen y una suculenta
carga simbólica. Véase:
La noche
está desnuda dulcemente.
Mi barca de cristal sobre los bosques
se eleva hacia tu casa.
Un
silencio morado me rodea.
Distancias enlutadas atravieso,
pero allá llejos brilla
la luz de tu ventana
que estrellas interiores iluminan.
La noche
está desnuda en tu mirada.
Un sol verde, muy pálido,
inútilmente lucha desde el cielo.
(O.P., p. 123)
Cirlot
experimenta también en la faceta de una poesía espacial,
entroncando, y salvando las diferencias, con esas tentativas de
la más pura vanguardia de anteguerra como ultraísmo y
creacionismo. Léase La doncella de las cicatrices (1967),
en O.P., pp. 183-188. Tendencia de la que también
participan, tanto diacrónica como sincrónicamente, no sólo el,
en este sentido, emblemático Gerardo Diego, sino poetas de algún
modo relacionados con esta cuerda cirlotiana, como
Gabino-Alejandro Carriedo o Julio Garcés.
Cirlot
llega incluso a una extremada decantación de permutaciones, no
sólo sintáctico-léxicas, sino fónicas en su más escrupulosa
ejecución, como se puede ver en Visio smaragdina (O.P.,
pp. 227-229) o Inger. Permutaciones (1971), que así
empieza:
Inger
Ingre
Inerg
Inegr
Inreg
Inrge
(p. 213)
Incluso
podemos encontrarnos con un poema abiertamente caligráfico como
Gloria (O.P., pp. 223-225).
* * *
Coda.-
Cirlot fue refractario a las tendencias poéticas imperantes del
primer momento de posguerra. Pero su poema Susan Lenox
(1947) podría manifestar un cierto compromiso con la postura
estética del neorromanticismo espadañista, avanzando la línea
intimista que la llamada poesía social y de la experiencia
esgrimirían en abundancia. Aunque Cirlot no echa mano de una
versificación espontánea, que parezca enajenada del metro. Por
el contrario, es escrupulosa en los ritmos "dodecafónicos",
expresados en la alternancia versificatoria, en las repeticiones,
permutaciones que dan peso al poema y refuerzan el tema: la
gravedad de la tristeza activada por la memoria. Copiemos
algunas estrofas:
No sé qué
me sucede. Es un sonido,
un sonido de lluvia el que aparece.
Niebla, niebla.
No sé qué me sucede; como un río
la tristeza de muchas cosas muertas
aparece.
No sé qué
me sucede; es un recuerdo,
un sonido de lluvia o de cortina.
En efecto,
la cortina, a mi lado, lenta oscila;
la cortina de alambres y bambúes.
Ni música
de jazz se oye a lo lejos.
Da lo mismo, lo mismo.
La tristeza me mira; es un sonido,
un sonido de lluvia o de cortina.
En efecto,
la cortina, a mi lado, en la ventana,
en la ventana muerta, leve oscila.
Oscila, sí,
recuerdo; es un recuerdo.
Había una gran sala abandonada,
una sala perdida entre la niebla
de pálidas cortinas como ésta,
mujeres que llevaban en el pelo
suaves flores doradas o amarillas.
Niebla, niebla.
Aquí estoy, en un bar, bebiendo vino.
(En O.P., pp. 129-130)
La estrofa
número 15 del poema es una proferencia sintética:
No sé qué
me sucede; es un recuerdo.
El recuerdo de muchas cosas muertas,
perdidas o no sidas. Niebla, niebla.
(p. 131),
como
asimismo estas palabras de la estrofa 17: "... este sonido / de
lluvia o de cortina que prosigue / como un recuerdo..." (ibidem).
Mas cuando
Cirlot alcanza cimas de sobrecogedor atractivo poético es al
urdir procedimientos combinatorios de hálito y sonido, esto es,
rítmico-fónicos, logrando ese súmmum aliterativo y permutatorio
de este poema que, para finalizar, transcribimos íntegro:
Los cisnes
son las alas de las almas,
las alas de las alas,
las alas de las almas de las alas,
los álamos del alma,
las almas de los álamos,
las alas de las almas de los álamos,
las almas de los álamos del alma,
las almas de las almas,
las alas en las alas de las alas,
las olas de las almas,
las olas desoladas de las almas,
las olas de las alas,
las olas de las alas de las almas,
las alas de las olas de las alas,
las almas de las olas de las alas,
las almas de las alas de las olas,
las olas de las olas,
las alas,
las olas,
las almas.
(En O.P., p. 308) |