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banda  hispânica

fermín higuera

 

Fermín Higuera (Tenerife, 1961), nace en el seno de una familia cuya madre era profesora de piano y su padre militar. Este conflicto, derivado de dos enfoques antagónicos de la vida, cree, nuestro autor, que se resuelve gracias a su inclinación literaria. En 1983 viaja a Madrid en donde vive desde entonces. Ingresa en el Real Conservatorio Superior de Madrid y, bajo la dirección de D. Joaquín Soriano, obtiene los títulos superiores de piano, música de cámara y solfeo. En 1987 consigue una beca de El Gobierno Autónomo de Canarias que le anima a estudiar durante dos años en París, en El Conservatorio Europeo de dicha ciudad, y en la clase de Nadine Wright, en dónde obtiene los diplomas de Superior y de Excelencia. Su actividad intelectual y creadora tiene tres facetas: la literaria, la musical y la docente.

Cómo escritor muestra, hasta el momento dos vertientes: la poesía y el ensayo.

Desde 1986 es profesor auxiliar de El ministerio de Educación y Ciencia de entonces, ahora Autonomía de Madrid. En 1988 obtuvo la titularidad de su plaza y desde 1990 es profesor de El Conservatorio Profesional de Amaniel en Madrid.

Ha dado numerosos recitales de piano solo y camerísticos por toda la geografía española. Con La Orquesta Sinfónica de la laguna, dirigida por Juan José Olives, interpretó el concierto KV 1052 de J.S.BACH. En La Fundación de Roma interpretó in recital de piano solo de música española y un concierto de piano y chelo junto a Victor Gil.

Como compositor, en su primer recital de piano sol en 1980 estrenó una sonata a un tiempo de inspiración neoclavecinista y la música serial para el relato de Kafka Informe para una academia. En 1985 con motivo de la exposición de La Serie Atlántica de la escultora Mª Belén Morales estrena su Suite Atlántica. Puntos, Coral y Sonda son otras de sus piezas para piano solo ya estrenadas. En 2004 pone música al documental Crispín, recientemente premiado en el concurso Documenta Madrid.

Ha publicado los siguientes libros de poemas:

La carne de las hojas (Editorial Benchomo, Tenerife 1980)

El idilio de los ausentes (Ediciones de El Cabildo, Tenerife 1990)

Querella del dolor (Ediciones La Palma, Madrid 1994)

Verba volant (Jábega, Madrid 1995)

El hijo del ir (Ediciones Huerga-Fierro, Madrid 1996)

Bisagras en la hoguera (Ediciones Baile del Sol,Tenerife 2002)

Sangre al cielo (Ediciones Baile del Sol, Tenerife 2003)

Ha publicado los siguientes ensayos:

El calor de la ausencia (1990)

La fabulación de la existencia (1990)

La literatura oral en el camino hacia el despojamiento (1995)

El verso en blanco (1995)

El ejercicio de la mirada (1996)

Luz y sombra en Joaquín Rodrigo (1997)

la técnica hacia la comunicación (2000)

La obra para piano solo de Joaquín Rodrigo (2001)

Hacia una materialización de la comunicación y la trascendencia (2003)

Lo musical en María Zambrano (2004)

Lo que dice el aire (2005)

EL VERSO EN BLANCO [fragmentos]

 

El valor de la comunicación poética no es exclusivo del escritor, también es del que lee u oye. La capacidad poética, como realización de un pensamiento que se comunica, es un bien social que no pertenece en exclusiva al individuo que lo emite, pues termina de realizarse en la mente del otro y se encarna en el aliento, en el corazón o en la mirada como una vena del abismo que frutece por obra del dios de los caminos y las puertas y es antesala de lo cercano. La capacidad del poeta reside en convertir la comunicación poética en necesidad social, en primera necesidad, lo mismo que el lenguaje, lo material y la dignidad.

El don de su habilidad para hacer indispensable la comunicación poética lo hallamos en ser, además de emisor, receptor. Canal de ida y vuelta, voz que llega y oído que recibe a un mismo tiempo. Por medio de este don, su picardía social para hacerse con el éxito asciende a rango divino, pues el impulso animal que lo llevó a luchar por el prestigio y la importancia de sus marcas logra desflorarse en la entrega mutua con los otros. De este modo el poeta acaba capacitando a su pueblo y al mundo para mirarse de frente y descubrir en el eje de sus médulas a la poesía, lo más esencial e inefable de sí mismos.

Más allá de nuestra aspiración a dejar un poema escrito, está nuestro testimonio poético, nuestros modos de incorporar nuestros hábitos poéticos en nuestras vidas: una forma de recibir el día, una receptividad estremecida que contempla el amanecer, una pasión que desnuda el deseo, un estilo de caminar por los instantes que nos llevan a todas las cosas. Quizás la única afirmación del poeta resida en propagar la necesidad universal de estos hábitos, que son indispensables para lo otro como el alimento y la respiración para el cuerpo. Por eso, el verso, más allá del edificio de su escritura, siempre anhela ser un lugar de acogida en donde surjan los rostros de los demás, el cuerpo de los amantes. En donde el propio poeta y los demás puedan volver a construirse, pues igual que el ave de las cenizas, resurge la luz repleta de los hombres por la ventana de las hojas.

 

[Ensayo publicado en Madrid, 1995]

poemas

 

[Vayamos a los árboles]

 

Vayamos a los árboles

                            de las flores azules,

regresemos al aire, a la rosa opalina,

hacia el terso perfil del cáliz que se ofrece,

mas vayamos por ir siempre hacia nosotros,

hacia nuestra morada, en donde el árbol grande

es zafiro en la mano,

                            la isla inaccesible,

rostro en la cercanía, niño rostro en las manos,

como un hijo del ir.

                            El hijo tuyo y mío.

 

[No es tiempo de derrota]

 

No es tiempo de derrota.

                                No es tiempo de renuncia,

de talar del deseo la torpeza que fluye

como un sentido errante que busca y mira al otro.

Que lo huele y lo toca,

                              Mas no nos reconoce

en la meta aprendida que se vuelve imposible

apéndice del cauce que sofoca las aguas,

sino en la voz ya tuya, ya entregada y mía,

por donde brota y canta,

                                 vive el entendimiento

del latido enigmático, cauce de unión remota

que refleja mi vida sobre vidas de otros

y de vuelve tu visa sobre mi pecho estable,

dando quietud al tránsito

                                  desertor de mi aliento.

 

No es tiempo de derrota,

                                de abdicar del deseo,

de la elipse del aire,

                             del ojo reflexivo,

deseante,

             rotundo,

                         que persigue afirmarse,

clavar en una brizna sin tiempo sus arterias,

su limbo en las llamas

                              cuando me miro en alguien.

 

[De pronto has llegado]

 

De pronto has llegado, ha surgido tu olor

uniéndote al mensaje húmedo del jardín.

Tu claridad corpórea

                            inflige equilibrios

al océano denso de la ciudad que vibra

y la definición

                    sin horas de las ráfagas,

un contrapunto tibio al cielo implacable.

 

Tú eres en la noche la paloma más blanca.

El tedio de mi busca es páramo vencido.

Todo verdece en mí, el tiempo es fruto mío

y das al corazón un ave enraizada,

un ala que es la puerta de un viaje hacia el otro.

 

Tú desatas el fardo del himno suntuoso,

purificas el canto en el pudridero oscuro,

abres la cercanía en donde tú eres yo

y yo soy tú fluyendo,

                            yendo hacia ti,

                                               siendo

hijo de nuestro ir, hijo mío y tuyo,

pues en el hombre el ir

                            o ser hacia los otros

es el trance más próximo al vuelo.

 

[Gracias por seguirme]

 

Gracias por seguirme con sangre dispersa,

como caligrafía que el oído rastrea

y la plenitud borra, como la migración

que persigue flores, la mano generosa

que renuncia a tocarnos, a definir el cuerpo

amado y se arroja,

                          y nada lo segrega

porque es llegada leve,

                           desposeído encuentro.

 

Hay algo de cuchillo que me divide en gotas,

que encuentra mis arterias en astros inasibles.

es ráfaga dispersa, movimiento del canto

que concreta y renuncia a poseer latidos,

que ama porque es viento,

                            porque es reconocimiento

y porque sabe que ama confía en el otro,

en su soberanía, confía en su sentir.

 

Gracias por el bullicio, gracias por la unidad,

gracias por la navaja que me divide en lluvia,

gotera de la sangre que me encuentra en las hojas.

 

[Porque la forma suprema]

 

Porque la forma suprema de la afirmación

es pensar el nacimiento, nos hemos tenido

en la entera luz de un dios sin propiedades.

 

Yo soy el hijo que va hacia su propia vida,

fuego pleno que decide querer y asumirse,

unirse al esplendor de la luz y el paisaje.

 

Tierra,

         pasos vivos por el sedal de la vida,

en la que amaso carne con el polvo y asciendo

con la irrefrenable eclosión de lo que surge.

 

Cuerpo cernido.

                      Sangre destilada.

                                              Herida

Purificada en mis rotaciones erectas.

 

Meseta de luz que se doblega hacia la orilla

Por la suavidad de concebirse para el otro.

 

Toda la tersura del resplandor de los campos

se vuelve ladera hacia el camino del mar,

cercanía y paisaje en lo alto del pensarse.

 

Porque la forma suprema de la afirmación

es pensar el nacimiento,

                                has nacido siempre.

Eres quien va hacia su vida,

                                      hijo del ir.

 

 

projeto editorial do jornal de poesia

editor geral e jornalista responsável

soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

floriano martins

.

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