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ANTOLOGÍA POÉTICA AMOROSA DE DOMINGO MORENO
JIMENES
Selección y notas de
Manuel Mora Serrano
PALABRAS LIMINARES
Domingo
Moreno Jimenes nació y murió en Santo Domingo (7 de enero 1894-
21 de septiembre de 1986), nieto y bisnieto de presidentes (el
dominicano Juan Isidro Jimenes Pereyra dos veces en el solio en
1899 y 1914 era el padre de su madre María Josefa Jimenes
Hernández procreada con Rosenda Hernández, que la tuvo en
Sabaneta en 1872, cuando regresó del exilio desde Puerto Rico y
el cubano Manuel Jimenes, segundo mandatario del país), Moreno
tenía sangre cubana y venezolana, la de su padre Domingo Moreno
Arriaga, hijo del venezolano Antonio Moreno Urdaneta y la
seibana Emilia Arriaga.
A pesar de esa prosapia, ni él ni su madre tuvieron fortuna y
siempre vivió modestamente.
Su madre vino a vivir a Santo Domingo a la casa de María Teresa
Valencia, una pariente de su abuelo, (que sería su madrina y
madre de crianza, a quien dedicó un poema en 1925: Mi Vieja
se Muere), su progenitora conoció en el barrio de La
Misericordia, en la calle San José (hoy 19 de Marzo), a Domingo,
con quien casó en la ciudad capital y tuvo su único hijo en
Santo Domingo, pero esas vinculaciones familiares con Sabaneta y
El Seibo (de donde eran oriundas sus abuelas), le llevó a ambas
ciudades en su infancia y primera juventud. En ellas fue maestro
y director de escuelas públicas, ya que había estudiado
pedagogía.
Casó con su compañera de toda la vida, Emelinda Espinal, con
quien procreó varios hijos, de los cuales sobreviven Juan Isidro
(Mumo), Lourdes, Antonio (Toño) y María Teresa Moreno Espinal,
además tuvo dos más en Sabaneta, Isabel y María Dolores (Lola)
Moreno, de las cuales únicamente Isabel ha fallecido.
Moreno murió como vivió, humildemente, en su casa de la calle
que llevaba su nombre en vida, en el Barrio de Mejoramiento
Social No. 15 y murió en su ciudad natal el 21 de septiembre de
1986.
Durante su larga existencia desempeñó algunos cargos, desde
telegrafista, maestro en distintos sitios, hasta director del
Instituto de Poesía Osvaldo Bazil en San Cristóbal, creado para
él durante el régimen de Trujillo en 1950; pero la mayor parte
del tiempo vivió como buhonero de sus libros y plaquettes:
vendiéndolos por ciudades, pueblos y aldeas de la República.
Además de los lugares mencionados, residió en San Pedro de
Macorís, Monte Cristi y Santiago.
Todavía no lleva su nombre ninguna calle de las ciudades donde
vivió y alentó a la juventud, fundando en tres de ellas grupos y
colinas sacras. Sin embargo, escuelas, bibliotecas y
talleres literarios, sí lo llevan.
Aunque nació en la calle San José (hoy 19 de marzo), por razones
económicas se tuvo que mudar con su madre de crianza alrededor
del 1918 a la calle Benito González próximo a la Jacinto de la
Concha, en la nueva barriada de Villa Francisca, donde también
vivía Rafael Augusto Zorrilla (El Seibo, 1892), un ex
guerrillero aficionado a la literatura que tenía una panadería a
pocas casas de la suya y con quien hizo amistad.
Más tarde vino a mediados de 1920 desde Santiago donde cursaba
el bachillerado a continuar estudios, el montecristeño Andrés
Avelino (nació en Las Aguas, Monte Cristi, aldea próspera
entonces, en 1899), y fue a vivir en la casa de Zorrilla y
juntos los tres poetas crearon El Postumismo, término
inventado por Avelino porque pensó que su arte nuevo no iba a
ser comprendido sino después que ellos muriesen, y llamaron a la
parte alta donde vivían, el entonces barrio nuevo de Villa
Francisca, como La Colina Sacra, en oposición a El
Llano como se designaba la ciudad de Ovando, o ciudad
Colonial.
La fama de Moreno está cimentada en ser un poeta profundo,
fundador junto a Andrés Avelino, y Rafael Augusto Zorrilla y
Francisco Ulises Domínguez, del movimiento vanguardista El
Postumismo, proclamado en la revista La Cuna de América
el 28 de marzo del 1921, en esta ciudad.
Sin embargo, no sólo en sus dos primeros libros editados en
1916, Promesa y Vuelos y Duelos, que fueron escritos del
1913 al 1915 (cuando el poeta estaba en plena juventud), hay
muchos poemas de amor, sino a lo largo de toda su obra,
especialmente en Psalmos (1921), Decrecer (1927),
Días sin Lumbre (1932), La Religión de América
(1938), Sentir es la Norma (1939), y Fogatas sobre el
Signo (1940), hasta en Santa Berta y otros Poemas
(1959).
Debemos aclarar que, quizás por razones económicas (su ilustre
abuelo salió de la presidencia en 1916 precisamente), un tercer
libro con poemas escritos entre 1915 y 1916 no pudo ser editado
y esos versos fueron incluidos en sus libros posteriores,
regularmente indicando la fecha de su escritura, de ahí que en
obras tan lejanas a esa fecha como los años cuarenta, todavía
aparezcan poemas rimados y hasta sonetos, porque salvo
excepciones como La Hija Reintegrada, el más famoso de
los poemas escritos por Moreno, casi todos sus libros extensos
son recopilaciones de poemas publicados en diarios y revistas,
mezclados con algunos inéditos.
Vamos a escoger algunos versos de Moreno de sus diversas épocas,
que él dividió en dos: la anodista o de ser nadie
y la postumista, o la de ser alguien; vale decir
antes del 1918 y después de esta fecha, aunque algunos de ellos
se publicaron en su segunda etapa, realmente el cambio de lo que
luego se conocería como Postumismo se gestó en Sabaneta
(Santiago Rodríguez), cuna de su madre y de la que luego fuera
su esposa, cuando fue nombrado director de la escuela local en
1918. Aparecerá al pie el título del libro donde originalmente
se publicó y el número de la página de la selección más amplia
que se ha hecho de su poesía, editada por Taller en 1975: Del
Gemido a la Fragua. Obras Poéticas de D. Moreno Jimenes, con
la nota escueta de las Obras.
NOTA SOBRE EL POSTUMISMO
Se considera el mayor mérito de Moreno Jimenes el de ser la
figura principal del post-modernismo en la República Dominicana
y uno de los primeros en las Antillas hispanas; no sólo al
imponer el versolibrismo, sino en proclamar la libertad absoluta
del creador y la necesidad de dar el color local.
El postumismo
fue el primer movimiento literario de vanguardia en el país al
romper con el modernismo e imponer el verso libre en la
República, declarando los otros dos fundadores que los orígenes
del mismo fueron los poemas de Moreno publicados en la revista
Letras desde 1918, por lo que, éste, tanto por su obra y
su larga vida (sobrevivió a los otros dos), como por lo admitido
por los demás fundadores, es la figura principal de dicho
movimiento.
Ya ha sido reconocido internacionalmente como el primer
movimiento de vanguardia de Las Antillas, no el primer ismo,
ya que antes de su proclama en 1921, el puertorriqueño Luis
Lloréns Torres definió el Pancalismo (todo es bello) y el
Panedismo (todo es verso) en 1913 y en su libro Sonetos
Sinfónicos de 1915, incluyó su manifiesto, que al ser
comentado por los postumistas, forman parte de sus bases
ideológicas.
En el país se ha dicho que hubo otro movimiento llamado
Vedrinismo, pero las últimas investigaciones serias han
reconocido que este ismo creado por el sancristobalense
Manuel Zacarías Espinal en 1926, atribuido luego a Vigil Díaz,
diciendo que se había proclamado en 1912 con la edición de su
primer libro de poemas en prosa, Góndolas, no tuvo
manifiestos y luego se comprobó documentalmente al publicarse
las obras completas de Vigil Díaz y Zacarías Espinal y las de
Tomás Hernández Franco, con estudios y comentarios de Diógenes
Céspedes y José Enrique García, sobre todo con un artículo de
Tomás de 1929, sosteniendo que era posterior al postumismo.
Está documentado que Vigil Díaz había sido militante original
del Postumismo apareciendo en la proclama detrás de Moreno
Jimenes, en el puesto que legalmente correspondía a Avelino o a
Zorrilla y en una conferencia dictada por Hernández Franco en
1923 en París, llamó a los Postumistas imbéciles conscientes
y declaró que la figura principal era Vigil Díaz.
Indudablemente que Vigil Díaz es sumamente dichoso, porque el
vanguardista real es Zacarías Espinal, creador del nombre y
poeta rarísimo, víctima de la morfina y sin embargo, por
designios de Hernández Franco, Pedro René Contín Aybar y Manuel
Rueda, se dice y se sostiene que Vigil es el creador y figura
principal y que el auténtico creador, Zacarías Espinal, fue su
seguidor. Paradojas de la historia.
Ni Contín Aybar ni Rueda han aportado pruebas y Rueda ha
publicado, sin base documental alguna, que Moreno Jimenes nació
en Santiago. Ni su padre ni su madre mientras estuvieron
casados, vivieron o visitaron juntos a la ciudad cibaeña. Tanto
el acta de nacimiento como la fe de bautismo de Moreno están a
disposición del investigador que se respete en el Archivo
General de la Nación y en el Arzobispado de Santo Domingo, en
agosto del 1894, porque cuando fue bautizado se hizo la
declaración, como Domingo Segundo Moreno Hernández ( su madre no
había sido reconocida por su ilustre abuelo para esa fecha). De
ese modo se hacen “autoridades” y famas, aquí en y muchas
partes, por inercia de los estudiosos de la historia que repiten
como loros sin hacer la más mínima investigación.
De ahí que aconsejamos a los estudiantes y futuros profesores o
investigadores de nuestra historia, que tengan mucho cuidado
cuando sostienen cosas que no están avaladas por
documentaciones.
La larga vida de Domingo Moreno Jimenes estuvo dedicada de
manera absoluta a la poesía, de lo que hizo un apostolado,
aunque escribió algunas prosas, no incursionó en la narrativa.
No hay en su obra cuentos ni novelas. Fue un poeta pleno.
Fundó varias capillas literarias, llamadas por él colinas
y proclamó por radio en San Pedro de Macorís y en un acto en la
Colina de Asomante en el Seibo, en 1936, que el arte,
especialmente la poesía, debería ser la religión universal,
declarando más tarde que la poesía era una ciencia y finalmente
en la revista Los Nuevos que se editaba en La Vega, en
una conversación con Rubén Suro (Ver Postreros Camino del
Postumismo, en Pág. 286-87 de Las Obras) dijo que para
poner la poesía a la altura de un sacerdocio se requería liberar
el verso, liberar la poesía del verso y liberar la poesía de la
palabra. Era su exigencia de un lenguaje sintético, por lo
cual concluía diciendo que el Postumismo, en el estudio de sus
elementos constitutivos, no era obra de hoy sino del mañana
lejano.
Por estar fundando colinas sacras en San Pedro de
Macorís, El Seibo y Santiago, en 1934 le dieron un golpe de
estado como Sumo Pontífice del Postumismo y eligieron a
Rafael Augusto Zorrilla, pero éste murió en el 1937 y nunca más
se hizo otra elección. Sin embargo, los medios y los escritores
siguieron considerando que era la figura máxima y el creador. En
cuanto a lo de Sumo Pontífice, que no era un título real,
sino una especie de apodo áureo que le endilgaron los primeros
comentaristas del movimiento, que, aunque lo admitió tácitamente
porque nunca protestó, jamás firmó admitiendo tal cosa.
Aunque muchos niegan su influencia, tanto Moreno como el
Postumismo han sido guías señeros de muchos talentos, no sólo
los que formaron parte de las capillas o colinas, que son poetas
importantes la mayoría, sino las juventudes que vinieron
después.
Lo que incluye un movimiento actual, capitaneado por Abraham
Méndez Vargas poeta de Neyba radicado en Barahona, que se
proclama como neo-postumista: el movimiento informalista.
De modo que tanto Moreno en su obra, que es siempre estudiada,
como el postumismo como movimiento de vanguardia nacional, por
sus teorías y sus logros, siguen teniendo vigencia actual.
LA POESÍA AMOROSA DE MORENO
Los lectores advertirán que Moreno Jimenes ni siquiera enamorado
es un poeta fácil, trascendiendo lo meramente anecdótico del
amor y sin embargo, aunque no utiliza palabras raras ni
rebuscadas, se siente que las expresiones están cargadas de
significaciones inusitadas.
Otro detalle que informa sobre el Postumismo es que los poemas
escogidos, unos tienen rimas asonantes y están medidos y otros
son totalmente libres, por lo que la proclama de la libertad era
absoluta: Si el poeta quería escribir sonetos, que los
escribiera y si los quería libres, que los hiciera. La
diferencia estaba en que ellos desterraron de sus versos las
princesas azules, los cisnes, los dioses paganos y toda la
parafernalia modernista; basta leer a Moreno en su segunda
etapa (en la primera hay cisnes y elementos de aquel movimiento
y trazas puramente románticas, porque el modernismo dominicano,
que tiene figuras tan señeras como Fabio Fiallo, nunca dejó de
ser romántico), para saber que Rubén Darío había muerto y había
nacido una forma nueva de decir la gran poesía con palabras de
todos los días, con vulgaridades incluso, pero muy
latinoamericanas.
Se ha dicho que el Postumismo se distingue por utilizar
palabras criollistas y expresiones vulgares. En las muestras que
ofrecemos encontraremos varias que podrían tildarse de tales,
como cuando dice: buscar cuartos en vez de dinero o
túnico por vestido y en algunas construcciones, como en el
caso de concento y el sustantivo tojos. Y entre
las que parecen ser de su autoría, cuyo significado no
encontrarán los estudiosos en ningún diccionario están los
adjetivos brismal y rútilas y el sustantivo
adjetivado Samatén.
La presente selección no incluye las obras más famosas ni
principales de Domingo Moreno Jimenes como El Poema de la
Hija Reintegrada y otros que tratan los grandes temas
humanos y metafísicos, como Dios, el tiempo y la muerte, su
pasión por América, la poesía como religión universal, etc...,
pero si se reproduce in-extenso uno de los cantos más extraños
del poeta: Rosa, el Poema del amor Antillano, aparecido
en su libro Embiste de Razas de 1936, que ha sido
comentado por Héctor Incháustegui Cabral en su libro de críticas
De Literatura Dominicana Siglo Veinte, por aquella
expresión del poeta Rosa, Rosa, dame un gancho. Esa es
una de las curiosidades que se antologan por primera vez.
Por tratarse de una antología para jóvenes estudiantes se ha
hecho una elección pensando en diversas edades, desde los muy
jóvenes hasta los ya adolescentes (sin olvidar a los
profesores), espigando en sus libros estas flores líricas.
Bibliografía:
En muchos textos de historia literaria y en todas las antologías
generales que se han publicado en el país después del 1921,
aparecen estudios y poemas de Moreno; los interesados en
encontrar más datos, además de las enciclopedias y diccionarios
literarios, pueden encontrarlos en la Antología Poética de
Domingo Moreno Jimenes (Librería La Trinitaria, 1998) de la
autoría de quien selecciona estos poemas amorosos.
Se han escrito tesis y estudios de su obra, incluso, su nieta
Bárbara Moreno García editó El recorrido poético de Domingo
Moreno Jimenes (Editora Datadruck, Nersigen, Alemania,
2001), en ella aparece una cronología completa de la vida de su
ilustre abuelo. Para más datos sobre su obra, se pueden
consultar los siguientes textos: Domingo Moreno Jimenes,
Apóstol de la Poesía, José Rafael Lantigua, (hay varias
ediciones); Antología Poética de Domingo Moreno Jimenes,
Flérida de Nolasco, Librería Dominicana (1944)
Moreno publicó varios libros y plaquettes, sin embargo sus obras
principales son: Psalmos (1921) que es libro donde están
las bases del postumismo; Decrecer (1927); Días sin
lumbre (1932); El Poema de la Hija Reintegrada
(1934); La Religión de América (1947); Evangelio
Americano (1942) y Santa Berta y otros poemas (1959).
ORDEN Y ESTRUCTURA DEL PRESENTE LIBRO
Por estar dedicado este volumen al amor, hemos escogido poemas
de la etapa anodista de Moreno, porque son versos de
juventud escritos antes del 1916 y aparecidos en sus dos libros
primeros.
Como advertirá el lector, Moreno Jimenes, y así lo dijeron los
críticos en su oportunidad, no era antes de la aparición de
Psalmos un poeta con acento personal; era un muchacho
sentimental, heredero del modernismo, rimador de versos, que
incluso habla de llorar apasionadamente por una mujer.
Su primer amor, Dolores, era rubia. Quien escribe la conoció en
un vehículo público en esta ciudad, cuando ella se le
identificó.
Moreno le llegó a confesar al antólogo, que su vida estaba
escrita en sus versos; que todo lo que escribió, lo sintió o lo
vivió. En otras palabras, que él era un poeta absolutamente
sincero.
Fue un gran apasionado durante toda su larga vida y en estos
poemas se desnuda un temperamento que regularmente se ha
estudiado por otras temáticas mucho más serias, como
dijimos, relacionadas con la muerte, con el ideal, con
América.
Un personaje que fue siempre serio, adusto, solitario, que
envejeció temprano, al extremo de que apenas con cuarenta años
parecía un anciano, siempre aparentemente distraído, sin una
preocupación por su aspecto físico, sorprende que escribiese
tantos poemas de amor, de los cuales, apenas damos una muestra.
Ahora bien, al verlos ahora así, sin la compañía de los otros
poemas consabidos, aunque algunos han sido muy antologados como
Maestra, India, etc.., tendremos la sensación de leer a
un poeta, aunque publicado, en cierto sentido aún inédito. A
otro Domingo Moreno Jimenes.
Veamos entonces, la primera parte, la anodista, cuando él
se consideraba que era nadie.
En la segunda parte tendremos al Moreno entrando en la madurez y
ya en su plena forma. Eso nos permitirá una mirada de simpatía
desde otros ángulos líricos.
POEMAS DE AMOR DE DOMINGO MORENO JIMENES
PRIMERA PARTE
SELECCIÓN DE POEMAS DE PRIMERA JUVENTUD
DISCONFORMIDAD
Mucho engañado viví,
y ojalá siempre engañado
haber, mi bien, continuado
por más tiempo junto a ti.
Pues, ¿qué hice? Descubrí
el horror de tu pasado,
y una noche de tu lado
lleno de pesar me fui.
Desde entonces vivo errante,
siempre viéndote delante
nunca pudiendo olvidar.
Lo mucho que nos dijimos
la noche que nos unimos
en un beso junto al mar.
INCERTIDUMBRE
Triste, triste pasé por tu puerta
y como es de costumbre no estabas
con tus pálidos ojos de niña,
con tus lúcidos ojos de alba
mirando el camino
que conduce a tu humilde morada.
Di, ¿qué pudo arrancarte del sitio,
del lugar donde van mis miradas
a confiarte las hondas congojas
que sumen el alma
en la tétrica noche de dudas
de mis hondas y frías nostalgias?
¿Una sílfide vino a anunciarte
la fatal llegada
de este pobre mendigo de besos
que va por el mundo do quiera que pasa
dejando una endecha
de rocío empapada?
SAETA
Porque te he sido sincero
me desdeñas, enemiga,
en lugar de ser mi amiga,
porque te he sido sincero.
Por un capricho altanero
de mi suerte, no mendiga
mi alma tu afecto, enemiga,
por un capricho sincero.
Que al fin y al cabo tù has sido
lo que debiste haber sido
antes de yo conocerte:
Insinuación petulante,
liviandad, no amor constante
antes de yo conocerte.....
A UNA ROSA BLANCA
Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,
y no te envidiaría porque también es blanca,
y no te envidiaría porque también es diáfana
como el ala de un cisne, como el cristal del agua.
Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,
y te acariciaría con sus dedos de nácar,
y te contemplaría con sus ojos de hada,
como te sonreiría con su sonrisa mágica.
Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,
y te confiaría sus penas más calladas,
y no te ocultaría su única esperanza.
Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,
y al hallarte tan triste bajo la luna pálida,
casi instintivamente pensaría en mi alma.
ESPERANZA INCIERTA
Espero que unos ojos me miren con dulzura
como hace mucho tiempo nadie ha osado mirar
mis pobres ojos tristes que mueren de ternura,
mi pobre frente pálida que muere de pesar...
Espero que unos labios se entreabran en la noche
como esas flores bellas que exhalan blanda luz,
como la noche augusta va desplegando el broche
con vaporosa calma sobre el lejano azul.
Espero un alma amiga que con mi alma se una
para en la hora indecisa del crepúsculo orar,
y orando nos sorprendan los rayos de la luna
de nuestro amor rielando el anchuroso mar...
Espero algo intangible que yo no sé si existe,
algo que al alejarse ha sugerido en mí
la nostalgia de verme tan demasiado triste
¡El dolor de sentirme para siempre infeliz!
ELOGIA SU BELLEZA
A la yedra la besa la brisa,
el sol muéstrale su ojo de oro
y la nube su veste de nácar
y la noche callada su toldo;
mas, la niña inocente y sencilla,
que en silencio tranquilo yo adoro,
vive sola en un claustro sombrío
cercada de tojos;
donde nunca la besa la brisa,
ni el sol muéstrale su ojo de oro,
ni la nube su veste de nácar,
ni la noche callada su toldo;
pero que, si la vieran las rosas,
temblarían de odio...
SINFONÍA DE AMOR
¡Oh! las luchas de su amor con sus rubores
en los fúlgidos instantes de pasión,
cuando entre dulces candores y temblores
vence el invencible amor...
¡Oh! la miel de sus caricias juveniles
en los fúlgidos instantes de pasión,
cuando siento palpitar los quince abriles
de su juventud en flor...
Oh! las luchas de su amor con sus rubores
en los fúlgidos instantes de pasión,
cuando miro sonreír sus ideales
en lánguido sopor....
¡Oh! mi amada silenciosa, milagrosa
que en los fúlgidos momentos de pasión,
va entreabriendo, al suspirar, la blanca rosa
de mi jardín interior.
INGENUIDAD DULCE
¿Inconstante? Nunca
yo he sido inconstante,
y menos contigo
que tanto me amaste.
Ningún compromiso
me liga con nadie,
en la ausencia tuve
por consuelo el arte.
Y esa triste prenda
que a dudar te hace;
Mira! es un anillo
que al morir mi abuelo
me legó mi padre.
SEGUNDA PARTE
POEMAS DE LA ETAPA POSTUMISTA
Como ya señalamos, la segunda parte contiene los poemas escritos
o publicados por Moreno Jimenes en sus libros desde Psalmos
en adelante, aunque, como también dijimos, muchos de ellos
fueron escritos en la misma etapa anterior, en la anodista,
con la diferencia de que sus libros posteriores a este de 1921
se consideran, por ignorancia de los investigadores, como partes
integrantes del postumismo, pero indicamos que como él
tenía un tercer volumen que no pudo editar por razones quizás
económicas, los fue insertando en sus diversos libros y
plaquettes.
Para evitar confusiones al respecto, anotaremos, además del dato
del libro y la fecha de edición donde aparece y la página donde
está en Las Obras, la de de su publicación en algún
órgano de prensa o la que figura al pie en las ediciones
originales de los libros citados.
NOCTURNO
Por la puerta entrejunta
de mi tranquilo cuarto
entró un ampo de de luna
y se durmió en mi lecho.
No era aún de noche. Pocas
nieblas flotaban en el éter como
aureolas o nimbos. La llanura
se adornaba de púrpura.
Entro, y sobre la almohada,
como una crencha rubia
advierto el rayo tibio
que la alcoba penumbra.
Y pienso en ella; sólo
acierto a verla muda
como la tarde última
del adiós. Me inclino
sobre mi cama dura
a esperar los murciélagos
o a soñar con el alba que en el pinar se escucha...
A LUCILA
I
No duermo. Desde el sábado
que te vi en el mortuorio de una virgen
que murió de tristeza,
no acierto a ver la luna
sin llorar a torrentes;
por la espuma del mar vagan mis ojos
sedientos de idealismo; solo y mudo
recorro el camposanto, ¡y ni los sauces
mi espíritu sosiegan!
II
Turgente nido de azucenas púdicas
para posar las sienes;
cabellera de sándalo y de oro
para emerger los dedos bautismales;
ojos para soñar mil imposibles;
manos de luz para cubrir de besos;
frente para olvidar, y labios tibios
para la vida adormecer de encanto
posees, y estoy triste,
me hastía todo y sufro.....
LA CITA
Llevaba una caléndula en la mano, entreabierta.
Sus ojos parecían dos soles negros. Toda
ella temblaba muda de pasión y de miedo.
En su semblante pálido florecían dos rosas.
Un estremecimiento su ser ya casi exánime
recorrió. Yo sentía su corazón ardiente
latir. Nos separamos sin hablar. Un reloj
que sonaba a esa hora me recordó la muerte.
LIGELIA
Tengo una novia
trigueña y silenciosa
que me ama en las sombras.
Sus dientes son joyas de marfil
y sus manos parecen rosas;
tiene unos ojos mágicos que asombran y deslumbran
y ella toda,
es como una libélula que huye
o un río que se desborda.
no sé si es el temor
que me la roba
o un cielo sombrío que la guarda,
ello es que siempre sola
la descubro,
y cuando trato de atraerla a mi dominio
se encoleriza como una loba;
y de mis artificios
vencedora
me contempla sonreída mucho tiempo,
y luego, cual una frágil ola,
parte dejándome aterido sin saludarme a veces
y otras,
dejando que me digan la punta de sus dedos
lo que sólo en la oscuridad confía a su alcoba
en un derroche de delirio,
cuando la media luna por sus jardines ronda.
Y sin embargo,
cuando en las cimas nace la aurora,
me advierte en las nubes que se deslizan ledas
y el encanto de las alondras.
Tengo una novia
trigueña y silenciosa
que me ama en la sombra.
LA PRIMA LEJANA
Abrí tu mensaje, como suponías, con las estrellas.
Contemplaba el crepúsculo
y el destino sonrió para decirme
que tú no me habías olvidado.
Volví a verme contigo
en el patio
de nuestra humilde casa pía,
entre los nardos
que daban a la habitación
donde pasamos juntos muchas veces
dichosas horas de regalo.
A veces leías;
a ratos,
te ponías, por elegancia, indiferente,
y cuando eras mía,
yo me abismaba en tus ojos oscuros
y te oprimía, en silencio, la mano.
En noches,
a la luz de la luna,
hablábamos;
y tú entonces, entre los entreabiertos botones,
parecías un pájaro.
Hoy solos
y lentamente
caminamos;
el sol se extingue en el poniente turbio,
y estos recuerdos sólo viven en nuestras mentes locas
y en el pasado.
LA VOZ DE
LA AMADA
Te quiero porque eres el más atrevido de todos.
¿Un mordisco? ¿No ves?
Los otros me han traído flores pero la huella de tu uña está
latente aquí en mi nuca.
El ‘tómame’ de mi existir tú lo trasluciste primero que nadie.
Te reíste de mi piel fría;
cantaste una copla cuando oíste decir: su alma marmórea, su
corazón marmóreo.
Yo sonreía, pero tú reíste a mandíbula batiente del teatro
entero.
¿Y aquella vez que te llamaron loco?
Yo decía magnífico y ante el oleaje de los ilustres rostros
brotados,
te contemplaba,
tomaba con la imaginación tu fusta
y tenía para el hombre libre una corona de deseos ardientes.
Quema todos tus versos y póstrate ante la estatua hirviente de
tu propia vida.
Rey de reyes:
Te amo por lo que eres ignorado.
Tu solo gesto será la sola lumbre de futuro.
ORIFLAMA
¡Fue un milagro que yo durmiera anoche!
Sabiendo que la habían casado con otro,
que se entregaría a otro,
que sería eternamente de otro...
¿Qué iba a hacer? Cualquier súplica
sangrante o emotiva
iría a caer donde va a parar todo. Ella misma sucumbirá no muy
tardado.
¡La pobre!
¡Cuán presente me habrá tenido!
¡Qué de tormentos contra mi faz que es como la luna!
(Debo verlo como una necesidad
y no torcer el rumbo que llevo).
EL PASADO
La pálida niña de antaño,
la novia de cuando yo era un niño;
la de las trenzas rubias, de las retinas garzas
me ha escrito.
Ya no es la candorosa niña de los ojos bajos
y de los súbitos gritos.
De ayer a hoy, el tiempo los dulces ruiseñores
de su mente ha transformado en vampiros.
E inútilmente no pasan los años.
¡Yo ya no soy el mismo!
Ya no voy a correr en las mañanas
en busca de algún nido
por la selva azul,
y hasta los malabares prefiero a los lirios
por no marchitarse tan pronto.
¡Y si alguno me engaña ya no lloro,
sino sonrío!
He aprendido a esquivar los más arteros lazos
Y he aprendido
a sofrenar el corazón a veces...
Y hasta a limitar el infinito!...
MAFALDA
¿Habéis visto una rosa cuando comienza a abrirse
feliz por el rocío, la paz y el tibio sol
risueña sonreírse
presa a la vez de anhelo, de júbilo y temor?
Pues converged la vista por el brismal camino
y la veréis allí
clavadas las pupilas en el azul divino
haciendo del pasado, presente y porvenir.
En sus dorados bucles luce una flor y lleva
un traje verde tierno matizado de azul
que su ser más eleva
a la mansión del beso, del trino y de la luz.
Es casta, ingenua y ágil como quien tuvo pura
sólo una inquietud que le inundó la faz
de un rubor que aún perdura
carminando y ungiendo sus mejillas al par...
A veces una duda falaz la martiriza...
Mas, cuando llegue él
le ofrendará amorosa su más blanda sonrisa,
cediéndole las manos o los labios, tal vez.
BEATRIZ
Nos servían helados
candorosas niñas
vestidas de blanco.
Las señoras sonrientes
hablaban de sus peregrinaciones
a un país lejano.
Un ramillete de galanas rosas
se marchitaban por olvido
sobre una consola de mármol.
Rondaban por el tranquilo cielo
una paloma con su palomo al lado.
El parque y el vergel se estremecían....
Entonaba el ambiente
como un aroma vago...
Unas muchachas desvaídas
en una charla que se desvanecía en la confidencia
turbaban la monotonía del ocaso.....
De improvisó llegó una joven
que debió tener luto fresco
pues hasta tenía húmedas las manos.
Parecía un personaje de novela
y era sólo una virgen de veinte años,
que al decir de sus demás amigas,
nunca había amado.
INTERROGACIÓN
Esta joven
antes de ser mujer era una niña
que no tenía escrúpulo de mí.
Saltaba la cuerda en mi presencia.
Siempre al verme llegar corría
a pedirme cuartos para caramelo.
A veces me guardaba café,
y hasta recuerdo que en días de pesar
por no escuchar los reclamos de mi corazón,
yo la saltaba sobre mis rodillas.
Ahora tan sólo me acierta a mirar,
finge no verme y cruza,
sin decirme siquiera adiós.
No sé lo que yo le habré podido hacer.
Creo que siempre he seguido siendo con ella igual.
Ah, ya sé: piadosas amigas
le habrán dicho que debe huir de los hombres.
CIMA
Hoy martes
recibirá mi carta,
ella que es tan cordial amiga.
Sé de los comentarios antes de la lectura.
Pensará en el ‘ausente’
y tendrá para el amigo del amado
un elogio entre dientes acompañado de una mansa sonrisa.
Sonreirá como las princesas de los cuentos de hadas cuando están
tristes.
Ya veo en su rostro perlas y júbilos mudos que son lágrimas.
¡Si el vaho de las montañas pudiera hacerse sílabas
y cupieran en los interregnos de las letras
un poco de sol
y un poco de aire!
A lo menos debí remitirle una madreselva del campo,
o ponerle al pie de mi firma
las iniciales de mis dos poemas más ilógicos:
llevo el alma dormida como un remanso;
mi musa futura, bella en la oscuridad del amanecer.
HIMNO DE GRACIAS
Me hace falta una dulce Julieta
Que me diga con trémula voz:
‘Oh poeta,
compartamos ternura y dolor’.
La mujer de hoy en día me aterra.
En el siglo pasado nací
para en guerra
con el siglo presente vivir.
No es un ansia febril que me mueve
a buscar una dulce beldad,
sino un leve
sentimiento de amor y bondad.
Ya presiento mi triste partida,
y quisiera poder compartir
esta vida
con un alma inocente y feliz.
Unos van tras un mago zafiro,
otros marchan de glorias en pos;
yo suspiro
¡por amor, por amor, por amor!
LA LEVE CANCIÓN
Me empeño en ser tu dueño,
a más de por bella,
porque Dios te hizo casta
y a la castidad siempre
le rendí culto.
Aspiro más que a amante
a ser tu confidente
para saber por qué te pones roja
cuando a solas te hablo, y por qué pálida
cuando la tarde aléjase. Quisiera
que tú me confesaras una noche
por qué estás triste cuando al lado mío,
miro el cielo primero para verte,
y luego le hablo a mi alma para hablarte;
y después, cuando apártome de ti,
llevando el corazón en una mano,
y la frente en otra,
tras las enredaderas y los jazmines
que cubren tus balcones
advierto tu semblante, triste, triste.
Tú tienes la nostalgia de la fuente,
la infinita tristeza del crepúsculo,
y es tu vida muy diáfana. Azahares
tan sólo en tu camino se han abierto.
¡Yo seré en tu camino
el pájaro que canta!
EL ECO
Tus ojos extasían,
tu carne huele a flor:
quien sea timorato
que no escuche tu voz.
La magia de las yeguas
posees y el ardor:
quien sea timorato
que no escuche tu voz.
Al pasar electrizas
y haces rabiar de amor:
quien sea timorato
que no escuche tu voz....
SIESTA
La negra de los dientes blancos
me ha prometido
darme una cita junto a los naranjos
a la hora de la umbría,
en el momento en que gorjean los pájaros.
Se fue por la avenida de las acacias. Y en tanto
que unas cotorras la empalizada brincan
y ella por el andén se va alejando,
por mi memoria cruza
la visión de otro cuadro,
vivido hace unos meses
en el campo.
La quietud y el bochorno
me van amodorrando,
y ya siento en mis manos su cintura
y en mis labios sus labios;
tiemblan cual uvas sus morados senos;
y como un tronco al cual ya ha herido un rayo
cae su cuerpo por tierra, y en el bosque
los ruidos cesan por un rato.
Y ya desvanecido aquel mal sueño,
con los ojos fijos en el término vago
continúa mi impiedad, indiferente
como si nada hubiera pasado.
ROSA, EL POEMA DEL AMOR ANTILLANO
El Mercado de Santiago entre risas;
el aguacate,
los limones,
la piña,
el ajonjolí,
los melones,
el maíz tierno y el almácigo fuerte;
la zanahoria, los rábanos, el pimiento;
la berenjena tinta y la yautía con matiz de auyama;
la cabra que cura la fiebre
el romero que nos vuelve los ojos nuevos desde la madrugada;
la ‘flor del sol’ que recuerda a las mujeres el baile del
merengue
y el queso que revoluciona la chicas hacia la miel de abejas.
Ya está Rosa que llegó de Canca;
Canca es una aldea de Tamboril
que acostumbra mandar al pueblo hembras con los ojos húmedos:
El traje está hecho a expensas de rosas grandes de un rosado
subido;
no faltan los aritos,
las pulsas
y el sombrero…
Rosa tiene unos dientes que parecen de leche de cabra;
los ojos simulan rubios de tanto que brillan;
la muñeca es breve,
las cejas son de terciopelo;
el cabello torna ser sedoso y rizado a un tiempo.
Rosa no ha llegado al pueblo para que ‘La Joya’ se la trague;
sí, parece de la madera
de correr al galope sobre el lomo de todas las joyas.
Rosa gruñó al hablarme;
Rosa mostró disgusto cuando le hice varias incisivas preguntas.
Por unos instantes entornó los ojos como si quisiera llorar;
breves segundos estuvo fijo de unos arrieros que pasaban.
Pero, ¡Oh cabriola del invierno o Samatén del Trópico!
Rosa entre desdenes y esquiveces,
me ha sonreído.
¡No puedo deciros la lumbre de sus ojos a lo que me supo!
Sentí como que descolgaban la Iglesia Mayor a repiques seguidos;
¡mareé de tan feliz!…
Rosa, Rosa, le dije, dame un gancho.
Apareció un vendedor de pozuelos:
‘El café de los dos’, pensé.
II
Tengo a Rosa de edecana en mi casa desde hace tres días.
¡Con cuánto cuidado plancha mis camisas!
¡Cómo se enfada cuando mi voz se torna seca!
¡Cuánto júbilo cuando le ordenan que me sirva mi café el
primero!
III
He enfermado;
y Rosa, al endulzarme el té de ‘yerba buena’,
ha volteado la cara al otro lado…
IV
El hijo de Rosa está grave.
Rosa ha tenido que partir al campo.
Por más de quince meses
huyó Rosa del mapa de mi vida.
V
Hago la obligada espera en una oficina.
De improviso, es la misma Rosa que me mira y que me habla.
VI
Las uñas están más cuidadas,
el pelo es liso,
el túnico es de un matiz de rosa pálido.
VII
Rosa está en la ciudad y parece que nunca ha ido al campo.
VIII
Hablamos de volver a vernos,
pero el destino es cruel con nosotros.
Por más que nos empeñamos y nos esforzamos, ni sombra
del uno puede intentar jamás palpar el otro.
IX
Mi vida toma un tinte sombrío.
Por los cerros de mi ideal
pasa, huracanado, un viento de tragedia.
Toso muchísimo en la noche
y voy adelgazando con rapidez.
X
La palma de nuestras manos se ha tocado entera;
sentí que la voz se le puso triste
y se marchitó de arrobamiento su cuerpo.
XI
(Ahora sí es verdad que ella me ha presentido,
y yo que tuve su sonrisa por un mohín inútil,
y yo que me figuraba que el agridulce de sus ojos era
inofensivo como la llamarada del sol sobre el agua).
XII
Ya su sonrisa cobra aires de bandera al sol.
XIII
‘Como tú quieras. Siempre que tú quieras’.
XIV
‘He andado demasiado…
¿Por qué me llevaste tan lejos?
’
XV
‘¿Alguien te dijo alguna vez que yo era poeta?’
XVI
‘Seamos libres como la noche’.
XVII
‘Confundámonos como el polvo y el viento’.
XVIII
Rosa es de pasta tierna;
su voz crepuscular es dulce.
es fogosa como una ráfaga,
pero a un tiempo es humilde.
la ciudad se ha quedado al margen.
Toda la moza en cuerpo y alma pertenece al campo.
XIX
Toda la prima noche del 24 de diciembre
tuve la impresión de estar en el campo.
XX
El aire que respiro es perfumado;
tengo jazmines entretejidos en los dedos,
y un cansancio de rosas desmayadas
en los sentidos y en los huesos.
XXI
Rosa, iba a hablar… y comprendí que era innecesario;
y ahora te sonrío por entre los recuerdos.
XXII
Rosa, Rosa ¿estamos en noviembre
o en mayo?
ESTELARES RUTAS
(LA INENCONTRADA SURGE)
I
Y seré, y vuelvo a ser…
Y seré, y vuelvo a ser…
¡Oh, amada: por ti mi rosal ha despabilado sus estrellas!
Sólo a tu conjuro la noche me ha soliviantado en su ancho
océano…
Me interné en la infancia;
entré y salí del alba de la muerte
¡por ti, y sólo por ti!
II
¡Oh, amada! el día que te desmayaste en mis brazos;
abril era, la felicidad había estremecido mis ámbitos,
y mi corazón no lo advertía.
(Todavía tengo el corazón inflamado
y un sahumerio de lilas que me cala el ser todo entero.)
III
Parece que te he visto
porque hoy al despertar
me ha sabido a azucena la brisa.
IV
Única, tenías que ser así, única;
misteriosa y altiva;
risueña y triste;
esclava de mis ansias;
reina de mi ser;
mía en el día que se agita;
mía en la noche que renace;
mía en el alba que despierta;
mía en el crepúsculo de la raza futura que aún no ha germinado;
¡mía, mía, mía!
¡mía hasta antes de nacer
y hasta más después de morir!
V
Cuando me ibas a mirar te sonreías
y cuando te besé por primera vez lloraste.
¡Oh, el dolor del beso primero!
¡Oh, el martirio del beso primero!
¡Oh, el infinito gozar y sufrir a un tiempo del beso primero!
VI
Ya en tu patio los rosales no dan rosas sino estrellas.
No lo dudes: ‘me amas’, ‘me amas’, ‘me amas’.
VII
Y si no me amaras, ¿qué sería del orbe?
¿Y del pájaro solitario en la rama?
¿Y de la pobre onda líquida cuyo equilibrio es su desequilibrio?
En ti laten causas de mundos;
pero te vistes de levedad
para que te ignore hasta el átomo.
VIII
¡Oh, amada!, la que te me ocultabas
a cada paso del camino,
a cada sinrazón de la jornada,
y que ahora,
inesperadamente,
me vuelves de niebla los pies y las manos.
Y junto a ti estoy siempre,
a despecho de la vida,
del porvenir
y del pasado.
EN EL ÁLBUM DE UNA NIÑA DE SAN FRANCISCO DE MACORÍS
Niña alada;
oye, niña alada:
las flores piensan
y los recuerdos en las praderas de asfodelos hablan.
Tu niñez es promesa
y tu candor confianza;
tú, que restaste una noche al sueño
para cubrir con un fulgor el alba;
tú, hondonada en el pelo;
tú, rocío en la palabra;
pies que al pisar presienten;
alma, gala del alma.
Niña alada;
oye, niña alada:
las flores piensan
y los recuerdos en las praderas de asfodelos hablan.
VERSOS DE AMOR Y DE MISTERIO
En todas las horas de la ausencia mis manos
te tomaron la nuca,
te oprimieron los senos;
palparon el más desnudo tacto de tu boca,
naufragaron en la lejanía de tus ojos…
Tan mía como fuiste;
y sin embargo
por tu ausencia,
inexplicablemente,
junto a la soledad,
¡cuán poco mía!
Me dormía con tus piernas oprimidas
junto a los brazaletes de mis manos;
sentía el dulce rumor de tus cabellos
y hasta el eco de tu mirar lejano.
Después, al despertar me bebía el alba
y veía una cana de mi cabeza,
la última,
gemir de dolor entre tus dedos.
AZULEJOS
Tan triste que eras cuando niña
y ahora tan lúcida que te ve mi pena.
Muchachita que trajeas de luto,
yo distingo el azahar de tu corpiño de encaje,
que me perfumaba el perfume…
Por la calle 19 de Marzo vivías
y ahora se encuentran nuestros pasos por la calle 19 de Marzo.
Dirás que a mí las confidencias no me lucen
y te diré que no me luce ni siquiera el silencio.
Nuestra conversación por lo general es trivial,
pero yo recojo en tu sonrisa de ayer,
tus palabras de ayer, de hoy y de siempre.
Muchachita no te dejaría mentir
si un día quisieras entrever
por qué nunca me caso.
BRIZNAS DE LA COLINA
I
Quisqueyana, déjame besar los vellos de tus piernas;
déjame inundar la inédita vía de tu anhelo…
Mujer de los arqueados ojos
y las crispadas manos:
sosténme en el torbellino de mis aspiraciones y mis deseos;
cunde mi plectro con la suavidad de tus manos
y reverdece con tus palabras el apagado cenit de mi anhelo.
Mujer, mixtura de infinito
y de llanto:
comprende a tu hombre triste, salmodia a tu muerto,
y coge al vuelo la paloma de los pies y de los ojos alados.
…Calló la voz
y el crepúsculo se derramó en cadencias
sobre las puertas sin forma de lo desconocido.
II
Venía un vals lento.
Todo el mundo callaba en la aldea.
¿Si la música se parecerá a la muerte?
EL GUANAL
Dulce niña amada de los ojos negros,
la miel en los labios y el alma en la voz:
ya no me consuelas en mis horas tristes
ni en la noche vienes a hablarme de amor.
Musitaba en silencio el pobre hombre
y ni la brisa a ras del horizonte,
ni el sol,
ni las tenues perdices
calmaban el hambre de su pecho.
El cielo mentía un agujero claro,
y las sombras de los distantes árboles
daban a la aurora una quietud crepuscular de marasmo.
Hoy, al través de catorce o quince años,
el hombre sigue triste,
musita en silencio la misma canción,
y la misma inquietud de aspiración
corroe sus entrañas y su pecho.
DESASIMIENTO
Era blanca
y me perseguía;
era pálida
y me perseguía;
era casi diáfana
y me perseguía.
Mujer,
¿no sabes que ya yo he olvidado la vida?
Mujer,
¿no sabes que ya yo he trocado mi corazón por un cayado?
Mujer,
¿ignoras que hasta la lumbre de mi sentir se ha desvanecido?
ÓLEO
(A LA MANERA ANTIGUA)
La niña de la pampa,
la flor del tabacuelo;
el bucle en onda corta;
el mirar, riachuelo.
La faz canela brava;
el pecho jardín ancho;
visión de un sueño esclava;
nitidez en el rancho.
Amor tocó a su puerta.
Canción sonó en su oído.
La esperanza en el viento.
Polen de alba en el nido…
En tanto, cuatro o cinco
nubes por el andén
revuelan con ahínco
sobre la tarde sen.
MAESTRA
Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera,
su humo de sol,
su organillo de pájaro…
Háblanos del plátano que rezaba a la sombra
y del guineo que amarillaba junto al oreganito.
Del maizal que nos confirma que en América
no es exótico ni lo rubio ni lo negro.
Maestra, no te muestres tan distraída ante tus parroquianos
hombres…
Piensa que ser mujer,
y mujer con m minúscula,
es de todas las cosas lo que en verdad te importa.
Trocar los sexos, ¿y con qué objeto
siendo como eres en realidad, de un sentir prolijo y tierno?
Así: minuciosa, sensible y sumisa
te soñó mi egoísmo,
y te anhelan mis hijos que están en gestación desde la infancia.
INDIA
India, desde la cabeza hasta los pies,
in – dia;
debí decir mestiza
pero ya ves, escribí india
y no me arrepiento:
a veces la salvación de un porvenir está en el pasado.
No sé si vienes de Boyá
donde se consumió la indiada nuestra,
o de Enriquillo
donde se sublevó el cacique que enarboló ese nombre.
Con la tristeza de tu mirada
y la majestad de tus senos
yo estoy comulgando horizonte arriba…
(¡Oh, tú que viniste a mí con la nostalgia del otoño
y la reciedumbre de la primavera!)
En mí estabas buscando un hijo que tal vez se te había perdido
o el primer varón del orbe que se había de tus sentidos
eclipsado.
Me sonreías de soslayo
y me lanzabas responsos de diatribas.
Ahora, ya ves, yo me he alejado…
Y he dejado el presente a tus pies como una cosa muerta…
Seguiré en mi afán de realizar a América;
aunque ya no con la voluta de la caricia
ni en el volcán de la sangre,
sino en este vislumbrar de rey vencido…
(Trescientos siglos diluidos en cuarenta y cuatro años)
¡Oh, Mujer! qué remoto debiste verme,
con mis zapatos viejos,
mi sombrero deteriorado,
y mi doliente afán de ajuar antiguo…
¡Qué soso te debí parecer siempre
con mi alocado afán de futuros inéditos!…
ESTÉRIL
¡Oh tú, vagabunda! con quien me di el abrazo en el río,
no te engañe el lucero del alba,
no te engañe la luna de Julio,
no idolatres la gasa del monte
ni profieras: ‘La Patria es mentira’;
yo alenté tus primeros impulsos,
gasté en plata tus rútilas perlas,
he incendiado las aguas de instinto,
como he constatado en un rapto de suprema constancia
la terrible igualdad de la risa, de la sal, de la sangre y el
agua.
Vivo yo, debes creerte que he muerto;
muerto yo, debes mirar que vivo
hecho miedo en tu risa de histérica,
hecho espasmo en la simultaneidad de la muerte y la vida!
TREINTA AÑOS
Es verdad que no era la misma;
pero era ella misma:
sus fragancias quedaron en mi alma
pero su alma
era la misma alma
hermana de mi alma.
¡Tulia; Tulia! -Grité desde el Emparrado de Bella Vista,
y ahora la encuentro menguada por los años.
Es la madrugada,
y mi sangre se agolpa en un anhelo de resurrección;
pero la busco, la busco y no la encuentro.
¡Será por ventura la vida
un hálito que se apaga en el tiempo?
¡Jamás!
Tulia es siempre Tulia
y yo continúo siendo el mismo.
II
Amémonos más allá de la muerte;
en la eternidad y más allá de la eternidad.
III
¡Acaso Dios nos dejó en la tierra
para cruzarse de brazos ante el destino de los hombres?
Irrumpamos sobre el destino de las cosas,
y conquistemos de nuevo la vida.
_________________
El lector advertirá en este poema que la primera estrofa tiene 6
versos, los dos primeros terminan con la misma y los cuatro
siguientes con alma. No es frecuente este hecho en la obra de
Moreno. Luego aparece una mujer llamada Tulia, amiga o amante
del poeta, pero esta ha envejecido y él intenta reconocerla,
pero no puede, y al fin concluye que la vida no se apaga con el
tiempo y uno siempre es uno mismo. En los dos apartados
siguientes, ya el poeta no habla de aquello sino que filosofa al
margen sobre hechos generales, habla del amor más allá de la
muerte y de la eternidad misma y concluye preguntando a Dios si
ha abandonado a los hombres, no obstante, si eso ha ocurrido,
nos invita a que conquistemos de nuevo la vida. Este poema
ilustra bastante lo que es el postumismo de Moreno Jimenes, como
ya hemos visto más arriba.
NOTAS
Promesa 1916 (Pág. 20 de Las Obras). (1913)
Promesa 1916 (Pág. 28 de Las Obras). (1914)
Promesa 1916 (Pág. 32 de Las Obras). (1914)
Vuelos y Duelos 1916 (Pág. Pág.41) (1915)
Vuelo y Duelos 1916 (Pág. 45 de Las Obras). (1915)
Vuelos y Duelos 1916 (Pág. 45 de Las Obras). (1915)
Vuelos y Duelos 1916 (Pág. 48 de Las Obras) (1916)
Vuelos y Duelos 1916 (Pág. 56 de Las Obras) (1916)
Psalmos 1921 (Pág. 71 de Las Obras). (Letras, 14/7/18)
Psalmos 1921 (Pág. 72 de Las Obras) (1818)
Psalmos 1921 (Pág. 72 de las Obras) (Escrito en 1917,
Letras 18/8/18)
Psalmos 1921 (Pág. 79 de las Obras) (Letras 20/10/19)
Psalmos 1921(Pág. 80 de las Obras).(Lettras20/7/19)
Diario de la Aldea 1925 (Pág. 109 de las Obras).
Decrecer 1927 (Pág. 117 de las Obras).
Decrecer 1927 ( Pág. 117 de las Obras). (1918)
Decrecer 1927 (Pág. 118 de las Obras). (1918)
Decrecer 1927 (Pág. 119 de las Obras). (1919)
Decrecer 1927 (Pág. 120 de las Obras). (1921)
Decrecer 1927 (Pág. 122 de Las Obras).
Días sin Lumbre 1931 (Pág. 141 de Las Obras). (1917)
Días sin lumbre 1931 (Pág. 141 de las Obras). (1917)
Días sin lumbre 1927(Pág. 144 de las Obras). (1918)
Palabras sin Tiempo 1932 (Pág. 172 de las Obras). (1919)
(Día Estético No.7, 1929)
Embiste de Razas 1936 (Pág. 198-201 de las Obras).
(1935)
Sentir es la Norma 1939 (Pág. 214 de las Obras).
Sentir es la Norma 1939 ( Pág. 216 de las Obras).
Sentir es la Norma 1939 (Pág. 216 de las Obras).
Fogatas sobre el Signo 1940 (Pág. 217 de las Obras).
Fogatas sobre el Signo 1940(Pág. 218 de las Obras).
(1933)
Fogatas sobre el Signo 1940 (Pág. 220 de las Obras).
La Religión de América 1941 (Pág. 234 de las Obras).
(1938)
La Religión de América 1941 (Pág. 235 de las Obras).
La Religión de América 1941 (Pág. 236 de las Obras).
(1938)
La Religión de América 1941 (Pág. 236 de las Obras).
(1938)
Canto al Atlántico 1941 (Pág. 243 de las Obras). (1932)
Santa Berta y otros poemas, 1959, (Pág. 296 de Las
Obras).
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