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domingo moreno jimenes

 

ANTOLOGÍA POÉTICA AMOROSA DE DOMINGO MORENO JIMENES

 

Selección y notas de

Manuel Mora Serrano

 

 

PALABRAS LIMINARES

 

Domingo Moreno Jimenes nació y murió en Santo Domingo (7 de enero 1894- 21 de septiembre de 1986), nieto y bisnieto de presidentes (el dominicano Juan Isidro Jimenes Pereyra dos veces en el solio en 1899 y 1914 era el padre de su madre  María Josefa Jimenes Hernández procreada con Rosenda Hernández, que la tuvo en Sabaneta en 1872, cuando regresó del exilio desde Puerto Rico y el cubano Manuel Jimenes, segundo mandatario del país), Moreno tenía sangre cubana y venezolana, la de su padre Domingo Moreno Arriaga, hijo del venezolano Antonio Moreno Urdaneta y la seibana Emilia Arriaga.

A pesar de esa prosapia, ni él ni su madre tuvieron fortuna y siempre vivió modestamente.

Su madre vino a vivir a Santo Domingo a la casa de María Teresa Valencia, una pariente de su abuelo, (que sería su madrina y madre de crianza, a quien dedicó un poema en 1925: Mi Vieja se Muere), su progenitora conoció en el barrio de La Misericordia, en la calle San José (hoy 19 de Marzo), a Domingo, con quien casó en la ciudad capital y tuvo su único hijo en Santo Domingo, pero esas vinculaciones familiares con Sabaneta y El Seibo (de donde eran oriundas sus abuelas), le llevó a ambas ciudades en su infancia y primera juventud. En ellas fue maestro y director de escuelas públicas, ya que había estudiado pedagogía.

Casó con su compañera de toda la vida, Emelinda Espinal, con quien procreó varios hijos, de los cuales sobreviven Juan Isidro (Mumo), Lourdes, Antonio (Toño) y María Teresa Moreno Espinal, además tuvo dos más en Sabaneta, Isabel y María Dolores (Lola) Moreno, de las cuales únicamente Isabel ha fallecido.

Moreno murió como vivió, humildemente, en su casa de la calle que llevaba su nombre en vida, en el Barrio de Mejoramiento Social No. 15 y murió en su ciudad natal el 21 de septiembre de 1986.

Durante su larga existencia desempeñó algunos cargos, desde telegrafista, maestro en distintos sitios, hasta director del Instituto de Poesía Osvaldo Bazil en San Cristóbal, creado para él durante el régimen de Trujillo en 1950; pero la mayor parte del tiempo vivió como buhonero de sus libros y plaquettes: vendiéndolos por ciudades, pueblos y aldeas de la República. Además de los lugares mencionados, residió en San Pedro de Macorís, Monte Cristi y Santiago.

Todavía no lleva su nombre ninguna calle de las ciudades donde vivió y alentó a la juventud, fundando en tres de ellas grupos y colinas sacras. Sin embargo, escuelas, bibliotecas y talleres literarios, sí lo llevan.

Aunque nació en la calle San José (hoy 19 de marzo), por razones económicas se tuvo que mudar con su madre de crianza alrededor del 1918 a la calle Benito González próximo a la Jacinto de la Concha, en la nueva barriada de Villa Francisca, donde también vivía Rafael Augusto Zorrilla (El Seibo, 1892), un ex guerrillero aficionado a la literatura que tenía una panadería a pocas casas de la suya y con quien hizo amistad.

Más tarde vino a mediados de 1920 desde Santiago donde cursaba el bachillerado a continuar estudios, el montecristeño Andrés Avelino (nació en Las Aguas, Monte Cristi, aldea próspera entonces, en 1899), y fue a vivir en la casa de Zorrilla y juntos los tres poetas crearon El Postumismo, término inventado por Avelino porque pensó que su arte nuevo no iba a ser comprendido sino después que ellos muriesen, y llamaron a la parte alta donde vivían, el entonces barrio nuevo de Villa Francisca, como La Colina Sacra, en oposición a El Llano como se designaba la ciudad de Ovando, o ciudad Colonial.

La fama de Moreno está cimentada en ser un poeta profundo, fundador junto a Andrés Avelino, y Rafael Augusto Zorrilla y Francisco Ulises Domínguez, del movimiento vanguardista El Postumismo, proclamado en la revista La Cuna de América el 28 de marzo del 1921, en esta ciudad.

Sin embargo, no sólo en sus dos primeros libros editados en 1916, Promesa y Vuelos y Duelos, que fueron escritos del 1913 al 1915 (cuando el poeta estaba en plena juventud), hay muchos poemas de amor, sino a lo largo de toda su obra, especialmente en Psalmos (1921), Decrecer (1927), Días sin Lumbre (1932), La Religión de América (1938), Sentir es la Norma (1939), y Fogatas sobre el Signo (1940), hasta en Santa Berta y otros Poemas (1959).

Debemos aclarar que, quizás por razones económicas (su ilustre abuelo salió de la presidencia en 1916 precisamente), un tercer libro con poemas escritos entre 1915 y 1916 no pudo ser editado y esos versos fueron incluidos en sus libros posteriores, regularmente indicando la fecha de su escritura, de ahí que en obras tan lejanas a esa fecha como los años cuarenta, todavía aparezcan poemas rimados y hasta sonetos, porque salvo excepciones como La Hija Reintegrada, el más famoso de los poemas escritos por Moreno, casi todos sus libros extensos son recopilaciones de poemas publicados en diarios y revistas, mezclados con algunos inéditos.

Vamos a escoger algunos versos de Moreno de sus diversas épocas, que él dividió en dos: la anodista o de ser nadie y la postumista, o la de ser alguien; vale decir antes del 1918 y después de esta fecha, aunque algunos de ellos se publicaron en su segunda etapa, realmente el cambio de lo que luego se conocería como Postumismo se gestó en Sabaneta (Santiago Rodríguez), cuna de su madre y de la que luego fuera su esposa, cuando fue nombrado director de la escuela local en 1918. Aparecerá al pie el título del libro donde originalmente se publicó y el número de la página de la selección más amplia que se ha hecho de su poesía, editada por Taller en 1975: Del Gemido a la Fragua. Obras Poéticas de D. Moreno Jimenes, con la nota escueta de las Obras.

 

NOTA SOBRE EL POSTUMISMO

 

Se considera el mayor mérito de Moreno Jimenes el de ser la figura principal del post-modernismo en la República Dominicana y uno de los primeros en las Antillas hispanas; no sólo al imponer el versolibrismo, sino en proclamar la libertad absoluta del creador y la necesidad de dar el color local.

El postumismo fue el primer movimiento literario de vanguardia en el país al romper con el modernismo e imponer el verso libre en la República, declarando los otros dos fundadores que los orígenes del mismo fueron los poemas de Moreno publicados en la revista Letras desde 1918, por lo que, éste, tanto por su obra y su larga vida (sobrevivió a los otros dos), como por lo admitido por los demás fundadores, es la figura principal de dicho movimiento.

Ya ha sido reconocido internacionalmente como el primer movimiento de vanguardia de Las Antillas, no el primer ismo, ya que antes de su proclama en 1921, el puertorriqueño Luis Lloréns Torres definió el Pancalismo (todo es bello) y el Panedismo (todo es verso) en 1913 y en su libro Sonetos Sinfónicos de 1915, incluyó su manifiesto, que al ser comentado por los postumistas, forman parte de sus bases ideológicas.

En el país se ha dicho que hubo otro movimiento llamado Vedrinismo, pero las últimas investigaciones serias han reconocido que este ismo creado por el sancristobalense Manuel Zacarías Espinal en 1926, atribuido luego a Vigil Díaz, diciendo que se había proclamado en 1912 con la edición de su primer libro de poemas en prosa, Góndolas, no tuvo manifiestos y luego se comprobó documentalmente al publicarse las obras completas de Vigil Díaz y Zacarías Espinal y las de Tomás Hernández Franco, con estudios y comentarios de Diógenes Céspedes y José Enrique García, sobre todo con un artículo de Tomás de 1929, sosteniendo que era posterior al postumismo.

Está documentado que Vigil Díaz había sido militante original del Postumismo  apareciendo en la proclama detrás de Moreno Jimenes, en el puesto que legalmente correspondía a Avelino o a Zorrilla y en una conferencia dictada por Hernández Franco en 1923 en París, llamó a los Postumistas imbéciles conscientes y declaró que la figura principal era Vigil Díaz.

Indudablemente que Vigil Díaz es sumamente dichoso, porque el vanguardista real es Zacarías Espinal, creador del nombre y poeta rarísimo, víctima de la morfina y sin embargo, por designios de Hernández Franco, Pedro René Contín Aybar y Manuel Rueda, se dice y se sostiene que Vigil es el creador y figura principal y que el auténtico creador, Zacarías Espinal, fue su seguidor. Paradojas de la historia.

Ni Contín Aybar ni Rueda han aportado pruebas y Rueda ha publicado, sin base documental alguna, que Moreno Jimenes nació en Santiago. Ni su padre ni su madre mientras estuvieron casados, vivieron o visitaron juntos a la ciudad cibaeña. Tanto el acta de nacimiento como la fe de bautismo de Moreno están a disposición del investigador que se respete en el Archivo General de la Nación y en el Arzobispado de Santo Domingo, en agosto del 1894, porque cuando fue bautizado se hizo la declaración, como Domingo Segundo Moreno Hernández ( su madre no había sido reconocida por su ilustre abuelo para esa fecha). De ese modo se hacen “autoridades” y famas, aquí en y muchas partes, por inercia de los estudiosos de la historia que repiten como loros sin hacer la más mínima investigación.

De ahí que aconsejamos a los estudiantes y futuros profesores o investigadores de nuestra historia, que tengan mucho cuidado cuando sostienen cosas que no están avaladas por documentaciones.

La larga vida de Domingo Moreno Jimenes estuvo dedicada de manera absoluta a la poesía, de lo que hizo un apostolado, aunque escribió algunas prosas, no incursionó en la narrativa. No hay en su obra cuentos ni novelas. Fue un poeta pleno.

Fundó varias capillas literarias, llamadas por él colinas y proclamó por radio en San Pedro de Macorís y en un acto en la Colina de Asomante en el Seibo, en 1936, que el arte, especialmente la poesía, debería ser la religión universal, declarando más tarde que la poesía era una ciencia y finalmente en la revista Los Nuevos que se editaba en La Vega, en una conversación con Rubén Suro (Ver Postreros Camino del Postumismo, en Pág. 286-87 de Las Obras) dijo que para poner la poesía a la altura de un sacerdocio se requería liberar el verso, liberar la poesía del verso y liberar la poesía de la palabra. Era su exigencia de un lenguaje sintético, por lo cual concluía diciendo que el Postumismo, en el estudio de sus elementos constitutivos, no era obra de hoy sino del mañana lejano.

Por estar fundando colinas sacras en San Pedro de Macorís, El Seibo y Santiago, en 1934 le dieron un golpe de estado como Sumo Pontífice del Postumismo y eligieron a Rafael Augusto Zorrilla, pero éste murió en el 1937 y nunca más se hizo otra elección. Sin embargo, los medios y los escritores siguieron considerando que era la figura máxima y el creador. En cuanto a lo de Sumo Pontífice, que no era un título real, sino una especie de apodo áureo que le endilgaron los primeros comentaristas del movimiento, que, aunque lo admitió tácitamente porque nunca protestó,  jamás firmó admitiendo tal cosa.

Aunque muchos niegan su influencia, tanto Moreno como el Postumismo han sido guías señeros de muchos talentos, no sólo los que formaron parte de las capillas o colinas, que son poetas importantes la mayoría, sino las juventudes que vinieron después.

Lo que incluye un movimiento actual, capitaneado por Abraham Méndez Vargas poeta de Neyba radicado en Barahona, que se proclama como neo-postumista: el movimiento informalista.

De modo que tanto Moreno en su obra, que es siempre estudiada, como el postumismo como movimiento de vanguardia nacional, por sus teorías y sus logros, siguen teniendo vigencia actual.

 

LA POESÍA AMOROSA DE MORENO

 

Los lectores advertirán que Moreno Jimenes ni siquiera enamorado es un poeta fácil, trascendiendo lo meramente anecdótico del amor y sin embargo, aunque no utiliza palabras raras ni rebuscadas, se siente que las expresiones están cargadas de significaciones inusitadas.

Otro detalle que informa sobre el Postumismo es que los poemas escogidos, unos tienen rimas asonantes y están medidos y otros son totalmente libres, por lo que la proclama de la libertad era absoluta: Si el poeta quería escribir sonetos, que los escribiera y si los quería libres, que los hiciera. La diferencia estaba en que ellos desterraron de sus versos las princesas azules, los cisnes, los dioses paganos y toda la parafernalia modernista; basta leer a Moreno en su segunda etapa (en la primera hay cisnes y elementos de aquel movimiento y trazas puramente románticas, porque el modernismo dominicano, que tiene figuras tan señeras como Fabio Fiallo, nunca dejó de ser romántico), para saber que Rubén Darío había muerto y había nacido una forma nueva de decir la gran poesía con palabras de todos los días, con vulgaridades incluso, pero muy latinoamericanas.

Se ha dicho que el Postumismo se distingue por utilizar palabras criollistas y expresiones vulgares. En las muestras que ofrecemos encontraremos varias que podrían tildarse de tales, como cuando dice: buscar cuartos en vez de dinero o túnico por vestido y en algunas construcciones, como en el caso de concento y el sustantivo tojos. Y entre las que parecen ser de su autoría, cuyo significado no encontrarán los estudiosos en ningún diccionario están los adjetivos brismal y rútilas y el sustantivo adjetivado Samatén.

La presente selección no incluye las obras más famosas ni principales de Domingo Moreno Jimenes como El Poema de la Hija Reintegrada y otros que tratan los grandes temas humanos y metafísicos, como Dios, el tiempo y la muerte, su pasión por América, la poesía como religión universal, etc..., pero si se reproduce in-extenso uno de los cantos más extraños del poeta: Rosa, el Poema del amor Antillano, aparecido en su libro Embiste de Razas de 1936, que ha sido comentado por Héctor Incháustegui Cabral en su libro de críticas De Literatura Dominicana Siglo Veinte, por aquella expresión del poeta Rosa, Rosa, dame un gancho. Esa es una de las curiosidades que se antologan por primera vez.

Por tratarse de una antología para jóvenes estudiantes se ha hecho una elección pensando en diversas edades, desde los muy jóvenes hasta los ya adolescentes (sin olvidar a los profesores), espigando en sus libros estas flores líricas.

 

Bibliografía: En muchos textos de historia literaria y en todas las antologías generales que se han publicado en el país después del 1921, aparecen estudios y poemas de Moreno; los interesados en encontrar más datos, además de las enciclopedias y diccionarios literarios, pueden encontrarlos en la Antología Poética de Domingo Moreno Jimenes (Librería La Trinitaria, 1998) de la autoría de quien selecciona estos poemas amorosos.

Se han escrito tesis y estudios de su obra, incluso, su nieta Bárbara Moreno García editó El recorrido poético de Domingo Moreno Jimenes (Editora Datadruck, Nersigen, Alemania, 2001), en ella aparece una cronología completa de la vida de su ilustre abuelo. Para más datos sobre su obra, se pueden consultar los siguientes textos: Domingo Moreno Jimenes, Apóstol de la Poesía, José Rafael Lantigua, (hay varias ediciones); Antología Poética de Domingo Moreno Jimenes, Flérida de Nolasco, Librería Dominicana (1944)

Moreno publicó varios libros y plaquettes, sin embargo sus obras principales son: Psalmos (1921) que es libro donde están las bases del postumismo; Decrecer (1927); Días sin lumbre (1932); El Poema de la Hija Reintegrada (1934); La Religión de América (1947); Evangelio Americano (1942) y Santa Berta y otros poemas (1959).

 

ORDEN Y ESTRUCTURA DEL PRESENTE LIBRO

 

Por estar dedicado este volumen al amor, hemos escogido poemas de la etapa anodista de Moreno, porque son versos de juventud escritos antes del 1916 y aparecidos en sus dos libros primeros.

Como advertirá el lector, Moreno Jimenes, y así lo dijeron los críticos en su oportunidad, no era antes de la aparición de Psalmos un poeta con acento personal; era un muchacho sentimental, heredero del modernismo, rimador de versos, que incluso habla de llorar apasionadamente por una mujer.

Su primer amor, Dolores, era rubia. Quien escribe la conoció en un vehículo público en esta ciudad, cuando ella se le identificó.

Moreno le llegó a confesar al antólogo, que su vida estaba escrita en sus versos; que todo lo que escribió, lo sintió o lo vivió. En otras palabras, que él era un poeta absolutamente sincero.

Fue un gran apasionado durante toda su larga vida y en estos poemas se desnuda un temperamento que regularmente se ha estudiado por otras temáticas mucho más serias, como dijimos, relacionadas con la muerte, con el ideal, con América.

Un personaje que fue siempre serio, adusto, solitario, que envejeció temprano, al extremo de que apenas con cuarenta años parecía un anciano, siempre aparentemente distraído, sin una preocupación por su aspecto físico, sorprende que escribiese tantos poemas de amor, de los cuales, apenas damos una muestra.

 Ahora bien, al verlos ahora así, sin la compañía de los otros poemas consabidos, aunque algunos han sido muy antologados como Maestra, India, etc.., tendremos la sensación de leer a un poeta, aunque publicado, en cierto sentido aún inédito. A otro Domingo Moreno Jimenes.

Veamos entonces, la primera parte, la anodista, cuando él se consideraba que era nadie.

En la segunda parte tendremos al Moreno entrando en la madurez y ya en su plena forma. Eso nos permitirá una mirada de simpatía desde otros ángulos líricos.

 

 

POEMAS DE AMOR DE DOMINGO MORENO JIMENES

 

PRIMERA PARTE

SELECCIÓN DE POEMAS DE PRIMERA JUVENTUD

 

 

DISCONFORMIDAD[1]

 

Mucho engañado viví,

y ojalá siempre engañado

haber, mi bien, continuado

por más tiempo junto a ti.

 

Pues, ¿qué hice? Descubrí

el horror de tu pasado,

y una noche de tu lado

lleno de pesar me fui.

 

Desde entonces vivo errante,

siempre viéndote delante

nunca pudiendo olvidar.

 

Lo mucho que nos dijimos

la noche que nos unimos

en un beso junto al mar.

 

                   

 INCERTIDUMBRE[2]

 

Triste, triste pasé por tu puerta

y como es de costumbre no estabas

con tus pálidos ojos de niña,

con tus lúcidos ojos de alba

mirando el camino

que conduce a tu humilde morada.

 

Di, ¿qué pudo arrancarte del sitio,

del lugar donde van mis miradas

a confiarte las hondas congojas

que sumen el alma

en la tétrica noche de dudas

de mis hondas y frías nostalgias?

 

¿Una sílfide vino a anunciarte

la fatal llegada

de este pobre mendigo de besos

que va por el mundo do quiera que pasa

dejando una endecha

de rocío empapada?

 

 

SAETA[3]

 

Porque te he sido sincero

me desdeñas, enemiga,

en lugar de ser mi amiga,

porque te he sido sincero.

 

Por un capricho altanero

de mi suerte, no mendiga

mi alma tu afecto, enemiga,

por un capricho sincero.

 

Que al fin y al cabo tù has sido

lo que debiste haber sido

antes de yo conocerte:

 

Insinuación petulante,

liviandad, no amor constante

antes de yo conocerte.....

 

 

A UNA ROSA BLANCA[4]

 

Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,

y no te envidiaría porque también es blanca,

y no te envidiaría porque también es diáfana

como el ala de un cisne, como el cristal del agua.

 

Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,

y te acariciaría con sus dedos de nácar,

y te contemplaría con sus ojos de hada,

como te sonreiría con su sonrisa mágica.

 

Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,

y te confiaría sus penas más calladas,

y no te ocultaría su única esperanza.

 

Si ella te viera, rosa, te llamaría hermana,

y al hallarte tan triste bajo la luna pálida,

casi instintivamente pensaría en mi alma.

 

 

ESPERANZA INCIERTA[5]

 

Espero que unos ojos me miren con dulzura

como hace mucho tiempo nadie ha osado mirar

mis pobres ojos tristes que mueren de ternura,

mi pobre frente pálida que muere de pesar...

 

Espero que unos labios se entreabran en la noche

como esas flores bellas que exhalan blanda luz,

como la noche augusta va desplegando el broche

con vaporosa calma sobre el lejano azul.

 

Espero un alma amiga que con mi alma se una

para en la hora indecisa del crepúsculo orar,

y orando nos sorprendan los rayos de la luna

de nuestro amor rielando el anchuroso mar...

 

Espero algo intangible que yo no sé si existe,

algo que al alejarse ha sugerido en mí

la nostalgia de verme tan demasiado triste

¡El dolor de sentirme para siempre infeliz!

 

 

ELOGIA SU BELLEZA[6]

 

A la yedra la besa la brisa,

el sol muéstrale su ojo de oro

y la nube su veste de nácar

y la noche callada su toldo;

 

mas, la niña inocente y sencilla,

que en silencio tranquilo  yo adoro,

vive sola en un claustro sombrío

cercada de tojos;

 

donde nunca la besa la brisa,

ni el sol muéstrale su ojo de oro,

ni la nube su veste de nácar,

ni la noche callada su toldo;

 

pero que, si la vieran las rosas,

temblarían de odio...

 

 

SINFONÍA DE AMOR[7]

 

¡Oh! las luchas de su amor con sus rubores

en los fúlgidos instantes de pasión,

cuando entre dulces candores y temblores

vence el invencible amor...

 

¡Oh! la miel de sus caricias juveniles

en los fúlgidos instantes de pasión,

cuando siento palpitar los quince abriles

de su juventud en flor...

 

Oh! las luchas de su amor con sus rubores

en los fúlgidos instantes de pasión,

cuando miro sonreír sus ideales

en lánguido sopor....

 

¡Oh! mi amada silenciosa, milagrosa

que en los fúlgidos momentos de pasión,

va entreabriendo, al suspirar, la blanca rosa

de mi jardín interior.

 

 INGENUIDAD DULCE[8]

 

¿Inconstante? Nunca

yo he sido inconstante,

y menos contigo

que tanto me amaste.

 

Ningún compromiso

me liga con nadie,

en la ausencia tuve

por consuelo el arte.

 

Y esa triste prenda

que a dudar te hace;

Mira! es un anillo

que al morir mi abuelo

me legó mi padre.

 

 

 

SEGUNDA PARTE

POEMAS DE LA ETAPA POSTUMISTA

 

Como ya señalamos, la segunda parte contiene los poemas escritos o publicados por Moreno Jimenes en sus libros desde Psalmos en adelante, aunque, como también dijimos, muchos de ellos fueron escritos en la misma etapa anterior, en la anodista, con la diferencia de que sus libros posteriores a este de 1921 se consideran, por ignorancia de los investigadores, como partes integrantes del postumismo, pero indicamos que como él tenía un tercer volumen que no pudo editar por razones quizás económicas, los fue insertando en sus diversos libros y plaquettes.

Para evitar confusiones al respecto, anotaremos, además del dato del libro y la fecha de edición donde aparece y la página donde está en Las Obras, la de de su publicación en algún órgano de prensa o la que figura al pie en las ediciones originales de los libros citados.

   

 

NOCTURNO[9]

 

Por la puerta entrejunta

de mi tranquilo cuarto

entró un ampo de de luna

y se durmió en mi lecho.

 

No era aún de noche. Pocas

nieblas flotaban en el éter como

aureolas o nimbos. La llanura

se adornaba de púrpura.

 

Entro, y sobre la almohada,

como una crencha rubia

advierto el rayo tibio

que la alcoba penumbra.

 

Y pienso en ella; sólo

acierto a verla muda

como la tarde última

del adiós. Me inclino

sobre mi cama dura

a esperar los murciélagos

o a soñar con el alba que en el pinar se escucha...

 

 

A LUCILA[10]

 

I

 

No duermo. Desde el sábado

que te vi en el mortuorio de una virgen

que murió de tristeza,

no acierto a ver la luna

sin llorar a torrentes;

por la espuma del mar vagan mis ojos

sedientos de idealismo; solo y mudo

recorro el camposanto, ¡y ni los sauces

mi espíritu sosiegan!

 

II

 

Turgente nido de azucenas púdicas

para posar las sienes;

cabellera de sándalo y de oro

para emerger los dedos bautismales;

ojos para soñar mil imposibles;

manos de luz para cubrir de besos;

frente para olvidar, y labios tibios

para la vida adormecer de encanto

posees, y estoy triste,

me hastía todo y sufro.....

 

 

LA CITA[11]

 

Llevaba una caléndula en la mano, entreabierta.

Sus ojos parecían dos soles negros. Toda

ella temblaba muda de pasión y de miedo.

En su semblante pálido florecían dos rosas.

 

Un estremecimiento su ser ya casi exánime

recorrió. Yo sentía su corazón ardiente

latir. Nos separamos sin hablar. Un reloj

que sonaba a esa hora me recordó la muerte.

 

 

LIGELIA[12]

 

Tengo una novia

trigueña y silenciosa

que me ama en las sombras.

Sus dientes son joyas de marfil

y sus manos parecen rosas;

tiene unos ojos mágicos que asombran y deslumbran

y ella toda,

es como una libélula que huye

o un río que se desborda.

no sé si es el temor

que me la roba

o un cielo sombrío que la guarda,

ello es que siempre sola

la descubro,

y cuando trato de atraerla a mi dominio

se encoleriza como una loba;

y de mis artificios

vencedora

me contempla sonreída mucho tiempo,

y luego, cual una frágil ola,

parte dejándome aterido sin saludarme a veces

 y otras,

dejando que me digan la punta de sus dedos

lo que sólo en la oscuridad confía a su alcoba

en un derroche de delirio,

cuando la media luna por sus jardines ronda.

Y sin embargo,

cuando en las cimas nace la aurora,

me advierte en las nubes que se deslizan ledas

y el encanto de las alondras.

Tengo una novia

trigueña y silenciosa

que me ama en la sombra.

 

 

LA PRIMA LEJANA[13]

 

Abrí tu mensaje, como suponías, con las estrellas.

Contemplaba el crepúsculo

y el destino sonrió para decirme

que tú no me habías olvidado.

Volví a verme contigo

en el patio

de nuestra humilde casa pía,

entre los nardos

que daban a la habitación

donde pasamos juntos muchas veces

dichosas horas de regalo.

A veces leías;

a ratos,

te ponías, por elegancia, indiferente,

y cuando eras mía,

yo me abismaba en tus ojos oscuros

y te oprimía, en silencio, la mano.

En noches,

a la luz de la luna,

hablábamos;

y tú entonces, entre los entreabiertos botones,

parecías un pájaro.

Hoy solos

y lentamente

caminamos;

el sol se extingue en el poniente turbio,

y estos recuerdos sólo viven en nuestras mentes locas

y en el pasado.

 

 

LA VOZ DE LA AMADA[14]

 

Te quiero porque eres el más atrevido de todos.

¿Un mordisco? ¿No ves?

Los otros me han traído flores pero la huella de tu uña está latente aquí en mi nuca.   

El ‘tómame’ de mi existir tú lo trasluciste primero que nadie.

Te reíste de mi piel fría;

cantaste una copla cuando oíste decir: su alma marmórea, su corazón marmóreo.

Yo sonreía, pero tú reíste a mandíbula batiente del teatro entero.

¿Y aquella vez que te llamaron loco?

Yo decía magnífico y ante el oleaje de los ilustres rostros brotados,

te contemplaba,

tomaba con la imaginación tu fusta

y tenía para el hombre libre una corona de deseos ardientes.

Quema todos tus versos y póstrate ante la estatua hirviente de tu propia vida.

Rey de reyes:

Te amo por lo que eres ignorado.

Tu solo gesto será la sola lumbre de futuro.

 

 

 

ORIFLAMA[15]

 

¡Fue un milagro que yo durmiera anoche!

Sabiendo que la habían casado con otro,

que se entregaría a otro,

que sería eternamente de otro...

¿Qué iba a hacer? Cualquier súplica

sangrante o emotiva

iría a caer donde va a parar todo. Ella misma sucumbirá no muy tardado.

¡La pobre!

¡Cuán presente me habrá tenido!

¡Qué de tormentos contra mi faz que es como la luna!

 

(Debo verlo como una necesidad

y no torcer el rumbo que llevo).

 

 

EL PASADO[16]

 

La pálida niña de antaño,

la novia de cuando yo era un niño;

la de las trenzas rubias, de las retinas garzas

me ha escrito.

Ya no es la candorosa niña de los ojos bajos

y de los súbitos gritos.

De ayer a hoy, el tiempo los dulces ruiseñores

de su mente ha transformado en vampiros.

E inútilmente no pasan los años.

¡Yo ya no soy el mismo!

Ya no voy a correr en las mañanas

en busca de algún nido

por la selva azul,

y hasta los malabares prefiero a los lirios

por no marchitarse tan pronto.

¡Y si alguno me engaña ya no lloro,

sino sonrío!

He aprendido a esquivar los más arteros lazos

Y he aprendido

a sofrenar el corazón a veces...

Y hasta a limitar el infinito!...

 

 

MAFALDA[17]

 

¿Habéis visto una rosa cuando comienza a abrirse

feliz por el rocío, la paz y el tibio sol

risueña sonreírse

presa a la vez de anhelo, de júbilo y temor?

 

Pues converged la vista por el brismal camino

y la veréis allí

clavadas las pupilas en el azul divino

haciendo del pasado, presente y porvenir.

 

En sus dorados bucles luce una flor y lleva

un traje verde tierno matizado de azul

que su ser más eleva

a la mansión del beso, del trino y de la luz.

 

Es casta, ingenua y ágil como quien tuvo pura

sólo una inquietud que le inundó la faz

de un rubor que aún perdura

carminando y ungiendo sus mejillas al par...

 

A veces una duda falaz la martiriza...

Mas, cuando llegue él

le ofrendará amorosa su más blanda sonrisa,

cediéndole las manos o los labios, tal vez.

 

 

BEATRIZ[18]

 

Nos servían helados

candorosas niñas

vestidas de blanco.

 

Las señoras sonrientes

hablaban de sus peregrinaciones

a un país lejano.

 

Un ramillete de galanas rosas

se marchitaban por olvido

sobre una consola de mármol.

 

Rondaban por el tranquilo cielo

una paloma con su palomo al lado.

 

El parque y el vergel se estremecían....

 

Entonaba el ambiente

como un aroma vago...

Unas muchachas desvaídas

en una charla que se desvanecía en la confidencia

turbaban la monotonía del ocaso.....

 

De improvisó llegó una joven

que debió tener luto fresco

pues hasta tenía húmedas las manos.

 

Parecía un personaje de novela

y era sólo una virgen de veinte años,

que al decir de sus demás amigas,

nunca había amado.

 

 

INTERROGACIÓN[19]

 

Esta joven

antes de ser mujer era una niña

que no tenía escrúpulo de mí.

Saltaba la cuerda en mi presencia.

Siempre al verme llegar corría

a pedirme cuartos para caramelo.

A veces me guardaba café,

y hasta recuerdo que en días de pesar

por no escuchar los reclamos de mi corazón,

yo la saltaba sobre mis rodillas.

Ahora tan sólo me acierta a mirar,

finge no verme y cruza,

sin decirme siquiera adiós.

No sé lo que yo le habré podido hacer.

Creo que siempre he seguido siendo con ella igual.

Ah, ya sé: piadosas amigas

le habrán dicho que debe huir de los hombres.

 

 

CIMA[20]

 

Hoy martes

recibirá mi carta,

ella que es tan cordial amiga.

Sé de los comentarios antes de la lectura.

Pensará en el ‘ausente’

y tendrá para el amigo del amado

un elogio entre dientes acompañado de una mansa sonrisa.

Sonreirá como las princesas de los cuentos de hadas cuando están tristes.

 Ya veo en su rostro perlas y júbilos mudos que son lágrimas.

¡Si el vaho de las montañas pudiera hacerse sílabas

y cupieran en los interregnos de las letras

un poco de sol

y un poco de aire!

A lo menos debí remitirle una madreselva del campo,

o ponerle al pie de mi firma

las iniciales de mis dos poemas más ilógicos:

llevo el alma dormida como un remanso;

mi musa futura, bella en la oscuridad del amanecer.

 

 

HIMNO DE GRACIAS[21]

 

Me hace falta una dulce Julieta

Que me diga con trémula voz:

‘Oh poeta,

compartamos ternura y dolor’.

La mujer de hoy en día me aterra.

En el siglo pasado nací

para en guerra

con el siglo presente vivir.

No es un ansia febril que me mueve

a buscar una dulce beldad,

sino un leve

sentimiento de amor y bondad.

Ya presiento mi triste partida,

y quisiera poder compartir

esta vida

con un alma inocente y feliz.

Unos van tras un mago zafiro,

otros marchan de glorias en pos;

yo suspiro

¡por amor, por amor, por amor!

 

 

LA LEVE CANCIÓN[22]

 

Me empeño en ser tu dueño,

a más de por bella,

porque Dios te hizo casta

y a la castidad siempre

le rendí culto.

Aspiro más que a amante

a ser tu confidente

para saber por qué te pones roja

cuando a solas te hablo, y por qué pálida

cuando la tarde aléjase. Quisiera

que tú me confesaras una noche

por qué estás triste cuando al lado mío,

miro el cielo primero para verte,

y luego le hablo a mi alma para hablarte;

y después, cuando apártome de ti,

llevando el corazón en una mano,

y la frente en otra,

tras las enredaderas y los jazmines

que cubren tus balcones

advierto tu semblante, triste, triste.

Tú tienes la nostalgia de la fuente,

la infinita tristeza del crepúsculo,

y es tu vida muy diáfana. Azahares

tan sólo en tu camino se han abierto.

¡Yo seré en tu camino

el pájaro que canta!

 

 

 

EL ECO[23]

 

Tus ojos extasían,

tu carne huele a flor:

quien sea timorato

que no escuche tu voz.

 

La magia de las yeguas

posees y el ardor:

quien sea timorato

que no escuche tu voz.

 

Al pasar electrizas

y haces rabiar de amor:

quien sea timorato

que no escuche tu voz....

 

 

SIESTA[24]

 

La negra de los dientes blancos

me ha prometido

darme una cita junto a los naranjos

a la hora de la umbría,

en el momento en que gorjean los pájaros.

 

Se fue por la avenida de las acacias. Y en tanto

que unas cotorras la empalizada brincan

y ella por el andén se va alejando,

por mi memoria cruza

la visión de otro cuadro,

vivido hace unos meses

en el campo.

 

La quietud y el bochorno

me van amodorrando,

y ya siento en mis manos su cintura

y en mis labios sus labios;

tiemblan cual uvas sus morados senos;

y como un tronco al cual ya ha herido un rayo

cae su cuerpo por tierra, y en el bosque

los ruidos cesan por un rato.

 

Y ya desvanecido aquel mal sueño,

con los ojos fijos en el término vago

continúa mi impiedad, indiferente

como si nada hubiera pasado.

 

 

ROSA, EL POEMA DEL AMOR ANTILLANO[25]

 

El Mercado de Santiago entre risas;

el aguacate,

los limones,

la piña,

el ajonjolí,

los melones,

el maíz tierno y el almácigo fuerte;

la zanahoria, los rábanos, el pimiento;

la berenjena tinta y la yautía con matiz de auyama;

la cabra que cura la fiebre

el romero que nos vuelve los ojos nuevos desde la madrugada;

la ‘flor del sol’ que recuerda a las mujeres el baile del merengue

y el queso que revoluciona la chicas hacia la miel de abejas.

 

Ya está Rosa que llegó de Canca;

Canca es una aldea de Tamboril

que acostumbra mandar al pueblo hembras con los ojos húmedos:

El traje está hecho a expensas de rosas grandes de un rosado subido;

no faltan los aritos,

las pulsas

y el sombrero…

Rosa tiene unos dientes que parecen de leche de cabra;

los ojos simulan rubios de tanto que brillan;

la muñeca es breve,

las cejas son de terciopelo;

el cabello torna ser sedoso y rizado a un tiempo.

 

Rosa no ha llegado al pueblo para que ‘La Joya’ se la trague;

sí, parece de la madera

de correr al galope sobre el lomo de todas las joyas.

 

Rosa gruñó al hablarme;

Rosa mostró disgusto cuando le hice varias incisivas preguntas.

 

Por unos instantes entornó los ojos como si quisiera llorar;

breves segundos estuvo fijo de unos arrieros que pasaban.

Pero, ¡Oh cabriola del invierno o Samatén del Trópico!

Rosa entre desdenes y esquiveces,

me ha sonreído.

¡No puedo deciros la lumbre de sus ojos a lo que me supo!

Sentí como que descolgaban la Iglesia Mayor a repiques seguidos;

¡mareé de tan feliz!…

 

Rosa, Rosa, le dije, dame un gancho.

Apareció un vendedor de pozuelos:

‘El café de los dos’, pensé.

II

 

Tengo a Rosa de edecana en mi casa desde hace tres días.

¡Con cuánto cuidado plancha mis camisas!

¡Cómo se enfada cuando mi voz se torna seca!

¡Cuánto júbilo cuando le ordenan que me sirva mi café el primero!

 

III

 

He enfermado;

y Rosa, al endulzarme el té de ‘yerba buena’,

ha volteado la cara al otro lado…

 

IV

 

El hijo de Rosa está grave.

Rosa ha tenido que partir al campo.

Por más de quince meses

huyó Rosa del mapa de mi vida.

 

V

 

Hago la obligada espera en una oficina.

De improviso, es la misma Rosa que me mira y que me habla.

 

VI

 

Las uñas están más cuidadas,

el pelo es liso,

el túnico es de un matiz de rosa pálido.

 

VII

 

Rosa está en la ciudad y parece que nunca ha ido al campo.

 

VIII

 

Hablamos de volver a vernos,

pero el destino es cruel con nosotros.

Por más que nos empeñamos y nos esforzamos, ni sombra

del uno puede intentar jamás palpar el otro.

 

IX

 

Mi vida toma un tinte sombrío.

Por los cerros de mi ideal

pasa, huracanado, un viento de tragedia.

Toso muchísimo en la noche

y voy adelgazando con rapidez.

 

X

 

La palma de nuestras manos se ha tocado entera;

sentí que la voz se le puso triste

y se marchitó de arrobamiento su cuerpo.

 

XI

 

(Ahora sí es verdad que ella me ha presentido,

y yo que tuve su sonrisa por un mohín inútil,

y yo que me figuraba que el agridulce de sus ojos era

inofensivo como la llamarada del sol sobre el agua).

 

XII

 

Ya su sonrisa cobra aires de bandera al sol.

 

XIII

 

‘Como tú quieras. Siempre que tú quieras’.

 

XIV

 

‘He andado demasiado…

¿Por qué me llevaste tan lejos?

XV

 

‘¿Alguien te dijo alguna vez que yo era poeta?’

 

XVI

 

‘Seamos libres como la noche’.

 

XVII

 

‘Confundámonos como el polvo y el viento’.

 

XVIII

 

Rosa es de pasta tierna;

su voz crepuscular es dulce.

es fogosa como una ráfaga,

pero a un tiempo es humilde.

la ciudad se ha quedado al margen.

Toda la moza en cuerpo y alma pertenece al campo.

 

XIX

 

Toda la prima noche del 24 de diciembre

tuve la impresión de estar en el campo.

 

XX

 

El aire que respiro es perfumado;

tengo jazmines entretejidos en los dedos,

y un cansancio de rosas desmayadas

en los sentidos y en los huesos.

 

XXI

 

Rosa, iba a hablar… y comprendí que era innecesario;

y ahora te sonrío por entre los recuerdos.

 

XXII

 

Rosa, Rosa ¿estamos en noviembre

o en mayo?

 

 

ESTELARES RUTAS

(LA INENCONTRADA SURGE)[26]

 

I

Y seré, y vuelvo a ser…

Y seré, y vuelvo a ser…

¡Oh, amada: por ti mi rosal ha despabilado sus estrellas!

Sólo a tu conjuro la noche me ha soliviantado en su ancho océano…

Me interné en la infancia;

entré y salí del alba de la muerte

¡por ti, y sólo por ti!

 

II

 

¡Oh, amada! el día que te desmayaste en mis brazos;

abril era, la felicidad había estremecido mis ámbitos,

y mi corazón no lo advertía.

(Todavía tengo el corazón inflamado

y un sahumerio de lilas que me cala el ser todo entero.)

 

III

 

Parece que te he visto

porque hoy al despertar

me ha sabido a azucena la brisa.

 

IV

 

Única, tenías que ser así, única;

misteriosa y altiva;

risueña y triste;

esclava de mis ansias;

reina de mi ser;

mía en el día que se agita;

mía en la noche que renace;

mía en el alba que despierta;

mía en el crepúsculo de la raza futura que aún no ha germinado;

¡mía, mía, mía!

¡mía hasta antes de nacer

y hasta más después de morir!

 

V

 

Cuando me ibas a mirar te sonreías

y cuando te besé por primera vez lloraste.

¡Oh, el dolor del beso primero!

¡Oh, el martirio del beso primero!

¡Oh, el infinito gozar y sufrir a un tiempo del beso primero!

 

VI

 

Ya en tu patio los rosales no dan rosas sino estrellas.

No lo dudes: ‘me amas’, ‘me amas’, ‘me amas’.

 

VII

 

Y si no me amaras, ¿qué sería del orbe?

¿Y del pájaro solitario en la rama?

¿Y de la pobre onda líquida cuyo equilibrio es su desequilibrio?

En ti laten causas de mundos;

pero te vistes de levedad

para que te ignore hasta el átomo.

 

VIII

 

¡Oh, amada!, la que te me ocultabas

a cada paso del camino,

a cada sinrazón de la jornada,

y que ahora,

inesperadamente,

me vuelves de niebla los pies y las manos.

Y junto a ti estoy siempre,

a despecho de la vida,

del porvenir

y del pasado.

 

 

EN EL ÁLBUM DE UNA NIÑA DE SAN FRANCISCO DE MACORÍS[27]

 

Niña alada;

oye, niña alada:

las flores piensan

y los recuerdos en las praderas de asfodelos hablan.

 

Tu niñez es promesa

y tu candor confianza;

tú, que restaste una noche al sueño

para cubrir con un fulgor el alba;

tú, hondonada en el pelo;

tú, rocío en la palabra;

pies que al pisar presienten;

alma, gala del alma.

 

Niña alada;

oye, niña alada:

las flores piensan

y los recuerdos en las praderas de asfodelos hablan.

 

 

VERSOS DE AMOR Y DE MISTERIO[28]

 

En todas las horas de la ausencia mis manos

te tomaron la nuca,

te oprimieron los senos;

palparon el más desnudo tacto de tu boca,

naufragaron en la lejanía de tus ojos…

 

Tan mía como fuiste;

y sin embargo

por tu ausencia,

inexplicablemente,

junto a la soledad,

¡cuán poco mía!

 

Me dormía con tus piernas oprimidas

junto a los brazaletes de mis manos;

sentía el dulce rumor de tus cabellos

y hasta el eco de tu mirar lejano.

 

Después, al despertar me bebía el alba

y veía una cana de mi cabeza,

la última,

gemir de dolor entre tus dedos.

 

 

AZULEJOS[29]

 

Tan triste que eras cuando niña

y ahora tan lúcida que te ve mi pena.

Muchachita que trajeas de luto,

yo distingo el azahar de tu corpiño de encaje,

que me perfumaba el perfume…

Por la calle 19 de Marzo vivías

y ahora se encuentran nuestros pasos por la calle 19 de Marzo.

Dirás que a mí las confidencias no me lucen

y te diré que no me luce ni siquiera el silencio.

Nuestra conversación por lo general es trivial,

pero yo recojo en tu sonrisa de ayer,

tus palabras de ayer, de hoy y de siempre.

Muchachita no te dejaría mentir

si un día quisieras entrever

por qué nunca me caso.

 

 

BRIZNAS DE LA COLINA[30]

 

I

 

Quisqueyana, déjame besar los vellos de tus piernas;

déjame inundar la inédita vía de tu anhelo…

Mujer de los arqueados ojos

y las crispadas manos:

sosténme en el torbellino de mis aspiraciones y mis deseos;

cunde mi plectro con la suavidad de tus manos

y reverdece con tus palabras el apagado cenit de mi anhelo.

Mujer, mixtura de infinito

y de llanto:

comprende a tu hombre triste, salmodia a tu muerto,

y coge al vuelo la paloma de los pies y de los ojos alados.

…Calló la voz

y el crepúsculo se derramó en cadencias

sobre las puertas sin forma de lo desconocido.

 

II

 

Venía un vals lento.

Todo el mundo callaba en la aldea.

¿Si la música se parecerá a la muerte?

 

 

EL GUANAL[31]

 

Dulce niña amada de los ojos negros,

la miel en los labios y el alma en la voz:

ya no me consuelas en mis horas tristes

ni en la noche vienes a hablarme de amor.

Musitaba en silencio el pobre hombre

y ni la brisa a ras del horizonte,

ni el sol,

ni las tenues perdices

calmaban el hambre de su pecho.

El cielo mentía un agujero claro,

y las sombras de los distantes árboles

daban a la aurora una quietud crepuscular de marasmo.

 

Hoy, al través de catorce o quince años,

el hombre sigue triste,

musita en silencio la misma canción,

y la misma inquietud de aspiración

corroe sus entrañas y su pecho.

 

 

DESASIMIENTO[32]

 

Era blanca

y me perseguía;

era pálida

y me perseguía;

era casi diáfana

y me perseguía.

Mujer,

¿no sabes que ya yo he olvidado la vida?

Mujer,

¿no sabes que ya yo he trocado mi corazón por un cayado?

Mujer,

¿ignoras que hasta la lumbre de mi sentir se ha desvanecido?

 

 

      ÓLEO   

(A LA MANERA ANTIGUA)[33]

 

La niña de la pampa,

la flor del tabacuelo;

el bucle en onda corta;

el mirar, riachuelo.

 

La faz canela brava;

el pecho jardín ancho;

visión de un sueño esclava;

nitidez en el rancho.

 

Amor tocó a su puerta.

Canción sonó en su oído.

La esperanza en el viento.

Polen de alba en el nido…

 

En tanto, cuatro o cinco

nubes por el andén

revuelan con ahínco

sobre la tarde sen.

 

 

MAESTRA[34]

 

Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera,

su humo de sol,

su organillo de pájaro…

Háblanos del plátano que rezaba a la sombra

y del guineo que amarillaba junto al oreganito.

Del maizal que nos confirma que en América

no es exótico ni lo rubio ni lo negro.

Maestra, no te muestres tan distraída ante tus parroquianos hombres…

Piensa que ser mujer,

y mujer con m minúscula,

es de todas las cosas lo que en verdad te importa.

Trocar los sexos, ¿y con qué objeto

siendo como eres en realidad, de un sentir prolijo y tierno?

Así: minuciosa, sensible y sumisa

te soñó mi egoísmo,

y te anhelan mis hijos que están en gestación desde la infancia.

 

 

INDIA[35]

 

India, desde la cabeza hasta los pies,

in – dia;

debí decir mestiza

pero ya ves, escribí india

y no me arrepiento:

a veces la salvación de un porvenir está en el pasado.

No sé si vienes de Boyá

donde se consumió la indiada nuestra,

o de Enriquillo

donde se sublevó el cacique que enarboló ese nombre.

Con la tristeza de tu mirada

y la majestad de tus senos

yo estoy comulgando horizonte arriba…

(¡Oh, tú que viniste a mí con la nostalgia del otoño

y la reciedumbre de la primavera!)

En mí estabas buscando un hijo que tal vez se te había perdido

o el primer varón del orbe que se había de tus sentidos eclipsado.

 

Me sonreías de soslayo

y me lanzabas responsos de diatribas.

Ahora, ya ves, yo me he alejado…

Y he dejado el presente a tus pies como una cosa muerta…

Seguiré en mi afán de realizar a América;

aunque ya no con la voluta de la caricia

ni en el volcán de la sangre,

sino en este vislumbrar de rey vencido…

(Trescientos siglos diluidos en cuarenta y cuatro años)

 

¡Oh, Mujer! qué remoto debiste verme,

con mis zapatos viejos,

mi sombrero deteriorado,

y mi doliente afán de ajuar antiguo…

¡Qué soso te debí parecer siempre

con mi alocado afán de futuros inéditos!…

 

 

ESTÉRIL[36]

 

¡Oh tú, vagabunda! con quien me di el abrazo en el río,

no te engañe el lucero del alba,

no te engañe la luna de Julio,

no idolatres la gasa del monte

ni profieras: ‘La Patria es mentira’;

yo alenté tus primeros impulsos,

gasté en plata tus rútilas perlas,

he incendiado las aguas de instinto,

como he constatado en un rapto de suprema constancia

la terrible igualdad de la risa, de la sal, de la sangre y el agua.

Vivo yo, debes creerte que he muerto;

muerto yo, debes mirar que vivo

hecho miedo en tu risa de histérica,

hecho espasmo en la simultaneidad de la muerte y la vida!

 

 

 

TREINTA AÑOS[37]

 

Es verdad que no era la misma;

pero era ella misma:

sus fragancias quedaron en mi alma

pero su alma

era la misma alma

hermana de mi alma.

 

¡Tulia; Tulia! -Grité desde el Emparrado de Bella Vista,

y ahora la encuentro menguada por los años.

Es la madrugada,

y mi sangre se agolpa en un anhelo de resurrección;

pero la busco, la busco y no la encuentro.

¡Será por ventura la vida

un hálito que se apaga en el tiempo?

¡Jamás!

Tulia es siempre Tulia

y yo continúo siendo el mismo.

 

II

 

Amémonos más allá de la muerte;

en la eternidad y más allá de la eternidad.

             

 III

 

¡Acaso Dios nos dejó en la tierra

para cruzarse de brazos ante el destino de los hombres?

Irrumpamos sobre el destino de las cosas,

y conquistemos de nuevo la vida.

 

 

 

 

 

_________________

El lector advertirá en este poema que la primera estrofa tiene 6 versos, los dos primeros terminan con la misma y los cuatro siguientes con alma. No es frecuente este hecho en la obra de Moreno. Luego aparece una mujer llamada Tulia, amiga o amante del poeta, pero esta ha envejecido y él intenta reconocerla, pero no puede, y al fin concluye que la vida no se apaga con el tiempo y uno siempre es uno mismo. En los dos apartados siguientes, ya el poeta no habla de aquello sino que filosofa al margen sobre hechos generales, habla del amor más allá de la muerte y de la eternidad misma y concluye preguntando a Dios si ha abandonado a los hombres, no obstante, si eso ha ocurrido, nos invita a que conquistemos de nuevo la vida. Este poema ilustra bastante lo que es el postumismo de Moreno Jimenes, como ya hemos visto más arriba.

 

NOTAS

[1] Promesa 1916 (Pág. 20 de Las Obras). (1913)

[2] Promesa 1916 (Pág. 28 de Las Obras). (1914)

[3] Promesa 1916 (Pág. 32 de Las Obras). (1914)

[4] Vuelos y Duelos 1916 (Pág. Pág.41) (1915)

[5] Vuelo y Duelos 1916 (Pág. 45 de Las Obras). (1915)

[6] Vuelos y Duelos 1916 (Pág. 45 de Las Obras). (1915)

[7] Vuelos y Duelos 1916 (Pág. 48 de Las Obras) (1916)

[8] Vuelos y Duelos 1916 (Pág. 56 de Las Obras) (1916)

[9] Psalmos 1921 (Pág. 71 de Las Obras). (Letras, 14/7/18)

[10] Psalmos 1921 (Pág. 72 de Las Obras) (1818)

[11] Psalmos 1921 (Pág. 72 de las Obras) (Escrito en 1917, Letras 18/8/18)

[12] Psalmos 1921 (Pág. 79 de las Obras) (Letras 20/10/19)

[13] Psalmos 1921(Pág. 80 de las Obras).(Lettras20/7/19)

[14] Diario de la Aldea 1925 (Pág. 109 de las Obras).

[15] Decrecer 1927 (Pág. 117 de las Obras).

[16] Decrecer 1927 ( Pág. 117 de las Obras).  (1918)

[17] Decrecer 1927 (Pág. 118 de las Obras).  (1918)

[18] Decrecer 1927 (Pág. 119 de las Obras). (1919)

[19] Decrecer 1927 (Pág. 120 de las Obras). (1921)

[20] Decrecer 1927 (Pág. 122 de Las Obras).

[21] Días sin Lumbre  1931 (Pág. 141 de Las Obras).  (1917)

[22] Días sin lumbre 1931 (Pág. 141 de las Obras). (1917)

[23] Días sin lumbre 1927(Pág. 144 de las Obras). (1918)

[24] Palabras sin Tiempo 1932 (Pág. 172 de las Obras). (1919) (Día Estético No.7, 1929)

[25] Embiste de Razas 1936 (Pág. 198-201 de las Obras).  (1935)

[26] Sentir es la Norma 1939 (Pág. 214 de las Obras).

[27] Sentir es la Norma 1939 ( Pág. 216 de las Obras).

[28] Sentir es la Norma 1939 (Pág. 216 de las Obras).

[29] Fogatas sobre el Signo 1940 (Pág. 217 de las Obras).

[30] Fogatas sobre el Signo 1940(Pág. 218 de las Obras). (1933)

[31] Fogatas sobre el Signo 1940 (Pág. 220 de las Obras).

[32] La Religión de América 1941 (Pág. 234 de las Obras). (1938)

[33] La Religión de América 1941 (Pág. 235 de las Obras).

[34] La Religión de América 1941 (Pág. 236 de las Obras).  (1938)

[35] La Religión de América 1941 (Pág. 236 de las Obras). (1938)

[36] Canto al Atlántico 1941 (Pág. 243 de las Obras). (1932)

[37] Santa Berta y otros poemas, 1959, (Pág. 296 de Las Obras).

 

ANTOLOGÍA POÉTICA AMOROSA DE DOMINGO MORENO JIMENES
Primera edición, 2005
© Manuel Mora Serrano
Editorial Gente
Hecho e impreso en República Dominicana.

 

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