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alfredo fressia

 

El poeta sabio

Álvaro Ojeda

Toda composición poética es un ejercicio de control. Se controlan emociones y palabras. La obra en apariencia más desmesurada, esconde un pulso firme, cierta proporcionalidad oculta y una búsqueda apasionada de la concisión. Si el poeta opta por una forma poética estricta, la esclavitud elegida liberará al lector, como ocurre con este libro.

Nacido en Montevideo en 1948 y radicado en Brasil desde 1976, Alfredo Fressia había reunido su poesía en el cultísimo poemario Eclipse de 2003, mostrando un discurso poderoso y elocuente. Su nuevo poemario, Senryu o El árbol de las sílabas, abunda en una brevedad  tomada de la literatura oriental, retocada con pizcas del estuario montevideano y con cierta tristeza del exiliado, de cuño latino.      

Fressia detalla en el prólogo: “Este libro está formado por cien poemas breves, de tres versos cada uno. Son piezas de exactas diecisiete sílabas poéticas y en el mismo orden de los haikus: un primer verso de cinco sílabas, el siguiente de siete y el remate de cinco sílabas otra vez. Ya se sabe, el haiku es la flor rara del árbol y, si canta, es la rara avis. ¿Encontrar un haiku en el árbol de las sílabas se aproximará al hallazgo de la perla en la ostra?”

La pregunta no es retórica porque consagra a la poesía como hallazgo y como tarea del tiempo,  como perla de la espera que asoma en ciertos sonidos y en su medida exacta. 

No obstante la igualdad formal con el haiku, el senryu se permite y permite otras libertades. No necesita remitir obligatoriamente a la naturaleza o a cierta estación del año, puede ser reflexivo desde la intimidad más o menos velada del poeta, o humorístico, o discretamente elegíaco. El senryu habla desde una brevedad engañosa y contradictoria, la contradicción del decir completo pero reticente. Su pequeña historia fluye hacia los ojos del lector como un río que él mismo reconocerá porque lo ha recorrido largamente. El poeta sólo lo dibuja por medio de diecisiete sonidos sin otra pretensión que desafiarse a sí mismo señalando una ocasión, una silueta, una pincelada.

En los textos pueden encontrarse algunas obsesiones temáticas del poeta. Una de ellas es la reflexión filosófica a partir de un casi inocente juego de palabras.

“Un buey contiene/ en sí a todos los bueyes./ ¿Qué hay en un hombre?” Otras veces la paradoja radica en una descripción sencilla y lineal que sorprende al lector como una cuchillada. “Es un caballo/ -es todos los caballos-/ y no relincha.”

En algunos senryu el poeta recurre a viejos tópicos de la poesía, para señalar con l a ausencia del contrincante, el martirio de la soledad: “Juego al ajedrez/ largas noches de invierno. / No sé con quién.” El lector podrá colocar en esa ausencia el espectro que desee. A veces el poeta no deja lugar a suposición alguna: “Ese es mi hijo/ ¿lo ves? Nunca nació./ Espera en vano.”

Otra serie de senryu podrían referirse a un tema recurrente en la poesía de Fressia, el exilio. En concreto esa suerte de ingravidez que inhabilita y enmudece pero que no asegura separación final de la patria. Un eterno parto que obliga a retornar a un útero amargo y amado. Esta trilogía  describe un futuro incierto: “Hasta mi casa/ desde Montevideo/ será una vida,”    

Enuncia un presente inevitable: “Hasta mi casa/ desde Montevideo/ hay un océano.”

Proyecta un viaje ominoso: “Hasta mi casa/ desde Montevideo/ dura la muerte.”

Luminosos y sorpresivos,  como peces que saltan desde el mar y brillan un instante al sol, algunos haikus muestran la maestría del poeta en esa consolidación del momento fugaz. Esa especie de pre fotografía que la literatura japonesa enseñó al mundo.

“Árbol o espectro,/ te embalsamó el otoño/ de oro, aserrín.”

En otros senryu la alegoría de la ostra y su secreto, aluden a un arte poética esbozada: “Tiempo de perlas./ La eternidad del mar/ pesa en la ostra.”

No obstante, hay lugar para el humor en esta brevedad. Como otro Onetti intemporal escribe Fressia: “Más de cien víctimas/ componen la hecatombe./ Treinta y tres gauchos.”

[Sobre Senryu o el árbol de las sílabas, de Alfredo Fressia, Linardi y Risso, 2007, 110 páginas.]

 

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