Jornal de Poesia - Banda Hispânica
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luis javier moreno

 

ACERCAMIENTO A ROTA, DE LUIS JAVIER MORENO

David Cortés Cabán

Rota es la ciudad que persiste en el paisaje real y en el imaginario que funda su  presencia luminosa en la vida del poeta Luis Javier Moreno. Una imagen que muestra la interioridad del poeta más allá del desamparo o la soledad o la insinuada felicidad que pudiera encontrar en la contemplación de la ciudad. En la naturaleza de este lenguaje poético el hablante nos descubre sus vivencias, sus recuerdos, sus conocimientos de la historia y del tiempo, sus nostalgias, sus soledades y dolencias y, en justa medida, su persistente búsqueda de una palabra que trascienda su propia realidad para describir lo que siente por Rota:

Si estos versos que a ti te escribo, Rota,

(te escribí entonces y ahora te repito

desde la divergencia y mi recuerdo,

de lo que fuiste y lo que llegarías

a ser en el vagar de mi sustancia),

estos versos te digo, tuviesen estos versos

la forma del Atlántico que marca

el Golfo de tu Punta,

harían pie en el sueño, quemarían

los argumentos de los tatuajes

sobre el olor caliente de la plata

y serían sus voces atendidas…

Mas en cuanto el poema se termine

(hacia el blanco calor del mes de agosto)

bajará la marea por la esquina de Rota

y me llevará el día mar adentro,

desde el frescor temprano de las playas,

a donde todo es violento y grande…

Podré, por extensión de la bahía,

medir mi soledad en hectáreas cuadradas.

El poeta insiste en la imagen exacta de las cosas que nombra para hablarnos de su relación con Rota y de lo que ésta significa en su vida. Así va proyectando su propia imagen igual que el tiempo que acontece en la suave luz de la ciudad. Ya de entrada el título mismo sugiere una realidad tangible. Es decir, el contexto real de una ciudad que podemos ver y sentir al caminar por sus calles. Una ciudad que se transforma en la particular expresión de un sentimiento y una actitud hacia la vida. Por eso, la mirada del poeta convierte el instante de esa contemplación en una experiencia única. Como ha señalado el poeta Felipe Benítez Reyes: “el poema es como quisimos que fuese, la traducción literal de unas intuiciones”. En la naturaleza de esas intuiciones encontramos al poeta. Rota es la memoria que lo sostiene para salvarle del olvido. Una imagen que persiste como una alianza secreta. Y en esa alianza, motivo esencial de sus versos, encontramos la armonía que particulariza la geografía y la belleza de esta ciudad, y también la razón del poema. El verso que abre la segunda estrofa, “En el silencio azul de los abismos…” que tan acertadamente ha señalado Benítez Reyes, más que representar la presencia de un mar real, refleja la infinitud de la creación misma, una conciencia del tiempo y del lenguaje. Un lenguaje que fija además una imagen de la carencia del escritor ante el misterio de la creación. Y si Rota se le revela en toda su plenitud, la fidelidad que por ella siente se convierte también en una reflexión sobre su propia vida. Pues Rota representa además una concepción del mundo y la belleza, un paisaje donde el poeta reflexiona acerca de la expresión poética. De ahí que la historia de la ciudad se le presente como a través del tiempo, sumida en una visión incierta del futuro:

EN LA MEDIDA SOLEDAD del Golfo,

un disparo en el agua confirma la arrogancia

de tus últimos dueños (¡Rota…!),

de sus albas pulidas, más pulidas

que un esqueleto blanco de ave blanca…

Sin duda se aproximan días duros

en que naturaleza y arte pugnen

más…

Más sobre el lienzo en que comienza el día,

como si sobre el mar no descansara

la espesa densidad de la madera.

En Rota el poeta parece sentirse poseído por una angustia existencial provocada por sus experiencias de la vida y sus conocimientos del lenguaje. Por eso, Rota se convierte no es sólo la descripción de un sentimiento o la proyección de unas intuiciones poéticas sino en la expresión personal de quien busca la armonía de la naturaleza en las cosas que contempla y transforman su universo poético.

ES INVIERNO; envejecen

las flores en las flores…

Quisiera, Rota, hablarte con palabras

que te consuelen del padecimiento

de ser el trueque de mi servidumbre:

nuestros encuentros no son algo oculto

(hasta un cierto momento,

ya nos hemos contado nuestras vidas)…

Yo era un recién llegado aquí, un extraño

no empadronado nunca en ningún sitio,

con el viento tirando de mi puerta,

llevándome a la orilla de mi cuerpo…

La sinceridad que cristaliza el aliento y el tono de estos versos nos revela, por un lado, que Rota representa una parte integral de su vida; y por otro, su doliente y secreto mundo. De ahí que Rota también sea una imagen iluminadora de la existencia del hablante poético: “OIGO EL SONIDO de mis propias voces / en el cuarto de  atrás de mi cerebro, / en donde no querría que me vieses caído / esperando a que lleguen mis paisajes, / mi horizonte sin suerte, a rescatarme”, dice en estos versos, y en otros: “CARGADO VOY de bosques extirpados / y de torres heridas y ciudades deshechas…”. ¿De qué otro modo podríamos entender el poema sino situándonos en la imagen y evocación de Rota? Los referentes históricos por un lado; y por otro, la naturaleza, el viento y el azul relampagueante del mar funden la tácita relación que existe entre ambos. Se convierten estos referentes en una metáfora que manifiesta la constante búsqueda de un lenguaje que proyecta la plenitud y la intensidad de esa relación y traza la trayectoria del yo lírico a través de todo el texto: “GOTA A GOTA he quebrado tu silencio / enfrentando a mi alma con tus olas / desde los mismos sitios en que duermen tus pájaros, / cansados de sus alas…”.  No es de extrañar que los elementos mismos de esa naturaleza: el viento o el leve pájaro, la nieve o el florido almendro, la lluvia y, más que todo, el mar nos muestren una y otra vez la presencia del poeta. De ahí que todo lo que concierne a la pompa pasajera de la fama, o al perdurable o fugaz reconocimiento que pueda proporcionar el arte, carece de importancia cuando el hablante fija su mirada en Rota:

Entre tus aguas, mar, todo se ahoga…

¡Qué madurez de tu talento móvil!

Pese a mi antipatía manifiesta,

te reconozco en las literaturas…

Tú sí sabes ponerla a prueba y cómo:

corroes con tu húmedo salitre

sus máquinas precisas de escribir inspiradas,

tan perfeccionadoras del estilo…

Tu marea amenaza bibliotecas,

el entusiasmo de los profesores,

el amargo amarillo de los críticos…

Medidas en hexámetros sus heces

flotan rimadas por tu superficie.

A través de todo el poema Rota permanece como la única realidad que sostiene la vida del poeta, como si la fuerza que animara su mundo proviniera de la historia y la naturaleza de Rota: “...y tu nombre está escrito: Rota, Rota, / junto a los de los montes de la Biblia / donde ocurrieron hechos sorprendentes / exhalando las rosas su fragancia más dulce…”, señala en estos versos, para luego decir:

Vacío de mi nombre, adelanto la hora,

la de la orilla, la del calendario…

¿Si han hecho su trabajo, para qué retenerlas?

¡He recordado tanto aquellas tardes,

muy próximo el ocaso, en que los pájaros

(¿tordos, grajos, jilgueros?) daban giros precisos

sobre los días de mi juventud!

Los pájaros y la lluvia, la luz y el mar transfieren esa sensación íntima de un  pasado donde el hablante poético reflexiona sobre su juventud, sobre el tiempo, sobre el esplendor y la historia de Rota. Una visión que encierra rasgos y situaciones que proyectan su vida. En la imagen de Rota el poeta busca una palabra que satisfaga su concepto de la poesía. Apela a Rota y en ella ve el destino implacable que marca el entorno de su realidad. Y en la misma intensidad de sus versos va reflejando un balance de su vida. Una expresión del amor que allí, frente al paisaje de Rota, amortigua su soledad como la suave lluvia que presencian sus ojos:

Vino la lluvia, se apoyó en mi vida

por la punta de Rota, abrió mis puertas

de cara a su aire libre, me miraba

y yo le agradecía eso invisible

que nunca está en el canto ni los libros

ni acerca su cintura a los recuerdos:

última eternidad del horizonte,

imagen mía de Rota hacia otra página

del poema que escribo acerca del poema 

del aroma de Rota.

En fin, Luis Javier Moreno ha personificado un modo de acercarse al  paisaje y la historia de Rota: una concepción poética del mundo (su mundo) y una manera de sentir la vida y la poesía. Por eso Rota persiste en él como una presencia profunda e indestructible, un sentimiento que cristaliza la armonía de un lenguaje que nos permite acercarnos a su imaginario poético. Y decir con el poeta, antes de que nos abandone el fulgor que se desvanece: “Rápidamente escribo todo esto / antes de que el instante de mi letra / se esfume en el vapor-plata del litio”. 

 

 

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soares feitosa

coordenação editorial da banda hispânica

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