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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Rodolfo Alonso

Collage, Floriano Martins

 

Rodolfo Alonso, poeta y traductor "porteño"

José Augusto Seabra

En la generación poética de la Argentina de mediados del siglo que recién acaba de pasar, agrupada alrededor de la célebre revista de vanguardia Poesía Buenos Aires, una voz sobresalió: la de su miembro más joven, Rodolfo Alonso, cuya entrega total a la misión de poeta y traductor de poetas de múltiples lenguas lo singularizó y universalizó durante sus cincuenta años de vida literaria, que este año se cumplen. De genealogía gallega, de la cual se reclama con fidelidad, este "porteño" nacido en 1934, que habla corrientemente su idioma originario y el portugués, dedicó un especial cariño a nuestra poesía (1), así como a la de Galicia y a la del Brasil, al lado de la atención a la de otras lenguas europeas (española, francesa, italiana, inglesa, alemana). Se enorgullece, sobre todo, de haber sido el primer traductor de Fernando Pessoa, en 1961, antes aún de que Octavio Paz lo diera a conocer en México. Y vertió al castellano otros de nuestros poetas modernos y contemporáneos, como Mário de Sá-Carneiro, Adolfo Casais Monteiro, Sophia de Mello Breyner, Carlos de Oliveira, Egito Gonçalves, Mario Cesariny, António Ramos Rosa y Herberto Helder, siendo un estudioso de nuestra literatura y un conocedor eximio de sus lenguajes. Ensayista penetrante, que hace justicia al título de uno de sus libros de crítica, Poesía: lengua viva (1982), Rodolfo Alonso fue siempre un comentarista comprometido de la actualidad literaria, cultural y hasta política no sólo de su país y de las Américas sino de Europa y del ancho mundo, siendo su "palabra insaciable" antes de nada la de la "defensa de la poesía" -títulos significativos de libros suyos-, pero también la de la "libertad libre" que ella supone, como la proclamó Rimbaud, a quien fue comparado por sus compañeros de generación.

Por todo esto, es tiempo de que entre nosotros demos a conocer mejor hasta por gratitud y justicia, la obra de Rodolfo Alonso, que a pesar de tener algunos poemas traducidos al portugués por Egito Gonçalves y que António Ramos Rosa le haya consagrado un luminoso ensayo, publicado como prefacio a Música concreta (2), continúa en el limbo de algunos iniciados, cuando merece una irradiación a la medida de su fulgor y de su rigor poéticos, reconocidos en el exterior. En efecto, como de él escribió el crítico belga Fernand Verhesen, "hay pocos lenguajes, sobre todo en la América hispánica, que sean de tan escrupulosa precisión" (3). Seguir el largo recorrido de este poeta que se mantuvo, a pesar de su creación prolífica, algo discreto y en sordina, es de hecho un descubrimiento permanente, al que ahora, en un contacto más íntimo, nos rendimos con la fascinación de un encuentro imprevisto, que se renueva al frecuentar cada poema, leído y releído, como si fuera por primera vez.

Ya a partir de su libro inicial, Salud o nada (1954), la poesía de Rodolfo Alonso se da como una epifanía, en el hic et nunc de la presencia en el mundo, compartida por el poeta y por el lector:

"hoy estamos aquí contenemos el mundo
rebeldes a la muerte a la resurrección a la palabra",

así comienza el poema "Tierra redonda", en que se exaltan

"nuestras manos que cantan la noche vertical
el sol por tanto tiempo iluminado
la alegría ascendente" (4).

Es la "casa del ser", parafraseando a Heidegger, varias veces citado en sus ensayos por Rodolfo Alonso, que el poeta quiere construir y habitar, de poema en poema. Él concibe y realiza la poesía como "un ejercicio de vida y de lenguaje", que se corporiza en

"la alegría de estar aquí existiendo" (5).

De ese milagro existencial, que es el de la "palabra en el tiempo", de que hablaba Antonio Machado, uno de los poetas más amados por Rodolfo Alonso, emana otro mundo, el cual, como observó António Ramos Rosa, siendo el del poema, no es pre-existente sino coexistente con éste, "una vez que el poema surge como realidad fundadora de un sentido no pre-determinado" (6). Tal como se lee en su libro siguiente, Buenos vientos (1956), el poeta, "habiendo admirado el mundo", puede ahora decir:

"hoy avanzas decidido a tu propio dominio" (7),

sabiendo, como al evocar intertextualmente a Dante de eso muestra tener conciencia Rodolfo Alonso, que

"A mitad de camino, la verdad ya va quedando atrás" (8).

Como Orfeo, el poeta ha de avanzar cantando, para salvar a quien ama, renaciendo de la noche infernal ("en el alba / cantan las manos / de mi amor"), pero a cada paso tiene la tentación, como decía Barthes, de suspender la marcha y de volverse un poco, en una mirada furtiva, a iluminarse en la inminencia de la palabra poética:

"Al borde de decir, como cualquiera,
para que se levante testimonio,
una mirada obliga a detenerse,
en seco,
una palabra arde." (9)

Es esta palabra ardiente la que en su caminar demanda insaciablemente Rodolfo Alonso, pues sólo ella

"abrasa
calienta el corazón
del mundo" (10).

Para el poeta de Hago el amor (1969) -libro al que Carlos Drummond de Andrade dedicó un bello prefacio-, son las palabras las que, enlazándose, deflagran el fuego del amor en acto:

"Estas palabras que oso
convencido inseguro
desesperado tímido
contando con los otros
Estas palabras que uso
abusando paciencias
como quien canta a solas
para romper el fuego
Estas palabras que aman" (11).

Entregándose por entero, aunque "inseguro", al amor de las palabras, Rodolfo Alonso tiene la lucidez del poeta que, deseando "hablar claro" (Hablar claro es otro título sintomático de una colección suya de poemas, de 1964), siente siempre la "carencia" y al mismo tiempo la potencialidad infinita de sentidos del lenguaje: "Las palabras, me descubrí diciendo alguna vez, son aproximativas" -escribe, explicitando el doble significado de la expresión: nunca podrán ellas significarlo todo, imprecisas como son, pero sirven aún así para aproximar a los hombres (12).

De esa ambigüedad intrínseca del lenguaje vive la palabra poética. En el vaivén entre la aridez y la plenitud se mueve su errancia, como si sólo pudiese reverberar, abrasadora, en las arenas desérticas, sin saber nunca si estas tienen un final. Es por eso que el poeta se interroga, en un poema con el título –una vez más dantesco- de "Inferno":

"¿La palabra atraviesa el desierto y encuentra su destino?
¿O viene y va, errante, vestida de sí misma, impotente,
/imposible?" (13).

La contradicción se inscribe, trágica, en el meollo de esta poesía, que está hecha de un cuestionamiento ontológico constante de los opuestos, potencializándose y actualizándose, reversiblemente, en una coincidentia oppositorum, como en el poema dedicado, certeramente, a Ludwig Wittgenstein:

"¿Qué
podría
ser
no ser?" (14).

No admira que, en su concentración expresiva, sea la figura del oxímoron la que, con mayor nitidez, en un centelleo fulgurante, irrumpe en la poesía de Rodolfo Alonso, como el cometa que el poeta icónicamente vislumbra, en una videncia profética:

"Ciego de luz
ve lumbres
en los abrevaderos
del futuro" (15).

En una obra llena de resonancias de un medio siglo de historia, en que resuenan los momentos eufóricos y disfóricos de un tiempo de guerras, revoluciones y contra-revoluciones, totalitarismos de signo contrario, en su país y en el mundo entero, es la luz de la libertad la que de poema a poema de Rodolfo Alonso brilla en las tinieblas, como el "cielo de Buenos Aires" de este gran poeta "porteño".

(Buenos Aires, 2001)

NOTAS
1. José Augusto Seabra (Vilarouco, 1937) es un destacado escritor e intelectual portugués, actual embajador de su país en la Argentina. Exiliado político en su juventud, al recuperarse la democracia fue ministro de Educación (1983-1985), así como embajador ante la Unesco, en la India y Rumania. Poeta, ensayista, catedrático. En 1961 publicó su primer libro de poemas: La vida toda, y a partir de allí dio a la luz una vasta obra, donde resaltan los agudos poemas de Desmemoria y su fundacional ensayo Fernando Pessoa o el poetodrama. Es profesor de La Sorbona y la Universidad de Oporto. Dirige la revista Nuevo Renacimiento.
2. Rodolfo Alonso, Música concreta, pref. de António Ramos Rosa ("Rodolfo Alonso, poeta de la desnudez esencial"), Buenos Aires, 1994.
3. "Hablar claro" con Rodolfo Alonso, pref. a 70 Poemas de 35 Años, Buenos Aires, 1993.
4. Rodolfo Alonso, 70 Poemas de 35 Años, ed. cit., p. 12.
5. Idem, p. 13.
6. "Rodolfo Alonso, poeta de la desnudez esencial", pref. cit., p. 9.
7. 70 Poemas de 35 Años, op. cit., p. 16.
8. Idem, p. 17.
9. Idem, p. 36.
10. Idem, p. 27.
11. Idem, p. 69.
12. Rodolfo Alonso, "Las palabras son aproximativas", in Defensa de la Poesía, Buenos Aires, 1997.
13. 70 Poemas de 35 Años, ed. cit., p. 56.
14. Música concreta, ed. cit., p. 62.
15. 70 Poemas de 35 Años, ed. cit., p. 70.

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